Mi vieja y querida dama

8153_poster_iphoneMy Old Lady, en su título original en inglés, fue escrita y dirigida por Israel Horovitz y es la adaptación de su propia obra de teatro que eligió de entre muchas que ha creado, para dirigir un film por primera vez a sus 75 años de vida. Quizás fue una decisión ligada al tema de su propia vejez o a las sabias formas de tomarse la vida cuando está llena de secretos y revelaciones. Tal vez para algunos, hasta epifanías.

Un cincuentón, alcohólico, con tres matrimonios a cuestas y tres novelas sin publicar, Mathias Gold (Kevin Kline), llega a Paris desde Nueva York con la esperanza de recuperarse de su banca rota con la venta de un departamento que le dejó su difunto padre, solo que al arribar descubre que allí vive la anciana Mathilde (Maggie Smith) con su hija Chloé (Kristin Scott Thomas), quienes por ley pueden seguir usando el lugar hasta que Mathilde fallezca.

Mathias tratará de conseguir dinero con una lógica parecida a la de un adolescente mafioso, mientras que irá descubriendo su verdadera conexión con Mathilde, más allá del parecido de sus nombres.

Es una historia de ritmo justo; es decir que afortunadamente no va demasiado rápido como los éxitos de taquilla, ni demasiado lento como el cine chileno, sino que encanta con risas cada cierto tiempo, romance a gotas y una pizca de suspenso dramático.

El asunto que subyace en toda la trama es esa certeza que tenemos de que si nuestros padres no nos demostraron su amor cuando fuimos pequeños, entonces nunca seremos amados, algo que jamás fue cierto pero que parece recorrer la cabeza de tantas personas en la adultez. A veces, culpar a los padres es algo que hacen los otros, mientras nosotros vivimos seguros de que ninguna de nuestras decisiones tiene que ver con la niñez que nos tocó, y puede que sí tengan mucho que ver pero de ninguna forma determinan las infinitas posibilidades que tenemos de hacer nuestro propio camino.

Y a veces, la vida te tira un hueso por aquí o por allá y como milagro salvamos. Como Mathias y Chloé, dos personas que a mediana edad quieren olvidarse de por qué son como son y comenzar a aceptar todo con cierta gratitud. Como cuando observamos a una flor que está a punto de marchitarse y sólo ahí nos dan ganas de que no muera nunca.

-No soy hermosa-, dice Chloé -soy casi vieja-.

-Una flor perfecta es casi vieja-, responde tardíamente Mathias, reconociendo su propio cliché.

Hace un buen tiempo que no salía de la sala de cine escuchando aplausos al final de la película. Kevin Kline y Maggie Smith desbordan un química perfecta, conservadora, pero magnética. Aunque ella gana en el gallito, porque no hay nada como una actriz madura que olvidó las pretensiones o las exigencias al género femenino y se presta como percha para el personaje. En ese rol astuto y resuelto, puede que haya encontrado su mayor satisfacción como actriz. La imagen parisina clásica no aburre y el guión aporta la honestidad de hablar sobre vidas atormentadas que siempre siguen adelante.

 

Trailer de Mi Vieja y Querida Dama:

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Categorías:Cine

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