Una disciplina llamada Falong Gong

Cuando viví en Londres para estudiar periodismo, el primer trabajo consistió en entrevistar a alguien que pudiera mostrar su vida a través de lo que hacía en un día. Debíamos escoger a cualquier persona que pareciera tener un día diferente del resto y escribir el artículo, que de hecho es una sección permanente en una conocida revista inglesa.

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Yudong Gao meditando en la vereda.

Las clases habían empezado hace poco y yo había tenido unos días para recorrer una de las ciudades más excitantes y avanzadas del mundo. Mientras visitaba el barrio céntrico, pasé dos veces por la embajada de China y en ambas oportunidades vi a una mujer sentada en la vereda del frente, en posición de meditación, con los ojos cerrados y con un cartel.

Pensé: esto es Londres, todo puede pasar, de hecho aquí es donde ocurren las cosas. Por eso, cuando nos dieron esta tarea decidí buscar a la mujer y averiguar qué estaba haciendo en ese lugar.  Partí a la embajada y ahí estaba. Me acerqué y advertí que estaba muy inmersa en su meditación, por lo que no me atreví a interrumpirla y simplemente me senté a su lado. Inmediatamente, abrió los ojos y me sonrió, por lo que tomé la oportunidad para iniciar la conversación.

Yudong Gao, una experta en finanzas de 42 años que trabaja en un banco, me contó que estaba protestando contra el gobierno de su país, debido a la represión de la que son víctimas todos los practicantes de Falong Gong. Yo nunca había escuchado hablar de Falong Gong, si de tai chi o de yoga pero esto era completamente nuevo. Se trata de una práctica milenaria de ejercicios físicos que, entrelazados con la respiración, tienen una serie de beneficios para el cuerpo y la mente. Su lema es verdad, compasión y tolerancia. O sea, como un yoga pero chino, realmente inofensivo, sin embargo prohibido en China por ser considerado una amenaza política.

Las personas que practican Falong Gong pueden ser perseguidas e incluso torturadas. Yudong me mostró fotografías de las consecuencias que estas torturas han dejado en muchos de sus conocidos que aún viven en China; marcas, heridas y problemas psicológicos.

La amable sonrisa y voz baja de Yudong me hicieron sentir una compasión indescriptible. Su inglés, si bien era muy bueno, tenía un acento difícil y con bastante paciencia tuvo que repetir muchas veces la historia para mi.

Esta mujer, que había estudiado en China, estaba casada y tenía un hijo cuando decidió escapar de su país rumbo a Londres. Sus padres practicaban Falong Gong (o Falun Dafa, como también es conocido) como una herencia de muchas generaciones, por lo que para ella fue natural introducirse en la disciplina y enseñársela, a su vez, a su hijo.

Cuando se dio cuenta que muchos amigos estaban desapareciendo y los rumores sobre muertes se hacían más intensos, a pesar de que no tenía como confirmar la información, quiso huir por el bien de su pequeño.

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Adherentes a la protesta pacífica meditando frente a la embajada china.

Las medidas del totalitarismo chino son violentas y grotescas, las personas son despojadas de todo; su libertad, su familia y son atropelladas en todos los aspectos que alguien puede ser atropellado, a través de diversas violaciones a los derechos humanos.

Primero, Yudong llegó a Londres con su hijo y su marido se les unió después: “fue afortunado en poder salir también del país. Ahí teníamos trabajo, pero no hubiéramos podido criar a nuestro hijo en paz”, explica. “Lamentablemente, mis padres siguen allá y ha sido difícil comunicarse con ellos. Mi madre ha comenzado a recibir amenazas  y espero poder sacarla de China, pero el gobierno no le facilita los papeles para salir”.

Cuando Yudong llegó a Londres se sintió acogida; es una ciudad multicultural con personas que llegan de todas partes del mundo para encontrar una mejor vida, algo que hace años se está traducido en un grave problema de inmigración. Pero a ella nada de eso le importa mientras su familia deje de correr peligro.

Las horas de protesta pacífica frente a la embajada son por turno entre varios voluntarios chinos -y no chinos- que conocen el Falong Gong. Desde Londres se organizan y se hacen además las maniobras necesarias para seguir trayendo gente perseguida que se encuentra en China.

Resulta absurdo creer que algo como el yoga sea tan condenado, pero para los regímenes dictatoriales hay movimientos que, si llegan a reunir demasiados simpatizantes, amenazan con superar la popularidad de las políticas establecidas.

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Celebración 2015 del Falong Gong en Nueva York.

Yudong explica los beneficios del Falong Gong: “fundamentalmente busca crear conciencia para que las personas captemos que somos todos parte de un mismo centro, y que el mundo es un lugar donde debemos amarnos y respetarnos. Entre otras cosas, fomenta el respeto a la naturaleza y a todo lo vivo”.

Los ejercicios son lentos y aptos para personas de todas las edades. En Londres se organizan encuentros en los parques donde un profesor hace clases libremente -cosa impensada en China-, como una forma de vida o una religión. “Creemos tanto en ella que seguimos practicándola, a pesar de la represión”.

Cuando terminamos de conversar, Yudong me regala un CD con hermosas imágenes de la disciplina y varios folletos con información. Escribí así mi primer trabajo de postgrado y la profesora se mostró muy interesada en el tema que elegí. Lo cierto es que en ningún diario o revista se estaba dando cobertura a este tema. En Internet pude encontrar más información, pero en su mayoría de sitios aficionados, lo que se explica debido a las presiones que los medios reciben para no tocar temas conflictivos.

Para Yudong la única solución era huir de su propio país al que ama y desearía volver para reencontrarse con sus padres y amigos, pero sabe que eso es imposible; está fichada como practicante de Falong Gong y ya nunca la dejarán regresar.

Le pregunto si cree que su protesta pacífica sirva de algo, y responde con una sonrisa de esperanza: “No, pero algo tengo que hacer”.

*Nota sobre la celebración 2015 del Falong Gong en Nueva York:

http://en.minghui.org/html/articles/2015/5/20/150653.html

*Nota de la BBC del 2001, cuando Yudong aún tenía esperanzas de volver a China:

http://news.bbc.co.uk/2/hi/asia-pacific/1233822.stm

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Categorías:Notas y Entrevistas

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