Interrogatorio a la mujer

Confieso que hubo un momento en que se sintió agotador estar en mis treinta y pocos y verme obligada a responder cuestionarios por el hecho de no estar casada y no tener hijos. A veces no son preguntas, sino afirmaciones en mi cara, del tipo: “casarse es la única forma de que alguien te quiera, te valore” o cosas más fuertes como “una persona que no se casa es porque no sabe amar y entregarse a otro incondicionalmente”.

Esas ya me parecen absurdas, casi no resisten análisis para mí, pero para probar el punto, aquí co2577mparto más: “si no te casas quedas como complicada o loca”, “despierta, el príncipe azul no existe”, “no vas a ser joven para siempre, mientras más tiempo pase menos candidatos vendrán”,  “no sé cómo puedes estar sola, yo me muero”, “¿y vas a ir sola?”, “yo te presento al amigo de mi marido, tiene depresión pero es lo que va quedando”, etc.

Lo mismo pasa con los hijos, comentarios que yo no he pedido van y vienen gratuita y confiadamente: (con tono de envidia) “cuando tengas hijos olvídate de tus queridas clases de  arte”, “es el amor más profundo que he conocido, te falta eso en tu vida”, “si no tienes hijos, ¿quién va a cuidarte de vieja?”, “apúrate, ojo con el síndrome de down”, “¿cómo no estás desesperada?”, etc.

Estas opiniones, llenas de miedos, violencia, prejuicios, machismo, arrogancia, falta de respeto, envidia, exigencia, estrés y también, en cierta medida, deseos de destrozar al otro pensando que se le toca donde más le duele, aunque cansan más por su frecuencia que por su contenido, dañan las relaciones humanas y crean una sociedad de comparación y competencia en vez de una diversa e interesante.

Aunque empatizo con las madres de niños pequeños y su colapso entre la casa y la oficina, trato de evitarlas porque son una bomba a punto de estallar; siempre mal genio, siempre superadas, siempre de víctimas. De lo único que hablan es de sus problemas con el marido, la nana, la guagua y la suegra, temas que comprendo, pero que no me podrían interesar menos.

Dicho eso, a las que evito derechamente son a las personas de las cuáles sé que vendrán palabras con carga negativa por las razones que sea, pero una tampoco puede hacerse humo y con el tiempo he aprendido a manejar los ataques que, si bien vienen de mujeres y hombres, son las damas las que menos se aguantan de disparar con la lengua.

Probablemente ninguna de ellas sería capaz de reconocer que no le dirían lo mismo a un hombre, pero más allá de ese machismo, hay algo que las hace creer que el resto les debe explicaciones y que éstas deben ser comprendidas por todos.

Una vez escuché a una mujer decir: “yo creo que no tener hijos es una opción, pero con ese tiempo libre por último hay que ser muy exitosa en lo laboral”. Quizás ella pensaba que estaba siendo comprensiva con quienes no tienen hijos, pero más bien le estaba exigiendo a esas personas una meta mucho más alta que al resto, como para compensar un supuesto desequilibrio.

No hay ningún desequilibrio en las opciones que tomamos mientras nos den paz a nosotros mismos. Todos sabemos que nadie es dueño de la verdad, no diría que maxresdefaultes obvio pero con el tiempo descubrimos que al final del día nadie sabe nada y que eso que se le llama “normal” no existe, fue una mentira que se inventó, imprimió y publicó.

Reconozco que a veces me dan ganas de recordar eso a estas personas y también decirles todo lo que pienso; lo patéticas que se ven tratando de buscar justificaciones para sus propias decisiones de vida, repitiendo en voz alta cada vez que pueden las razones para las cosas que  han hecho, como para terminar creyéndolas, como si así pudieran aceptarlas (eso me recuerda cuando escuché a una mujer decir que quería tener hijos porque los niños se ven lindos corriendo por el patio, como si se tratara de mascotas o peluches; un fetiche).

Ganas también de enrostrales que, cada vez que cuestionan a las personas que llevan vidas diferentes a las de ellas, dejan ver los infelices que están con las vidas que ellas mismas escogieron. Sugerirles que quizás todos estamos aquí aprendiendo y que si alguien no tiene hijos, puede ser porque no tiene nada que aprender de esa experiencia.

A veces ganas de responder lo mismo que Catherine Tramell (Sharon Stone) en la escena del interrogatorio de la película Basic Instinct: “yo no tengo reglas”, mientras fuma un cigarro y cruza las piernas libre y provocadoramente, lo que molesta al grupo de policías que busca al autor de un asesinato.

OK, Catherine Tramell tiene condiciones patológicas, pero la que lleva ese interrogatorio es ella. Así es esto, mujeres tratadas como criminales a las que no se les da respiro por no ser o hacer lo que la mayoría quiere. Mujeres que tienen que estar defendiéndose, muchas de las cuales sienten que han fallado o que no le están cumpliendo al resto, lo que afecta directamente su autoestima. Sin mencionar que el cuestionamiento además de ser a nivel social, es también  en lo laboral y familiar, complicando sus vidas en todo ámbito.

Pero uno no va y hace todo lo que tiene ganas de hacer. Hay una opción mejor, hacer lo que nos hace bien. Mi forma de lidiar con el tema no es confrontacional ni conflictiva; voy a todos los lugares que me gustaría ir, esté quien esté, pero al primero de este tipo de comentarios me doy la media vuelta, no porque no quiera dar la lucha –al revés, a veces creo que si me quedo a discutir los podría liquidar a todos con argumentos-, sino porque tengo claro que no debo nada nadie, por lo que simplifico las cosas y no me desgasto.

Inevitablemente, así he perdido a algunos amigos que nunca pensé que me pudieran hacer sentir menospreciada y cuestionada al nivel de no querer verles la cara. Pero la enseñanza que me dejan vale más que su amistad, porque he aprendido a no tratar al resto por lo que tiene o deja de tener, lo que hace o no hace, ni por sus caídas, ni por sus éxitos, ni por sus tristezas o sus alegrías, básicamente por nada más que por su calidad humana.

Todo lo accesorio a quién es verdaderamente la persona, no me interesa ni para chiste, ni para sentarse a tomar café, ni para nada. Y se siente genial, muy genuino, como si cuando conversara con alguien ya no existieran tantas barreras para conocernos, que igual existen pero sólo como capas de profundidad. No significa que no hablo tonterías o que no me junto a simplemente conversar banalidades con amigos, lo que quiero decir es que ya he tenido, en esta materia, suficiente entrenamiento para separar la paja del trigo.

Creo fuertemente que es una injusticia gigante que se le juzgue tanto a la mujer y me siento con la confianza necesaria para tolerar todas las posturas. Es más, mientras más diverso mi círculo social mejor, mientras más historias distintas existan más me enriquezco y al abrirme a ellas contribuyo a liberar los estigmas y liberarme a mi misma. No se trata de feminismo (no me interesan los extremos), se trata de humanidad y de aportar a hacer de cualquier lugar en este mundo, un lugar amigo para todos.

 

Por: S. S.

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Categorías:Columnas

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