Documental chileno: El Botón de Nácar

imagesCon guión y dirección del cineasta nacional Patricio Guzmán, quien cuenta con una extensa filmografía y varios premios internacionales, el documental El Botón de Nácar nos habla del océano y la importancia del agua a través de una narración que pasa por la historia de Chile, los pueblos originarios de la Patagonia, el cielo, las estrellas, el cosmos y más.

Ganador del Oso de Plata de la Berlinale 2015 y el Premio del Jurado Ecuménico del Festival de Berlín 2015, este film está hecho para ser visto en pantalla gigante, sin popcorn y con los ojos bien abiertos. La calidad de las imágenes es perfecta, la música de fondo y el material histórico reunido se complementan en armonía con las voces entrevistadas, aunque lamentablemente no con la voz narradora. Guzmán no dio con el tono ni los ritmos necesarios para captar la atención del espectador y su voz quedó bastante plana, al igual que en algunos otros de sus trabajos. Este factor, obviamente intencional, no le hace un favor al hilo del relato, por lo contrario, dificulta su seguimiento.

Sin embargo, este aspecto queda salvado por el paisaje sin duda sobrenatural, con volcanes, montañas, glaciares, etc, que sobrecogen la vista y nos recuerdan que somos casi por completo sólo agua. Por estos días, astrónomos de las entidades que ya todos conocemos, nos cuentan que hay agua en Marte y en Plutón y esperan que todos nos maravillemos, pero lo raro sería que no hubiera agua en todas partes y este punto se explica muy bien en el documental. Nos toman a todos por idiotas cuando al 2015 nos vienen con esto como si fuera la gran noticia, ¡si somos estrella con agua nosotros mismos! Hay que dudar de que no lo tuvieran confirmado hace muchos años y por alguna razón estratégica lo estuvieran contando ahora.

En fin, en Chile nos olvidamos de los cuatro mil kilómetros de costa que tenemos al Pacífico porque la cultura marítima nacional no existe. Mientras los pescadores intentan sobrevivir entre las reglas, los indígenas prácticamente han desaparecido y la violencia con el medioambiente y entre nosotros mismos continúa, se agrava y arrasa. El nombre escogido para esta obra da pistas de lo que estoy hablando y hay que verla para entender.

2071755Hay momentos de otro planeta en este documental, como cuando una de las entrevistadas kawéskar cuenta que en su lengua no existe la palabra Dios, o la palabra policía. Obvio, para qué iban a existir si ellos vivían en paz y sincronía con todo, no necesitaban explicar nada ni menos hacer ningún tipo de mal a nadie. O cuando se escuchan las voces de cantos viejos que se mezclan con los ruidos maravillosos de la naturaleza, como mantras espectaculares de verdad.

El destacado poeta chileno Raúl Zurita es parte de las voces que se escuchan y da inicio a la “historia” con su frase: “Todos somos arroyos de una sola agua”. El problema es que nadie/pocos lo saben ni a nadie/pocos les importa. Había siete personas en la sala de cine, mientras que para el estreno de una saga gringa con el argumento de salvar el mundo a punta de violencia, había hasta fila.

El Botón de Nácar podría caerse apenas en un ir y venir entre temas, factores, testimonios y opiniones, y hay que decir que paradójicamente no corre ligero como el agua, pero su valor es superior; está por encima de detalles como ese porque abre una ventana para que saquemos las cabezas y vivamos nuestra agua. Si su vida se siente seca, vaya a verla.

Trailer de El Botón de Nácar:

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Categorías:Cine

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