Ser voluntario: más allá del cliché

Primero se riega la semilla, luego ésta da frutos.- 

Cuando me gradué de la universidad, planifiqué algunas cosas que quería hacer con mi vida y una de ellas era realizar ciertos voluntariados. Llegado el momento, pude participar en distintos programas de servicio a la comunidad; recuerdo que uno consistía en ayudar a personas vulnerables o con altos grados de estrés a relajarse a través de técnicas de respiración yoguica; otro me llevó a la sala de clases de una fundación, donde jóvenes en riesgo social que estaban becados para sadescargacar carreras técnicas debían fortalecer su expresión oral y escrita; y el que recuerdo con más cariño fue en una biblioteca de una población capitalina, donde niños hasta 12 años llegaban después de la escuela para hacer sus tareas, jugar o simplemente leer.

La biblioteca estaba amparada por una organización religiosa y aunque no contaba con demasiados recursos era un lugar muy acogedor y con un ambiente realmente agradable. Los chicos aparecían con una sonrisa porque sabían que allí tendrían un espacio seguro y con todo lo necesario para desarrollarse. Había un jardín precioso por donde podían correr y los voluntarios los perseguíamos para ayudarlos a cumplir con sus deberes. Los viernes poníamos una película o repartíamos dulces, y más de una vez llegó algún voluntario con un montón de lápices de colores de regalo, para pintar y dibujar a destajo. Me dio mucha tristeza tener que irme al cabo de unos meses cuando tomé un nuevo trabajo y ya no pude seguir viéndolos. Aún recuerdo sus nombres, sus personalidades y algunas de sus historias de vida, y me pregunto qué será de ellos hoy.

La mayoría eran niños en cuyas casas había problemas de violencia intrafamiliar, alcohol o abandono por parte de uno de los padres. A veces, me muero de ganas de volver y cuidarlos por una tarde, para que tengan listos sus trabajos escolares o para que armemos el difícil puzle de mil piezas que era el mayor desafío para todos; una verdadera operación donde juntábamos las mesas y participábamos con gran entusiasmo.

Inculcarles valores como el esfuerzo o el compañerismo no era fácil. Había niños que llegaban enfermos, otros que mostraban un comportamiento más violento o solitario que la mayoría y en muchas ocasiones niños que no comprendían bien las tareas que les mandaban en la escuela y tenían serios problemas de concentración que no eran atendidos ni en el colegio ni en sus casas.Logo-Yo-Voluntario

Sé que algún día volveré aunque sólo sea para saludar. Habrá niños y voluntarios nuevos, pero espero que la misma labor se siga realizando con igual ímpetu. Lamentablemente, también sé que mi presencia no cambiará demasiado la vida que ellos han de llevar y que aunque esa biblioteca sea un maravilloso proyecto, lo más probable es que muchos de aquellos menores sigan pasando por los mismos problemas.

Es un cliché decir que en cada voluntariado que hice fueron las personas las que me aportaron a mí más de lo que yo pude aportar a ellas, pero no deja de ser cierto. A veces, cuando escucho a alguien quejarse de un problema que no presenta mayor dificultad siento deseos de sugerirle que haga un voluntariado, pero la mayor parte del tiempo me muerdo la lengua para no herir sensibilidades. Pienso que deberíamos ayudar más justo cuando tenemos muchos problemas, porque así tomamos distancia y ganamos perspectiva con respecto a nuestras propias vidas.

Estamos tan obsesionados con nuestras circunstancias, que no dejamos espacio para brindarle la mano a los que están peor y eso nos hunde en pensamientos negativos que nos hacen creer que somos mucho más importantes de lo que realmente somos. Ayudar a otro trae la lucidez de enterarnos de nuestra insignificancia en esta vida y este mundo, para dimensionar que el sufrimiento no es algo que ocurra en contra nuestro, sino un estado por el que pasa la humanidad entera. La humildad de reconocer eso, nos lleva a querer ser mejores con los demás, más amables, más considerados, optimizando inmediatamente también nuestras vidas, ya que la felicidad que produce hacer todo tipo de bien a otros, nos sana.

Cuando estaba en el colegio, había ciertas vías de  acción social que no me parecían serias y que finalmente sólo se prestaban para pasar malos ratos, lo que me dejó con una especie de deuda pendiente que quería saldar. Hoy sé que es imposible saldar las ganas de hacer de este mundo un lugar menos hostil, porque de lo bueno siempre queremos más. Aunque varias veces vi organizaciones viciadas y otras que derechamente sólo buscan lucrar en nombre de la beneficencia, otras veces conocvoluntarios350í personas que realmente sienten una vocación de servicio y regalan una sonrisa sin pedir nada a cambio.

Otro gallo cantaría si esas personas fueran las encargadas de gobernar los países, los ministerios, municipios, alcaldías. Puede ser que no constituyan aún la mayoría, pero he visto a quienes son capaces de dejar su ego de lado para un bien mayor y a pesar de todo creen en la bondad del ser humano. No quisiera mencionar organizaciones, pero casi siempre es gente que tiene muy presente la importancia de la espiritualidad en el día a día.

Me emocionó mucho ver a tantos jóvenes ayudar en los cerros de Valparaíso cuando ocurrió el gran incendio hace más de un año, y por supuesto que hay diversas ocasiones en que vemos a personas realizando grandes acciones generosas, pero algo ocurre en la sociedad que esos esfuerzos no son suficientes. Hay una desconfianza tal que nos hemos olvidado de sembrar.

El tema del servicio social es profundo y complejo, pero puede simplificarse si decimos que si no hubiéramos recibido ayuda en ciertos momentos de nuestras vidas, quizás muchas cosas buenas nunca nos hubieran pasado. Alguien tuvo que hacer algo, grande o pequeño, para que se generara un efecto, directo o indirecto, que te benefició cuando más lo necesitabas. Y si aún no sabes de lo que estoy hablando y crees que no has recibido nunca este tipo de cortesía, sal a brindarla tú primero. Es así: primero se riega la semilla, y después ésta da frutos. No puede ser al revés; nadie llega a la planta a decirle: dame frutos y luego te riego. Alguien tiene que dar el primer paso, y como dice el artista chileno Alejandro Jodorowsky: si no eres tú ¿quién? Si no es ahora, ¿cuándo?

Por: Vane.

*Recomiendo el documental Blood Brother, que se puede encontrar en Internet, que cuenta la experiencia de un joven que se va a India a ayudar en un hogar de niños con Sida (aunque creo que no hay que ir más lejos que una cuadra, para ofrecer la misma actitud).

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