Entrevista con un mendigo

    Un estilo de vida, una realidad dolorosa o simplemente una persona que pide limosnas para vivir. Sin cifras ni juicios, esto es lo que tiene para decir un hombre que ruega por dinero en la esquina de un exclusivo barrio de la ciudad.

Para llegar a La Dehesa, sector oriente de Santiago, hay cuatro entradas. Una de las más utilizadas, y por ende con más congestión a las horas punta, es el puente nuevo, una especie de muro invisible divisorio entre las poblaciones que existen en el borde del río Mapocho y la otra cara de Lo Barnechea, la comuna con más altos índices de desigualdad en el país.

En el semáforo del extremo norte de ese puente se instala todos los días Captain Jack. Ese dijo que era su nombre, aunque físicamente no se parezca en nada a Jack Sparrow de la película Piratas del Caribe. Me habló un par de frases en inglés y me imaginé toda una historia con eso. Pensé que quizás este individuo de unos 55 años había crecido acomodadamente en las mejores calles del barrio y algo terrible ocurrió en su vida que lo llevó a estar mendigando monedas en la luz roja.

Los limosneros, aunque casi nadie hable sobre ellos en conversaciones sociales y sólo conozcamos el nombre de ciertas fundaciones de ayuda benéfica o las nuevas cifras de la mendigos_560x280Encuesta Casen (Caracterización Socioeconómica Nacional), han existido desde el comienzo de la historia y son postal segura de casi todas las ciudades del mundo en la actualidad.

Algunos pasan el día drogados o alcoholizados, otros hacen trabajos esporádicos pero no tienen casa y muchos se encuentran desestabilizados, sin saber qué día u hora es, o derechamente enfermos, esquizofrénicos  o dementes. Y aunque por el contrario, muchos pueden estar bien, para acercarse hay que considerar que su reacción podría ser violenta, pero no es el caso de Captain Jack. Él anda tranquilo, cualquiera diría que le gusta su vida y está conforme con ser mendigo.

Está en su silla de ruedas, le falta la mitad de la pierna izquierda, luce un buzo viejo azul y una polera amarilla que le queda chica. Tiene panza, varias canas chasconas y le faltan dos dientes. Nos ponemos a conversar y resulta ser un hombre de pocas palabras, pero logro hacerme una idea de su vida. No todo lo que dice es coherente pero bien podría estar tomándome el pelo. Noto un leve tono de ironía en sus palabras, quizás porque pensó que seguiría caminando y no me acercaría, o tal vez porque le parece raro que lo hiciera.

Está terminando el verano y yo traigo una botella de agua. Se la ofrezco, la acepta, pero no toma, sino que la echa en un bolso que cuelga de su silla.

¿Qué lo dejó en silla de ruedas?

Fue un accidente laboral, nunca me indemnizaron. A mí nadie me podía devolver la pierna asique me fui. Me ayudaron eso sí. Pero igual ahora trabajo en la calle.

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Foto referencial.

No dice en qué ni dónde trabajaba, tampoco hace cuánto ocurrió el accidente. “Ya se me olvidó el nombre de la empresa”. La luz se pone roja, los autos paran, él avanza por el costado girando su rueda, mientras nadie lo mira a los ojos. El cuarto auto en línea abre la ventana. Yo espero sentada en la calzada.

¿Donde vive Usted?

Por acá, en la población de allá…llegué hace años por aquí, claro que esto era otra cosa antes. No pasaba tanto auto, era tranquilo.

¿Por qué se pone siempre en esta esquina?

Ah, porque esta es la que me queda más cómoda. En la otra hay un colega y la que viene es para los comerciantes. Esta es mía.

¿Viene todos los días a pedir aquí?

No. Si. Pero a veces no puedo, me quedo en la casa porque me está doliendo la espalda. Además acá estoy tranquilo, allá hay mucho boche. Vive mucha gente.

¿Con quién vive?

Con un friend mio y más gente. Él también trabaja en la calle pero no sé dónde anda. No ha aparecido y me debe plata.

¿Y de quién es la casa en que viven?

De otros friends. Yo les pago si, por vivir ahí, pero me están pidiendo más plata, me quiero ir.

¿A dónde?

Guarda silencio un momento.

No…Ya estoy muy viejo para irme a otro lado, me voy a morir ahí yo creo. ¿A dónde voy a ir?

Viene otra luz roja. Captain Jack pasa auto por auto sin prisa, esta vez dos personas abren sus ventanas y para la próxima nadie lo hará.

¿Cuánto dinero reúne en un día?

Poco, pero me alcanza. Es que es variable. Money, Money, Money. Hoy me ha ido mal.

En internet no sólo está lleno de historias sobre mendigos que reúnen al mes mucho más que el sueldo mínimo ($225.000), sino que hay casos, en Chile y otros países, de quienes llegan a ganar más de 1 millón y medio de pesos.

Jack no quiere darme una cifra, no quiere darme demasiados detalles de su vida en general, pero me cuenta por ejemplo que no “trabaja” cuando llueve o que la mayor parte del tiempo sólo lo hace por las tardes. También puedo ver que no es delgado, aunque la panza resulta engañosa ya que se puede perfectamente estar mal nutrido al mismo tiempo que tener sobrepeso. No huele a alcohol, pero su ropa no está limpia, su silla de ruedas no es moderna y en estos momentos no está recibiendo ayuda de nadie para rehabilitarse. Es decir, no tiene muletas, no ha probado prótesis y todo en su vida lo hace desde la silla.

¿Dónde aprendió a hablar inglés?

En un barco, yo era pescador. No, mi papá era pescador y me enseñaba inglés. Después no sé, nunca más lo vi y después murió. Hoy está más caluroso que ayer.

Dudo de su respuesta.

Entonces, Captain, su familia era de la costa, ¿qué zona?

Eh, si, todos. Después se vinieron pa´ Santiago. A mí me gusta más la costa eso sí, acá me gusta la cordillera pero no hay como el sonido del mar, ¿Usted es de aquí?

Sí. ¿Tiene hijos?

No. Tengo, pero no sé. Un hijo trabajaba en Melipilla hace un tiempo, ahora no sé porque ya no hemos vuelto a hablar. Tengo ese y otro que se casó, pero no sé dónde anda.

¿Y su mujer, dónde está?

Ya no ya. Tuve, mucho tiempo atrás. Pero ya nada de mujeres, no quiero saber.

¿Usted terminó la escuela?

Si claro, yo terminé, me iba muy bien. Muy bien. Quería ser músico, me gustaba el canto, claro que no sé ahora si era tan bueno.

Por primera vez se ríe. Cada 35 segundos debe ir a mendigar y la conversación se hace demasiado pausada. Las monedas que va recibiendo las mete en una bolsa que pone sobre sus piernas. Por lo que alcancé a  mirar, durante aproximadamente 45 minutos juntó algo así como 3 mil pesos. Se quedará hasta que caiga el sol y pasará a comprar comida antes de llegar a casa.

Me quedan muchas dudas dando vueltas, pero siento que yo soy la única con preguntas. Captain Jack no piensa demasiado en lo que vendrá o en lo que podría ser. Su vida es para él una forma de hacer las cosas, no la mejor o la peor, pero una alternativa.

Yo vengo, pido, converso con alguna gente que pasa y me gusta aquí. Si tuviera la pierna que me falta, sería comerciante o pescador. ¡O cantante!”

Quizás, inventarse un nombre o hablar a ratos en inglés no sea diferente a las máscaras que todos usamos para vivir el día a día. Me despido y como para dejar en claro que ha estado prestando atención a todo, me dice:

-Gracias por el agua. Espere la verde para cruzar.

 

*De acuerdo al Ministerio de Desarrollo Social, en Chile viven casi 2 millones y medio de personas en pobreza, es decir con menos de $72.098 pesos mensuales, y más de 470 mil en extrema pobreza o indigencia, con menos de $36.049 mensuales.

Encuesta Casen 2013:

http://www.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/resultados-encuesta-casen-2013/

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Categorías:Notas y Entrevistas

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