Vivir consciente, ¿da más trabajo?

conciencia-despierta-294x300Venimos escuchando hace un buen tiempo el mensaje en medios de comunicación y en conversaciones triviales: hay que vivir conscientes. Suena hasta trillado, sin embargo en la practica resulta cuesta arriba y no vemos realmente a nuestros pares viviendo de una forma que queramos o podamos imitar ¿Será porque estamos demasiado cansados, porque somos flojos, o simplemente no entendemos de lo que nos están hablando?

Es difícil saberlo en estos tiempos cuando efectivamente todos estamos quemados o agotados con las obligaciones, tanto impuestas como auto impuestas, y a la vez consideramos que estamos siendo holgazanes cuando no cumplimos con todas las exigencias. Pero además, no es menos cierto que nadie nos ha explicado desde un principio en qué consiste estar consciente, ya que si bien escuchamos sobre ello, no nos llega por una vía formal, esa forma oficial que nos encanta porque se siente acreditada para moldearnos y al hacerlo todo el asunto deja de ser apenas una volada de un par de hippies. No entraremos ahí, pero probablemente nunca nos llegue de esa manera, porque a los grupos de poder que gobiernan no les conviene crear personas alertas y bien educadas que de pronto se pongan a exigir una calidad de vida mayor a la que tienen.

Para explicar qué es ser consciente lo más fácil es usar a los niños de ejemplo; ellos están en permanente conciencia porque tienen las antenas paradas, por así decirlo, ante todo. Están despiertos y entusiasmados, reparando en todo lo que ocurre a su alrededor. Vivir así no es lo que opta la mayoría porque es más trabajoso. Es más fácil botar el plástico a la basura más cercana que andar juntando los plásticos para ir a reciclarlos, o no cerrar la llave del agua esos segundos en que no la estoy usando mientras me lavo los dientes, que hacerlo, en fin. Estar despiertos presenta más problemas que estar dormidos, es obvio.

Los adultos, en cambio, o la mayoría de nosotros al menos, fuimos perdisurprised-babyendo esa capacidad de atención en el camino. No escuchamos nuestro cuerpo, nos volvemos desconsiderados, damos todo por sentado y de la capacidad de asombro ni hablar, se perdió hace rato. Haría falta parar, mirar y escuchar pero ya sin tanto ruido mental que nos distraiga, y ha sido el milenario Oriente el que ha proporcionado a Occidente las herramientas para lograr mayor conciencia, con su yoga y meditación que hacen furor en el mundo entero. Lamentablemente, este boom ha crecido más como una forma de deporte que como una manera de crecer en consciencia.

El racionalismo sigue imperando en las sombras toda vez que el exitismo es la meta última de cada persona. Ser más que el otro, más guapo y más inteligente que el de al lado y a ratos apuntando a metas sin tomar en consideración nuestras capacidades o talentos para aportar a la sociedad, sino de acuerdo a los estándares impuestos. Así, por ejemplo, todo ingeniero quiere hoy ser Steve Jobs o Albert Einstein, que nunca pasa de moda.

Pero, ¿está la inteligencia sobrevalorada? Olvida por un momento ser inteligente y enfócate en ser consciente, ¿cuál es la diferencia? ¿cuánto se gana? La coherencia con lo que verdaderamente eres, versus la exigencia de ser lo que no, te trae de vuelta al paraíso. Nosotros sí somos seres conscientes afectados por un ambiente falto de una educación acorde a nuestra esencia.

No somos víctimas de aquello, somos agentes activos en el proceso de crear formas de vida y en este tiempo y esta hora, las formas de vida añejas ya no se sostienen porque nos están matando. Es cierto que hay mayor educación que antes, por ejemplo en temas como la ecología, lo que ha permitido a las nuevas generaciones ser más conscientes del daño ambiental de sus actos, pero esas mismas personas siguen siendo bastante inconscientes con los demás y con ellos mismos en otros ámbitos.

El primer paso para despertar puede ser trabajoso, pero como todo umbral abre una ventana hacia una nueva visión más adelante. Es cosa de plantearse frente a la situación y decidirse a poner las energías en una inversión para nuestro bienestar o ponerla en más logros vacíos y cosas materiales. Se genera además una reacción en cadena, con una actitud contagiosa para las personas alrededor lo que se traduce en bienestar colectivo.

No hay que confundir trabajar por nosotros mismos con individualismo, donde me ocupo de yo estar bien y me desentiendo de lo que ocurre en mi alrededor. Se trata más bien de estar en contacto con todo y con todos, bajar las barreras, crear puentes, mirar a los ojos, darse cuenta, observarnos, conocernos. Es volver a tener el sentido de pertenencia con nuestra vida y el mundo que teníamos cuando niños, involucrarnos en la vida tomando el lugar que siempre fue nuestro, uno que no es de protagonistas, sino de partes de un todo insondable que a la vez se expresa en cada grano de arena.

Ahí, el viaje de esta vida recién comienza.

Por: Mane.

 

 

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