Columna: La soledad del líder

Cuando un hombre no sabe hacia dónde navega, ningún viento le es favorable”.

– Séneca

Esta columna tiene como objetivo entregar una humilde brisa fresca para ayudar a los líderes a retomar la ruta que quieren seguir, parimagesa llegar a su destino en el gran océano de la vida laboral.

Desde pequeños, la sociedad (occidental) nos enseña a superarnos y a ganar en la vida en general. Nadie nos prepara para perder y aprender de eso. Todos queremos llegar a la cima de nuestras expectativas, o peor, de las expectativas de los demás.

Pero, ¿qué pasa cuando llegamos a esa cima y no somos felices? ¿Era que realmente no queríamos tomar ese camino? Es muy probable, sin embargo, que haya otra explicación de por qué no nos estamos sintiendo completos cuando tenemos el lugar en la organización por el cual tanto luchamos y llegamos al éxito.

Es en este éxito irreal donde aparece un sentimiento de soledad al estar en la cima, donde no vemos a alguien en quien apoyarnos o con quien compartir nuestras debilidades, ya que el líder no puede mostrar flaquezas, no puede llorar ni equivocarse frente a alguien de su equipo.

Entramos en el mundo del liderazgo con tantas ansias, que únicamente nos damos cuenta que estamos solos cuando realmente nos quedamos solos, por la ceguera que nos provocó el desconocimiento de que ser el jefe es un cargo humano y no de un dios del Olimpo.

El ego nos juega en contra, desviándonos del verdadero camino del líder que no es más que guiar, escuchar, motivar, inspirar, acompañar, ayudar a todos los integrantes de nuestro equipo; en resumen, el líder adecudescargaará su comportamiento según la situación.

Así, por ejemplo, si existe una emergencia o crisis laboral, tendrá que ser autocrático, dando instrucciones estrictas a su equipo y guiándose por su propia experiencia. Pero durante la mayor parte del tiempo, será un líder democrático y hará que cada uno de sus integrantes se sienta considerado e importante dentro del equipo de trabajo.

Desde este paradigma no va el dicho “nadie es indispensable en este equipo”, sino “todos son importantes y únicos para este equipo, por algo están aquí”.

Entonces, ¿cómo reconoceremos si nos quedamos solos en nuestro liderazgo? Podría ser porque un sentimiento frío recorre nuestro cuerpo cuando estamos en problemas y cuando no hay problemas nos estresamos por todo y todos, nos cerramos en nuestro mundo ahogándonos en nuestro propio dolor de no saber qué hacer, lo que nos llevará desgraciadamente a tomar muy malas decisiones, ya sea laborales o socio-laborales.

La desconfianza en los demás, sin pruebas ni razones concretas, también es uno de los tantos indicadores de esta soledad, que no nos permite ver más allá ni soltar ese egoísmo que quiere el éxito para sí mismo.

Un ejemplo de esto, es cuando un equipo de trabajo prtrabajo-en-equipo1esenta un proyecto. ¿Se han dado cuenta que son pocas las veces en que están presentándolo todas las personas que participaron de éste? En vez, están los que más aportaron o los que piensan que así lo hicieron. En los peores casos únicamente está el jefe llevándose para sí mismo todos los aplausos con los cuales el equipo entero debió haberse enriquecido.

Si ya nos sentimos solos, ¿qué hacer? ¿Fallé? ¿No soy un buen líder? Todo gran líder ha caído en este hondo pozo alguna vez y logrado salir a flote, conectándose con la humildad interior que permite no sentir a todo y todos los que lo rodean como una amenaza, viviendo el aquí y el ahora sin sobre expectativas de sí mismo ni de los demás.

Abandonar esta soledad implica una comprensión emocional de decir: “soy suficiente para mi mismo como un todo, y por esta misma razón no necesito el reconocimiento de mi equipo”. De esta forma, no hay mayores problemas en mostrar debilidades o dudas frente a ellos, todo siempre para un mejor trabajo en equipo.

Esta tranquilidad emocional de estar conformes con lo que somos, da pie para estar más abiertos y concentrados a la hora de evaluar otras opiniones, que muchas veces estarán más acertadas que las del propio jefe.

No se trata de que el líder delegue todo, sino de que puede tener una templanza y seguridad emocional en si mismo tan alta, que transmite confianza a su equipo a pesar de estar preguntando en ese mismo instante cosas como: ¿qué creen ustedes que debemos hacer en esta situación o en estas condiciones?

Muchos líderes nunca ven este camino, se ciegan por completo y con el tiempo podrán tener mucho éxito, pero su alma se encontrará tan vacía debido a la soledad, que vivirán un llanto mudo a sus propios oídos, pero ensordecedor para todos los que lo rodean.images (1)

Todos lo ven menos él mismo, ya que nunca logró diferenciar el éxito del buen liderazgo, y piensa que por tener éxito es un buen líder, algo completamente errado porque su dolor y su soledad aumentan junto con su riqueza material y prestigio profesional.

Una solución para ayudar a estos líderes que se han desviado de su ruta y llevan años perdidos sin saber que lo están, es el Coaching Ejecutivo, una herramienta que ayuda a las personas a darse cuenta de sus propias habilidades y debilidades, a través de una metodología de conversaciones compuestas de multivariadas preguntas, feedbacks y ejercicios de reflexión que el individuo tendrá que contestarse a sí mismo con el acompañamiento del coach.

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María de los Ángeles Ramírez, psicóloga-coach.

En esta reflexión el jefe va lento pero seguro hacia el puerto del liderazgo positivo. Nadie le dice que está equivocado, nadie le dice qué debe cambiar o hacia dónde debe ir; es él mismo quien comienzan a escuchar el sonido de la soledad tomando conciencia de lo que ha perdido por elegir caminar solo. Ahora querrá ganar ese tiempo perdido, recuperar esa riqueza del alma que solo la humildad y solidaridad con su equipo le pueden entregar. A este cambio personal le llamo “Humanización del Líder”.

Otra ayuda es el Coaching Organizacional, que es el trabajo del líder con su equipo guiados por un coach. Aquí trabajan todos juntos con la misma metodología de conversaciones con actividades experiencial-emocional, que les permiten romper las barreras de la desconfianza a través de la comodidad de sentirse aceptado y respetado por los otros integrantes del equipo.

Se puede seguir reflexionando sobre la soledad del liderazgo, pero lo más importante antes de eso es preguntarse: ¿en qué o quién he de confiar para evitar quedarme solo en el liderazgo laboral?

Por: María de los Ángeles Ramírez, psicóloga-coach, Master en Coaching y Liderazgo Personal, Universidad de Barcelona, España.

Contacto: mramirez@chnw.cl.

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