El Bosque de Karadima: el cine que Chile precisa

Basada en una historia real monstruosa y desgarradora, el mayor mérito de este impecable trabajo del director Matías Lira, es reconocer que este es el Chile que vivimos y que el cine debe, como expresión artística de su pueblo, mostrarlo sin maquillaje ni censura.

Fernando Karadima es el párroco líder de la iglesia más poderosa de la clase alta chilena, tratado como un santo por su círculo más cercano, en el que ingresará el joven y vulnerable Tomás (personaje basado en James Hamilton, uno de los principales denunciantes de Karadima), quien en búsqueda de su vocación termina preso durante 20 años de los abusos físicos y psicológicos de un verdadero psicópata endemoniado.ElBosquedeKaradima_afiche2

Las actuaciones de Luis Gnecco, como Karadima, y Benjamín Vicuña, como Tomás, son notables ambas en los mismos aspectos; la realidad y exactitud de dos personalidades perfectas para terminar en lo que terminaron; el abusador y el abusado. El primero siempre cuenta con cierto poder, confianza, carisma, y el segundo siempre con historias de vida que lo debilitaron. Un blanco ideal. El lobo se come a la oveja mostrándose como un pastor, en un engaño bestial del que finalmente Tomás toma conciencia.

Una cinta para el debate social, para la conversación en las mesas de las casas, para jóvenes, sobretodo si son religiosos o están expuestos a grupos con características sectarias. Si es que pueden ver esta historia con altura de miras y no sentirse atacados, seguro aprenderán de las malas experiencias ajenas antes de tener que aprender de las propias.

Aunque somos todos los que nos beneficiamos de observar esta película en detalle, para llegar a entender por qué estamos expuestos a caer en una situación semejante. Esa es la pregunta. El Bosque de Karadima pulveriza los juicios y nos enseña que si cada uno de nosotros hubiéramos sido Tomás, habríamos vivido exactamente lo mismo, por difícil que sea reconocerlo. Cuesta también admitir que pocos habríamos sido tan valientes como las víctimas que denunciaron los abusos, haciendo tambalear todos los aspectos de sus vidas.

Es fuerte saber que hay delitos que prescriben (sólo pudo ser el diablo el inventor de que las causas pierdan validez por su antigüedad, ¡un atropello!), que hay tribunales que no hacen justicia o instituciones que no cumplen con la misión con que fueron creadas. Pero es más fuerte que no abramos los ojos para conocer quiénes son estas instituciones, cómo funcionan, qué buscan, principalmente si se autodenominan representantes de Dios en la Tierra. Esa debiera ser la principal razón para examinarlas; estudiar postulados como la castidad, por ejemplo, una idea contraria a la naturaleza humana.

Quizás ya estamos acostumbrados a que se nos dicte cómo vivir, y mal que mal vemos violencia e injusticias todos los días en las noticias o mucho más cerca que eso, en nuestras vidas, y el cansancio es tal que no parecemos en condiciones de cuestionar nada, anestesiados, ¿será que perdemos cada día un poco de nuestro libre albedrío?

Para mí, la declaración más predominante y absoluta de este caso fue la de James Hamilton cuando dijo en una entrevista que en todo este proceso había “descubierto que el amor, el respeto, la bondad y la belleza no son monopolio de ningún credo. En el momento en que aceptamos ese monopolio, caemos en la esclavitud y el abuso”. Bravo, a eso le llamo yo hacerse cargo.

Es un tema complejo, se trata de las enseñanzas de Jesús, del vacío existencial del ser humano, del sufrimiento de la vida. Pero Hamilton se gradúa del examen de esta existencia cuando al ser preguntado sobre si aún cree en Dios, responde: “he adquirido la maravillosa libertad de dudar de su existencia”. Uno puede creer o pensar como quiera, pero es imposible no admirar su completo ejercicio de libre albedrío y poder de sí mismo. Finalmente el tipo es un héroe.

Suelo quedarme principalmente con la historia de cualquier película, pasando siempre a segundo plano el resto de los factores a considerar -sin duda todos relevantes-, pero ningún manejo de cámara, ni dirección de arte o actuación me han hecho quedarme jamás con un película cuya historia no se sostiene. Creo que esta historia es un tremendo, urgente y tardío aporte a la humanidad entera, una guía de vida que está ausente de nuestro cojo sistema educativo que no toca el manejo de las emociones ni de las relaciones personales y nos tiene como estamos en el mundo hoy. También puedo decir felizmente, que pasa a ser la primera película chilena que me atrevo a recomendar en toda mi vida.

Por: Olga.

Trailer de El Bosque de Karadima, el cartelera en todos los cines:

*Entrevista de James Hamilton en programa Tolerancia Cero:

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Categorías:Cine

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