La paradoja de exigir aire

“El primer elemento del medio ambiente es la felicidad humana”. -José Mujica.

Leo en internet: “la Intendencia Metropolitana decretó la primera emergencia ambiental en 16 años en Santiago, a causa de la mala calidad del aire y las negativas condiciones de ventilación. Habrá restricción vehicular y también volverán los ejes ambientales (tránsito)”.

Algunas fábricas dejarán de funcionar hoy, pero no hay demasiada información al respecto, ¿cuáles? ¿Cuántas? Por ahí se habló de 3 mil, es decir que en Santiago hay TRES MIL fábricas que no deberían estar funcionando. Nunca se parte por ahí y son siempre los ciudadanos trabajadores los que se sacrifican por culpa de las malas decisiones del Gobierno. Nadie ha investigado realmente sobre esos estudios que apuntan a los autos como los principales culpables, y suponiendo que sea así, entonces lo lógico sería descentralizar este país.

La restricción a catalíticos siempre ha sido una medida parche y cada invierno es lo mismo. ¿Cómo se supone que debemos resolver el día a día, trasladarnos para cumplir horarios y responsabilidades, con un tráfico del demonio que al final muchos consideran preferible al verdadero trauma que es usar el metro? Todo el mundo sabe que este transporte público no funciona, pero eso no lo consideran las autoridades a la hora de imponer restricción vehicular.

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Santiago de Chile en emergencia ambiental.

No podemos vivir todos en la capital si nunca corre el aire en este valle y además ahora hay sequía. Deben existir oportunidades reales en regiones que brinden una vida digna, pero lamentablemente ciudades como Temuco van por el mismo camino que Santiago, siendo víctima de varias emergencias este año. Me encantan las regiones, yo misma me iría feliz un tiempo de la capital, pero si los trabajos están sólo en Santiago, ¿cómo no nos vamos a morir ahogados? ¡Si estamos todos en el mismo lugar! Una ciudad colapsada donde quedamos estresados y encima enfermos por respirar basura, lo que nos deja tan neuróticos que somos capaces de pasar por encima de todos para salvarnos a nosotros mismos. Un infierno, pero ¿sabemos todo lo que hay que saber?

Es completamente inconstitucional que tengamos este aire, no estamos hablando de un lujo; por derecho merecemos un ambiente limpio, pero eso a la Presidenta no le interesa, está ocupada viendo fútbol, cambiando de tenida todos los días y averiguando qué político le entregó boleta a qué empresa. Sobre el cambio climático no ha dicho palabra, ¿le interesará recordar qué lo ocasiona? Lo sabe perfectamente, son principalmente las industrias y las estufas a leña.

Es cierto que todos podemos contribuir a contaminar menos con medidas personales, pero es el funcionamiento del país el mayor responsable al no crear las medidas adecuadas. Si bien hay una mezcla de factores, que hoy no podamos respirar no es sólo porque vivamos en un valle sin ventilación, con más gente de la que cabe en las calles, que andan en autos catalíticos, hacen asados y fuman. Es porque las autoridades no están encima de atajar los factores contaminantes.

Fue en China, el país más contaminado del planeta, donde se propuso hace muchos años derribar un gran cerro que impedía la circulación de aire, pero como esa fue la única medida, no fue suficiente y sus costos se criticaron duramente. Hoy se sigue buscando una solución absurda, ya que la única posibilidad es dejar de contaminar. En nombre del progreso y del crecimiento, están todos viviendo con máscaras con la vista nublada por tanto smog (agua y suelo también están sucios).

En Santiago vamos a terminar igual; no podemos hacer deporte, no podemos usar nuestros autos, no podemos trasladarnos dignamente, no podemos respirar. ¿Y todo para qué? ¿Se han preguntado si alguien gana con este escenario? Cuando la mayoría pierde, siempre hay alguien que gana. ¿Las industrias? ¿Los vendedores de leña?

No me interesa más el crecimiento, cada vez que un político nombra esa palabra pierde toda credibilidad para mí -si es que me queda espacio para creerles algo- porque como muchas personas yo solo quiero una vida digna, sana y normal. Si en la vida no se puede respirar, ¿qué queda?

Después de tantas marchas ciudadanas, me temo que ahora toca que marchemos por aire, la paradoja más grande de un ser humano. ¿Por qué les tocará marchar a mis hijos? ¿Por el derecho a caminar, a hablar? ¿El derecho a amar?

 

Por: Olga.

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Categorías:Columnas

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