El manoseo de la palabra felicidad

imagesLa felicidad está manoseada, hace 15 años no se mencionaba la palabra y hoy está repleto de escritores, sitios web y conferencistas que hablan del tema sin parar. De todas las preguntas que se han hecho y todas las respuestas que se han dado, lo más relevante parece ser entender de dónde viene, pero no precisamente para poder ir a buscarla, sino para por fin entenderla.

Ya sabemos que todos hemos estado felices igual como hemos estado tristes, tenemos identificadas las cosas que nos sacan una sonrisa y con el tiempo vamos valorando los momentos memorables como un regalo de la vida. La emoción misma de felicidad ha sido estudiada en experimentos sociales, psicológicos y médicos, sin embargo su fuente no ha sido enseñada como parte del conocimiento que todo ser humanos debiera poseer.

Cuando vas mostrando en tu cara una sonrisa, a veces puedes escuchar comentarios como: “mira, anda feliz”. Suena a algo antojadizo, o bien al resultado de algún hecho específico. Pero hay personas que pueden verse felices por una decisión tomada en conciencia, no como cuando analizamos algo grave o serio, sino como algo que sabemos que afecta nuestro día a día y por ende nuestras vidas.

172040__mood-joy-happiness-jump-fly-man-guy-grass-sky-clouds_pEse lugar de dónde sacan la felicidad porque sí, es la fuente. No es el mero positivismo barato que se vende como si la vida tuviera que ser un éxtasis de alegría; más bien es una parte nuestra que aflora naturalmente si la aprendemos a controlar. Un buen ejemplo sería el trabajo de un actor, que debe expresar emociones que no necesariamente siente pero que puede interpretar si toma conciencia de que es capaz de encontrarlas dentro de sí.

Hay que dejar de vender la felicidad como un fin último y comenzar a explorar cómo podemos ser capaces de vivirla, expandirla y luego sobrepasarla. Es difícil ver la felicidad como un obstáculo, porque es un lugar donde queremos quedarnos, pero no solamente necesitamos de un equilibrio de las emociones para nuestro bienestar, sino que somos mucho más que ellas y quedarnos ahí podría ser perderse de todo el paisaje.

Una de las consecuencia inmediatas de estar feliz es querer ver feliz a otros, por lo que sería un efecto contagioso, como la risa. La alegría nace naturalmente en los niños y sus sonrisas suavizan nuestro corazón. Todos queremos estar bien, pero no sabemos si ese es el objetivo fin de la vida y quizás no lo sea para nada, tal como afirman, por ejemplo, los textos védicos de India, donde se explica la vida en este mundo como una escuela con cursos de aprendizaje.

Este aprendizaje no tiene que ver con acumular conocimientos, sino con la sabiduría pura que nadie nos ha enseñado pero que intuimos en las capas profundas de nuestro ser. La antropóloga chilena Patricia May lo explica muy bien en casi todos sus libros, cuando habla del proceso evolutivo humano y sus desafíos.

asi-es-mi-sonrisaEl manoseo constante de la palabra felicidad, nos enfrenta al desafío de averiguar qué rol juegan en nuestra vida las emociones y cómo podemos manejarlas. Una vez dentro de ese estudio, podemos darnos cuenta de que hay algo que subyace a las emociones, un centro previo, la base que nos compone y que no cambia con el tiempo. Eso inalterable, que le podemos llamar ser, va más allá de lo feliz o infelices que nos sintamos.

Los budistas llaman a este mundo “valle de lágrimas” y creen que con nuestro esfuerzo y voluntad debemos salirnos de la rueda de la vida, que nos obliga a estar aquí una y otra vez para aprender. Ellos no creen en la felicidad como una meta porque, según piensan, el bienestar viene del reconocimiento de cada persona de su esencia, que nada tiene que ver con las emociones. Éstas son meros instantes, totalmente manipulables, como títeres que podemos poner o sacar del escenario sin problema alguno cuando queramos.  Esto no sería una prueba imposible, al contrario; sería tu propia capacidad.

Hoy, que todo debe ser entretención, distracción, que hay una oda a la perfección y donde hemos matado el curso natural de las cosas, quizás valdría la pena darle un segundo pensamiento a la felicidad. ¿Qué haremos si no la conseguimos? ¿Cuánto de mí se lleva una emoción, una más de tantas? ¿Es esto lo más importante? ¿Por qué?

Como en todo orden de cosas, algunos se sentirán llamados a encontrar las respuestas y otros seguirán en la búsqueda eterna de una meta impuesta y gastada.

 

Por: Revista Humana.

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Categorías:Notas y Entrevistas

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