Columna: Tu historia temprana

Quizás no todos sepamos aún quiénes somos, pero al menos podemos saber de dónde venimos. O de qué más bien; qué historias familiares y qué circunstancias existían en el entorno antes y después de nacer. Aunque ha sido trabajo de años hurgando y preguntando, para mí siempre valió la pena saber más sobre el pasado, pero no ese pasado del que las personas nos quedamos pegadas, sino de ese que desconocemos, del que nadie habla porque nadie considera interesante. Pues yo creo que cada detalle importa.

En qué tipo de lugar nací, cómo fue el parto, qué ocurrió los primeros años de mi vida, cómo estaba mi familia económicamente cuando yo llegué, cuál era la realidad del país, qué tipo de casa teníamos, etc. Aunque tengo fotografías, no son demasiadas como se tiene ahora de los niños, y además no cuento con videos para poder observar cómo me comportaba yo a los 2 o 3 años.

Lamentablemente en mi casa nadie era muy bueno para contar historias, aunque de a poco fui juntando algunas muy preciadas que componen esos tiempos donde yo aún no existía o era tan pequeña que no tenía memoria.

Considero necesimagesario investigar de dónde venimos, qué vida tuvieron nuestros padres y abuelos para comprender por qué somos de cierta manera o hacemos las cosas de una forma determinada. Desde ahí, se hace mucho más fácil cambiar o crecer, y puede ser muy útil para aprender a romper patrones perjudiciales o soltar antiguos pesos puestos en nosotros por las dinámicas familiares mantenidas en el tiempo.

Una vez que se conoce el ambiente en el cuál crecimos, se puede comenzar a volar libres de cualquier juicio, comprendiendo que cada cosa que ocurrió era lo único que podía ocurrir. Es parte de la automaestría de tomar el control de nuestras vidas, a la vez que se aprende a bailar a los inciertos ritmos de Dios.

El aforismo griego “conócete a ti mismo”, inscrito en el templo de Delfos, nos llama a investigar sobre nuestra naturaleza, pero no podemos comprenderla totalmente si no conocemos nuestra historia.

Una amiga que acaba de tener un hijo, me contó que llevará un diario de vida con detalles como qué canciones le gusta escuchar o qué tipo de cosas lo hace sonreír. Estoy segura que cuando sea grande y pueda leer cómo era esa parte de su vida que no recuerda, sentirá que de una u otra forma se conoce más a sí mismo.descarga (1)

Mi padre me contó que cuando yo tenía apenas un año y me dejaban dentro de mi coche, me esforzaba por mover la rueda del mismo con mi pie para avanzar. Por supuesto que no lo recuerdo, pero es exactamente lo que haría hoy si fuera pequeña y me metieran en un aburrido coche que me mantiene encarcelada y no me permite vivir aventuras. Ese simple hecho refleja con toda precisión la personalidad que me ha marcado siempre y me identifico tanto con esa historia que me resulta un verdadero regalo poder conocerla.

Ese tipo de detalles no deja tanto espacio para los cuestionamientos propios, donde solemos ser muy duros con nosotros en vez de aceptarnos como somos. Hemos venido construyendo una identidad y un ego, y con eso presente podemos vivir con mayor conciencia, abrazar nuestra historia y saber que mucho ha tenido que ocurrir para que estemos aquí.

Las vueltas de la vida ahora me preguntan a mí: ¿hacia dónde quieres dirigir tus pasos?

 

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