Libros: Eugénie Grandet

Mis lecturas favoritas nunca fueron novelas, pero me prestaron el libro Eugénie Grandet, escrito por Honoré de Balzac. y aunque no quería tomarlo, terminé aceptándolo. Había terminado mi último libro y me decidí a darle a este clásico autor una oportunidad porque siempre había rechazado todo lo que sonara a lugar común; temas repetitivos y obligados viajes al pasado que siempre se me hacen terriblemente aburridos.

Las guerras incesantes, el machismo agotador, las clases sociales que no perdonan, las injusticias y fatalidades, enfermedades incurables, eternos viajes en barco y un largo etcétera de tópicos recurrenEUGENIE GRANDETtes en casi todas la novelas de selección, a lo que encima hay que agregar esas formas de hablar que ya no interesan porque nadie las usa. Soy postmoderna por edad y no puedo evitar mirar hacia delante.

No vi en un principio la menor gracia en la historia de amor francés entre Eugénie, una chica ignorante e ingenua, y Charles, su primo ricachón y bueno para nada. Ambos, a escondidas del padre de ésta; un avaro desgraciado, protagonizan un estúpido romance juvenil, de esos que agotan de tanto tratarse en las teleseries de la TV. Pero Balzac es Balzac.

Cuando se trata de un autor clásico su talento va mucho más allá de formas o acontecimientos, y Balzac desnuda tan fotográficamente a las personas (para mi no existen los personajes, todos son personas), que me atrapó con la capacidad de mostrarme el lado más contradictorio de ellas.

Eugénie, habiendo crecido tan aislada, encerrada en su casa de provincia francesa (casi encarcelada) y con mínima educación, mantiene la belleza de lo puro de su corazón en el sin sentido que es su vida. Ella es igual de hermosa que ver a un infante corriendo por los prados y que no sabe los sinsabores que le esperan cuando crezca.

Este libro tiene momentos notables, como cuando el mezquino padre de la chica, que aprendió el arte de la negociación observando a los judíos, se hace pasar por tartamudo con el fin de desesperar a su interlocutor quien para terminar rápido con el asunto accede a básicamente todo lo que el tartamudo plantea.

Pero lo más notable es sin duda la descripción de Eugéne, esta mujer incorruptible que se convierte en solterona por cumplir con la rectitud de su espíritu y cuya visión de mundo no es compartida por nadie porque nadie está dispuesto a dejar de codiciar lo que otros ostentan.

Es la conciencia de los personajes lo que mejor podría explorar un escritor de talento y sin importar cuánto tiempo tenga un libro, su mayor valor es esa introspección. Pasa el tiempo, pero los seres humanos somos lo mismo; quizás esa podría ser la mejor razón para leer un clásico y Balzac lo confirma.

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