¿Por el humo ? ¿O cortina de humo?

De todas las excusas que podría usar el Gobierno para distraer la mirada de las personas a los resultados negativos de su gestión, la polémica sobre dónde fumar me resulta como la guinda de la torta. Para peor, ya tengo tantas guindas, que no puedo comer ni una sola más. Si fumo un poco más allá o un poco más acá, en el parque, en la playa o si voy de copiloto en un auto, ¿por qué no se ocupan de lo realmente importante?

No soy ni fumador empedernido, ni estoy enamorado de ningún vicio, pero con todos los problemas que existen en un país como Chile, cuando la atención se pone en este tipo de discusiones uno comienza a preguntarle a la parentela si no tiene la posibilidad de sacar algún pasaporte internacional, algún abuelo proveniente de un país desarrollado, algo que nos saque de este circo.

Es muy molesto no querer fumar y verse afectado por el humo, pero ya tenemos una ley para eso y estamos llenos de reglas en el día a día, ¿quién defiende nuestra libertad? Fumar es opcional y mientras exista un sistema sólido de prevención de sus efectos, no se justifican prohibiciones como las que se están proponiendo. Si de verdad el espíritu de la ley es proteger la salud de las personas, el cigarro debiera estar derechamente prohibido; es adictivo, nocivo y mata.

hombre_fumando_2Pero aunque se le ha subido sistemáticamente el precio, la gente sigue fumando. Eso lo sabían todos de antemano, no importa el precio que se le ponga a una cajetilla porque el vicioso seguirá comprando. El alcohol es adictivo, nocivo y mata, y está perfectamente permitido en lugares completamente públicos, como restaurantes, fiestas o eventos de todo tipo. La cultura, en cambio, como los libros por ejemplo, son caros, inaccesibles. Hacen un bien y educan a las personas, pero se mantienen con altos impuestos. Alguien no quiere que tengas buena educación, pero al mismo tiempo le importa que no te fumes un pucho caminando por la plaza, no se vaya a espantar un niño.  Un chico cualquiera tiene mayores problemas hoy en Chile a que se le incentive o no un vicio como el cigarro. Problemas de todo tipo que lo podrían arrastrar a vicios peores que la nicotina. Uno se confunde como ciudadano con este tipo de políticas públicas y se pregunta; ¿es por el humo ? ¿O es una cortina de humo?

Conocí el cigarro a los 12 años, un compañero de curso tenía un hermano que fumaba. Igual lo hubiera conocido tarde o temprano aunque en mi familia nadie fumara. Desde ahí comencé por moda a pesar del desagrado físico que me producía, después por inseguridad o como una herramienta de distracción, pasando por considerarlo un elemento social que siempre ayudaba a conocer gente. Cuando ya estaba saliendo del colegio, podía dejar pasar semanas sin fumar hasta que una vez se me ocurrió dejarlo por meses para probar mi independencia del hábito. Cuando comprobé que estaba intacta, seguí fumando como modo de compartir con amigos, ya que casi todo el mundo fumaba. Hubo una etapa en que era una herramienta de seducción incluso, muy potente y efectiva. Luego comenzó a ser un signo de adultez, una especie de decisión que definía mi identidad, pero siempre frente a otros, ya que no me nacía hacerlo solo. Era bastante grande cuando me di cuenta que en las noches de juerga fumaba demasiado, estaba permanentemente ronco y no pasaba invierno en que no me diera una fuerte bronquitis.

Hoy fumo en ocasiones puntuales, dejo pasar semanas entre una y otra y reconozco que como mi cuerpo tiende a rechazarlo, eso me ayuda a no desearlo. Quizás no cuento con el gen de la adicción que se necesita para ser un fumador, pero defiendo mi derecho a fumar si así lo quiero y el que tiene cualquier persona a hacerlo. Cuando siento enojo o estoy en una situación aburrida tiendo a fumar y lo hago intensamente, puedo consumir 12 o más cigarrillos seguidos, principalmente si es de noche, pero como cada vez trasnocho menos tampoco es lo habitual.

Cuando miro a fumadores empedernidos, de esos que no pueden conversar sin un cigarro en la mano, que no pueden pensar siquiera y que son dependientes me veo de algún modo reflejado y me doy cuenta de lo extraño que se ve. Para algunos es como una religión, una devoción y eso resulta chocante a la vista. Es violento ver cómo otro se daña lentamente, así con pasión. Cada bocanada es disfrutada y cada vez que la persona aspira me debato entre fijarme en ella o en su vicio, es como si el individuo se perdiera y quedara detrás de su acción. Pero eso sucede con todo los miles de malos hábitos que tiene una sociedad.

Así y todo, pienso que incluso esa persona que está atrapada por un vicio, tiene el derecho de poder manejarlo en libertad. Por supuesto que no estoy de acuerdo con crear fumadores pasivos o molestar y dañar a otros, pero los lugares al aire libre son él último espacio donde podemos ser; ir viendo, probando, cambiando mientras estamos insertos en una comunidad diversa y no encerrados en las cuatro paredes de nuestras casas. Hay vicios que tienen su lugar en la vida, que existen para mostrar el lado negativo, hábitos que algunos quieren esconder debajo de la alfombra como para ignorar su origen y la real causa de su existencia. Hablémoslo abiertamente, no pongamos barreras divisorias o reglas fijas que no apelan al fondo del asunto.

No se trata de hacer una defensa pública del cigarrillo y ni loco formaría parte de grupos a ratos extremistas como los “Fumadores Furiosos” y otros, que saltaron inmediatamente con esta polémica. Déjense de tonterías señores gobernantes y pongan énfasis en los problemas que realmente nos afectan. No se puede salir porque te asaltan, la educación es mala, cara y no asegura el futuro de nadie, la salud se cae a pedazos y la corrupción no da para más. Si brindamos educación real desde el principio, lo más probable es que no se vean demasiados fumadores caminando por las veredas y que fumar sea algo así como comerse un pedazo de pastel de vez en cuando.

Por: Nando.

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Categorías:Columnas

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