Las vueltas de la búsqueda

Como hemos escuchado tanto la frase “búsqueda espiritual”, prefiero decir que siempre he tenido curiosidad por los misterios y desde pequeña sentía un profundo deseo de buscar algo desconocido, mágico e insondable, a lo que no podía poner un nombre, pero eso poco importaba. Sentía que como se llamase, era lo único que podía justificar la vida.

Con el tiempo una va investigando y probando todo lo que se le cruza por el camino; va aprendiendo, sorprendiéndose, desilusionándose, perdiéndose y luego vuelve a tomar algún camino otra vez. En una oportunidad, me contaron la historia de un tipo divorciado que tras rehabilitarse de alcoholismo decidió partir a India a “encontrarse a si descargamismo”. Yo era muy joven y me pareció una idea genial. Allá convivió con monjes y monos, juntó experiencias y maravilló sus ojos, pero algo no se sentía bien; lloraba todas las noches porque había dejado atrás a su familia. Sus hijos eran jóvenes y lo extrañaban.

Después de largos meses, volvió a reencontrarse con ellos y su vida cobró sentido de nuevo. Lamentablemente, durante el viaje se había endeudado más de la cuenta y ahora estaba metido en un gran lío. Al final, después de una tremenda vuelta, se encontraba donde estaba antes; al borde del abismo, a punto de caer en el alcoholismo otra vez. No supe más, pero me entristeció mucho la historia, quizás lo más impresionante era que los hijos estaban a punto de perder a su padre otra vez.

En otra oportunidad, una amiga que se sentía sola e incomprendida me comentó su experiencia en un grupo de yoga y meditación donde esperaba encontrar herramientas para su bienestar y conocer personas con sus mismos intereses. Al principio todo iba bien, había gastado mucho dinero en pagar la mensualidad, pero podía comentar con sus compañeros temas de interés común, como la buena alimentación o las técnicas para manejar el estrés. Cuando pasaron unos meses, se dio cuenta que la mayoría de las personas solía hablar de sus experiencias dolorosas y se sentía a gusto en un lugar donde podía compartir sus problemas.

Probablemente como consecuencia de esas experiencias, algunas de ellas no se encontraban en buen estado psicológico y otras parecían muy vulnerables. Mi amiga comenzó a sentir que era la única que estaba tratando de mantenerse positiva mientras el lugar se había convertido en una especie de grupo de apoyo, lo que no era necesariamente malo pero distraía del foco que era aprender y mejorar.

No se sentía cómoda, la negatividad le estaba afectando y no podía creer que se hubiera equivocado en querer conocer a estas personas que se habían vuelto sus amigas. Un día, cuando terminó la clase de meditación, advirtió que el profesor era demasiado cariñoso con una joven que había confesado sufrir depresión bipolar, y quiso averiguar más sobre él. Preguntó dentro del grupo para saber quién lo conocía y de a poco recibió algunos comentarios que la desconcertaron. Al cabo de muchos meses, descubrió que el profesor de yoga, sonriente y vestido de blanco, “atendía” personalmente y en privado a varias mujeres del grupo en sesiones individuales donde las “ayudaba” a resolver sus dificultades, y con muchas de ellas mantenía relaciones amorosas.

Algunas desaparecieron de un día para otro sin dar explicación, mientras otras llevaban años enamoradas de él, haciéndole regalos y donándole dinero, supuestamente para labores benéficas que rara vez se lleno-no-es-una-mujer-loca-dando-vueltas-en-el-suelo-espera-a-que-termine-y-sorprendete-kiubole-7vaban a cabo.

Con eso, mi amiga sentía que volvía a donde estaba al comienzo; sola y algo perdida, pero no pudo evitar darse cuenta que era muy afortunada de tener un autoestima que le permitía respetarse y no caer en las manipulaciones de quienes buscan aprovecharse. Agradeció por ser quien era, tener salud y estabilidad en su vida.

¿Has notado cuántas vueltas nos damos para poder ver lo que siempre estuvo desde un principio? A veces se paga un alto precio para valorar todo lo que tenemos. Buscamos y buscamos pero siempre afuera de nosotros mismos. Afuera hay mucho que ver, pero también hay mucho que ver adentro. Es en el equilibrio donde está la paz.

Muchas veces me sentí igual o más perdida que las dos personas de estas historias, las vueltas de la vida no son siempre como uno se espera y a veces nos metemos en laberintos sin saber cómo llegamos ahí. Sigo con esa hambre de búsqueda que obedece a la sangre que corre por nuestras venas y nos mantiene vivos, pero trato de no olvidar lo que ya soy,  todo lo que ya tengo y también todo lo que se me ha dado por el sólo hecho de existir.

Somos ricos, como los niños que se sienten dueños del mundo. Mirar la vida y agradecer por todo lo que hay en ella revoluciona nuestra existencia mucho más que cualquier acción, por novedosa que sea. Reconociendo el valor que tenemos hoy, la sed que se pueda sentir o la sensación de que siempre algo falta no podrá llevarnos a dar eternas y dolorosas vueltas en círculo, pisándonos la cola. Seguir buscando será entonces un acto de esperanza al mismo tiempo que uno de confianza.

 

Por: Fran.

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Categorías:Columnas

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