Earthlings: ¿Eres amante de los animales? ¿En serio?

Hay tres etapas de la verdad; el ridículo, la oposición violenta y la aceptación.

Hoy son una comunidad mundial prácticamente; los amantes de animales. ¿Amantes? Habría que entrar en detalle para saber si estamos amando a los animales con los que compartimos el planeta. El documental Earthlings (2003), dirigido por Shaun Monson y narrado por el actor y activista Joaquín Phoenix, es difícil de ver, yo lloré bastante y me salté varias partes, pero no sé de qué otra forma se podría generar conciencia del horror que les hacemos vivir a los animales.

51zVUpvjBaLNo es que yo pueda recomendar que todos seamos vegetarianos, me encantaría pero no he podido serlo yo misma porque siempre he tenido anemia, una enfermedad crónica y difícil de sobrellevar, sin embargo hay carnes que no como (rojas, cerdo, cecinas, interiores, embutidos, además de huevos), otras que evito (pollo, pavo, mariscos) y otras que frecuentemente como sin ganas (pescados). Tampoco podría llamar a las personas a ser pescatarians, porque el sufrimiento es universal para todo ser vivo, aunque creo que si la ley fuera mejor, habría pescados sanos para todos (hoy están llenos de antibióticos), sin grandes consecuencias ni para el mar ni para la gente. Sería el mal menor.

Algunas veces, estoy en un cumpleaños y picoteo un poco de carne porque tengo mucha hambre y es todo lo que hay, pero inmediatamente me arrepiento porque mi cuerpo reacciona violentamente como si fuera veneno. No me atrae comerla, pero actúo ante un pedazo de carne igual que cualquier otra persona con hambre y lo he comido cuando no he tenido opción. Hay otras aristas del maltrato animal que este documental -premiado y alabado en el mundo entero- visibiliza; como los circos, los zoológicos, la ropa, los zapatos y las prueba de maquillajes y medicamentos.

Cuando pienso en la película “Viven” y en cómo los sobrevivientes del accidente en la cordillera tuvieron que comerse a sus compañeros muertos para sobrevivir, creo que yo también lo habría hecho. Hoy, consumimos animales como si no hubiera otra opción, pero la hay. Una persona puede vivir en forma sana sin hacerle daño ni a los animales, ni al medioambiente, ni a si mismo.

Recuerdo que el primer argumento que me dije a mi misma para no querer comer carne cuando era pequeña, fue que los animales eran mis amigos. Yo vivía alfrente de un parque donde vendían mascotas de todo tipo, y cada cierto tiempo cruzaba la calle y me compraba un conejo. Cuando el último conejo se escapó, mis padres compraron un canario, pero una mañana escuché a mi mamá alegar contra un gato que había roto la jaula y se había comido al pajarito. Se me oprimió el corazón, pero quizás eso era mejor a que el pobre estuviera encerrado tras las rejas. La última mascota pequeña que recuerdo fue una tortuga que se perdió en el jardín, lo que dio paso a un cachorro dálmata, lejos lo más lindo que yo había visto en mi vida.

A los pocos meses, el pololo de mi nana lo atropelló con su auto y mi hermano recogió un quiltro de la calle que corrió una suerte parecida, cuando quiso hacer sus necesidades en la mitad de una avenida. Ambas veces vi con horror cómo mi nana los tomaba de las cuatro patas y los tiraba al basurero.

Cuando tenía entre seis y diez años iba muy seguido al zoológico y me fascinaba ir directo a ver la pantera negra, todo el mundo hablaba de ella porque era el animal más peligroso. Era fantástica, yo la miraba directo a los ojos con completo pavor, temiendo que fuera a romper los barrotes y comerme viva, pero recuerdo que tenía una mirada ida y que uno podía adivinar su sufrimiento en ese espacio reducido. Unos años más tarde estuve en España en una corrida de toros, por primera y última vez. Me hubiera encantado irme apenas vi el maltrato al que era sometido el animal, pero me tuve que mantener hasta el final junto a la turba de gente que aplaudía ante cada muestra de violencia. Yo pensaba que era la única que se sentía mal, porque en esos años nadie hablaba demasiado de los derechos de los animales, pero seguramente para muchos era realmente desagradable ver correr la sangre de un toro inocente, sólo que no lo cuestionaban. elephant-chainsEs lo que nos puede ocurrir al comprar una cartera, que olvidamos que podría tratarse de la piel de una criatura como si la idea no lograra entrar en nuestras cabezas. El cuero sintético es igual de lindo; las características pueden ser diferentes, pero es nuestra mente la que debe cambiar.

Así, me he subido a camellos y elefantes y aunque sus cuidadores manifestaron en su minuto que eran animales bien cuidados, nunca lo sabré con certeza. He nadado con delfines en estanques reducidos y a cargo de gente que los obliga a jalar a las personas que se toman de su aleta para ser llevados por ellos, lo que les permite sacar la fotografía de recuerdo…no puedo explicar lo arrepentida que estoy de eso, pero apenas me di cuenta de la fuerza que tenía que hacer el delfín para llevarme lo solté. Hoy me cuesta ver cuando personas montan sobre caballos, aunque sé que fueron incomparablemente útiles por siglos, pero utilizarlos para nuestra mejor calidad de vida no es lo mismo que maltratarlos, domarlos, privarlos de su libertad, de su forma natural de vida. Para qué decir los circos; con ver “Dumbo” fue más que suficiente.

Como yo no quería comer carne, mi padre me convenció de que era la única forma de crecer y me prometió que a los 18 años sería libre para dejarla. Por mientras, mi mamá me ayudó y escribió en mi libreta escolar una nota para que los profesores no me obligaran a comer ciertas carnes o huevo en el colegio, salvándome de quedarme encerrada todo el recreo en el comedor debido a que te obligaban a dejar la bandeja vacía. Finalmente opté por comer la carne bien cocinada en mi casa, tipo carbón para no sentirla como animal.

Luego, aprendí que los humanos tenemos un intestino distinto al de los animales que se comen entre ellos y que no estamos diseñados para consumir carnes y que a los adultos con problemas de corazón y colesterol los médicos les quitaban la carne del régimen. Con el tiempo se sumó a mis argumentos un nuevo lado que conocí del vegetarianismo, más interesante por cierto, sobre el ámbito espiritual, específicamente con la frase “uno es lo que come”. Lo hemos escuchado por años pero por alguna razón no lo incorporamos. La profundidad de esta frase plantea que al comer un animal, como la vaca por ejemplo, incluimos todo sobre ella tanto en nuestro cuerpo, como en nuestro espíritu. Su animalidad entra en nosotros, que como humanos somos seres más evolucionados que una vaca, y adoptamos aspectos de ella. Comer un pollo, por otra parte, que es un ser menos evolucionado que la vaca (biológicamente hablando) sería menos dañino para un humano, en términos que pasaría a ser parte nuestra pero en su menor nivel. Y un pez, que está por debajo de un pollo en evolución, nos brindaría aun menor grado de animalidad.descarga

Cuando vemos a una persona rabiosa, violenta o con actitudes brutas y poco civilizadas, digamos esos típicos individuos agresivos que ante un problema lo primero que hacen es tirar un par de combos, o quienes gustan de atropellar al otro en todas las formas en que puedan hacerlo, podríamos asumir que se trata de alguien que come muchas carnes. Puede haber otros motivos, por supuesto, pero en gran parte, su dieta determina su forma de ser y sin duda también su salud.

Este motivo, el del aporte animal a mi cuerpo y espíritu, me pareció tanto más potente que el motivo animalista, lo reconozco. Por ponerlo de algún modo, me hacía sentido vivir de forma tal de desarrollar mi propio ser sin interferencias del exterior. Finalmente me enteré del motivo medioambiental. El gas metano que producen las vacas sometidas a mataderos, genera gran parte de los gases de efecto invernadero que han destruido la capa de ozono. Hoy, el cáncer a la piel es como pegarse un resfriado.

Creo en el régimen vegetariano -no vegano-, al que se está sumando mucha gente, lamentablemente aún siendo minoría. Pero hace 10 años nadie se atrevía a ser vegetariano y decirlo abiertamente sin ser apuntado o juzgado. Mi abuela decía que si no comes carne eres un muerto de hambre, ese era el pensamiento transversal. Por otra parte, a mi me han dicho de todo por no comer en los asados, desde “rara” hasta “loca”, y por supuesto que hace rato me cansé de dar explicaciones a la pregunta ¿y por qué no comes carne? Sólo cuando veo un interés genuino, me animo a dar mis razones.

Ahora tengo amigos vegetarianos que antes no encontraba por ningún lado y creo que hoy con las tecnologías de la información podemos enterarnos de cómo vivir mejor y ser mejores por el bien de todos los seres vivos. Es lo que hace este documental, Earthlings, mostrando todas las aristas del problema. Incluso hemos enviado animales al espacio exterior, ¿qué hemos estado haciendo?

Hay quienes defienden la prueba de medicamentos en animales, pero otros argumentan que no es necesaria ya que de todas formas las drogas deben ser usadas en humanos antes de salir al mercado. Aquí entramos en la medicina, la farmacéutica y cómo enfocamos la enfermedad. ¿Estamos curando las enfermedades? ¿O las estamos tapando, atacando sus síntomas? Hay quienes postulan, cada vez con mas fuerza, que no es a través de estas drogas -probadas en animales y luego en humanos- que una persona puede sanarse y, por otra parte, que la idea sería aprender a no enfermarse.

Todo parece caer en lo mismo: la falta de educación de calidad. Nacemos y morimos ignorantes, pero el mundo ha mutado innumerables veces y conocer nuestro peor lado podría ayudarnos a seguir evolucionando. Tengo mucha fe en que los más jóvenes puedan mejorar las cosas con una mentalidad avanzada, a la altura de los problemas, y al mismo tiempo creo que cada uno debe comenzar por casa a ser el cambio que quiere ver en los otros. El sufrimiento innecesario de animales es un hecho escalofriante y Earthlings no tuvo censura para decirlo. Si vamos a amar a los animales, no censuremos nuestro amor.

 

Link en Youtube de Earthlings subtitulado:

Por: RL.

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Categorías:Notas y Entrevistas

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