Cine: El Club

El_Club-poster1El autor de Fuga, Tony Manero, Post Morten, la serie de HBO Prófugos y No (nominada al Oscar como mejor película extranjera), Pablo Larraín, por fin saca lo mejor de sí con El Club.

Si Usted ya vio el Bosque de Karadima quizás este film pueda parecer redundante. La verdad es que es igual de brutal y el tema es el mismo: crímenes de curas católicos y su encubrimiento. Y es que uno siente que desde el primero de estos casos había razón de sobra para cerrar la iglesia completa y El Club contribuye, entre otras cosas, a reforzar esa idea.

Ahora, las actuaciones son de lujo y eso no se vio en la historia de Karadima. Aquí se pone a Antonia Zegers (mujer en la vida real de Pablo Larraín) en uno de los pocos papeles que le quedan perfectos; el de loca siniestra con voz de santa. Una monja carcelera que cuida a cuatro ex curas viviendo en una casa de un remoto pueblo costero de la VI Región, para supuestamente cumplir penitencia por sus crímenes. Aunque toman, fuman y tienen un perro galo con el que ganan dinero en competencias. Como un club, pero a donde se llega como castigo.

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Antonia Zegers.

Roberto Farías, por su parte, se lleva el premio a actor revelación, a pesar que lleva años actuando en Chile es aquí donde tiene el espacio necesario con un rol que justifica toda la historia: un joven drogadicto y vagabundo que fue abusado por un cura y que se para y grita frente a esta casa, evidenciando el daño que semejante hecho provocó en su vida.

Farías estremece con su actuación, rompe el estereotipo de los papeles de “loco” o de “chileno que habla como chileno” y pone los pelos de punta. Nada mal para un tipo que antes de actuar solía limpiar baños.

Si bien a ratos se hace inverosímil que una delgada y joven mujer sea quien lleva esta casa donde viven hombres maduros que han sido capaces de horrores como la pedofilia o el secuestro de guaguas, el lado oscuro del personaje de Antonia Zegers termina equilibrando la balanza cuando llega un quinto cura a vivir al hogar y tras de él un jesuita que cree en una iglesia nueva y cuya investigación amenaza al grupo.

El Club ganó el Oso de Plata en el Festival Internacional de Berlín. Pablo Larraín ha dicho: “fui a un colegio católico e identifiqué a tres tipos de sacerdotes: los que buscan a Dios, los que ahora están en la cárcel o enfrentados a la justicia y el resto que no sé dónde están. Investigando sobre estos últimos, descubrí que la iglesia lleva años escondiendo sacerdotes por distintas razones y que no cree en la justicia civil, sino que para ella la única manera de purgar sus pecados es frente a Dios. Piensan que son distintos que el resto”.

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Alfredo Castro, Pablo Larraín y Roberto Farías.

El Club pasa a poner los puntos sobre las íes en esta materia -algo que la justicia no ha sido capaz de hacer-, con una historia perversa, amoral y demoledora, que como para no matar arroja como un hueso espacios de humor negro que la hacen densa y delirante.

Si hubiera que criticar algo, es que se usó en demasía las imágenes brumosas, al punto de no dejarnos ver las caras de las personas en un 50% del tiempo. Si hubiera que rescatar una sola cosa positiva, es como se la juega la historia para quitarle de una el piso al sacerdocio.

Por: Pilar.

Trailer de El Club, en todos los cines:

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