Viejas películas

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Cuando era pequeña ver películas en VHS, principalmente gringas, con mis hermanos y primos era un panorama obligado. Yo era la más chica y no me dejaban elegir, por lo que vi muchas veces Tiburón, Back to the Future, Loca Academia de Policías, Cuenta Conmigo y monitos animados como Tom Sawyer o Garfield. De todos modos, siempre terminaba disfrutando las historias y se me llenaba la cabeza de ideas. Quería ser actriz, pero no me encontraba lo suficientemente bonita.

Cuando vi Splash, con Tom Hanks, me enamoré perdidamente de él. Tenía un compañero de curso idéntico que después pasó a ser mi pololo y me creí sirena por muchos años (por suerte no llegué a tatuarme una). Pero la película que más me cautivó fue la Joya del Nilo, con Michael Douglas, que en esa época tenía un magnetismo irresistible. La cantidad de aventuras, el romance, los viajes, el humor, los peligros, muy a lo Indiana Jones, me fascinaba y por supuesto quise ser escritora como la protagonista. Por razones diferentes terminé estudiando periodismo y hoy recuerdo cómo esa película me hacía sentir que valía la pena vivir para llenarse de historias y experiencias.

Vi La Joya del Nilo antes que En Busca de la Esmeralda Perdida, que la precede en la secuela, y ahí comprendí mejor toda la trama. Cada situación que ocurría me llevaba a desear crecer rápidamente. El colegio me aburría, aunque traté de aprovecharlo lo más posible, pero como mis hermanos grababan todo el tiempo desde la televisión las películas que daban, me era muy fácil estar siempre soñando con distintas historias.

La joya del NiloCreo que se me iban los años soñando, tenía una imaginación abundante, aún es así, pero en la adolescencia podía sumergirme en mí misma con total facilidad y soñar despierta como si todo fuera realidad. Con el tiempo uno se deja llevar por sus propias fantasías cada vez menos, pero recuerdo cómo de pequeña no hacía demasiada diferencia entre mi mente y las producciones de la misma.

Es nostálgico acordarse de esas películas con actores que hoy son leyendas, de cierta manera son caras tan familiares con las que hemos crecido y que seguimos viendo como si formaran parte de nuestra historia personal. También es cómico ver cómo han mutado las producciones, los guiones, las formas de actuar, pero quizás lo más notable es volver a ver una de esas viejas películas que vimos a los 9 o 10 años y reencontrarnos con escenas que habíamos olvidado y con otras que nos marcaron.

Yo pude visitar muchos años después el desierto de La Joya del Nilo, y se me vino a la mente la escena de Joan y Jack cuando son invitados por una tribu a presenciar sus bailes durante una noche a la luz del fuego de sus hogueras. Joan se anima a bailar con la tribu y Jack no puede dejar de mirarla. El desierto africano es uno de los lugares más románticos que he visto en mi vida y me produjo también otras muchas sensaciones, pero la primera fue la que las películas gringas habían producido para mí a temprana edad.

El cine que vi de pequeña era casi todo del mismo tipo, pero lo recuerdo con mucho cariño como una fuente de ideas y como una forma de saber más del mundo. Los niños tienen mucha hambre de mundo y hoy las posibilidades de que lleguen a un cine rico, tanto en planteamientos como en realización, es mucho mayor. Las imágenes y escenas que vean ahora las recordarán en 20 años más y las guardarán en un baúl de imaginaciones inocentes, instancias donde alguna vez afloró con plena libertad la creatividad.

Por: B.

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