Sanar es otra cosa

alam2Los doctores occidentales no saben sanar, porque sanar es un milagro. Saben diagnosticar y lo que sucede en los mecanismos del cuerpo cuando enferma. Saben qué droga produce un efecto en esos mecanismos y se actualizan de las nuevas drogas que producen nuevos efectos. Pero eso no tiene nada que ver con sanar.

Hay que partir diciendo que la medicina y los avances de la ciencia nos han ayudado a erradicar enfermedades mortales, plagas incluso, y debemos reconocer su aporte a nuestro bienestar y salud, pero cuando hablamos de sanar un cuerpo aludimos a otra cosa.

Un médico oriental, por ejemplo, podría saber todo lo que conoce uno occidental pero además puede guiar y educar al enfermo para que tome parte activa en su sanación, una que el cuerpo sabría perfectamente cómo realizar si no fuera porque la situación supera su capacidad de respuesta. Es decir, existen enfermedades agresivas que arrasan con todo a su paso, pero incluso de muchas de ellas un ser humano podría sanar.

Primero hay que comprender que cuerpo, mente y alma no están separados, sino todo lo contrario, forman una unidad. Por lo tanto no puedes sanar el cuerpo sin ocuparte de tu mente y de tu alma. Por otra parte, si bien es adecuado usar medicamentos que ayuden a aliviar crisis o mejoren la calidad de vida de una persona, aquellas drogas se dirigen casi siempre a los efectos y no a las causas. En otras palabras, usarlas es tapar el origen y por ende cegarnos a la evolución natural de la enfermedad; un grave error, porque al conocerla recibimos la guía del cuerpo para identificar qué es lo que anda mal.

Es obvio decir que hay casos donde hay que actuar inmediatamente, pero pasada la crisis es importante saber cómo y por qué ocurrió. En el caso de las enfermedades crónicas, que son las más pesadas ya que generalmente se quedan con la persona por toda una vida, la clave no es tapar, sino descubrir. Observar, interpretar y modificar. El cuerpo atiende las órdenes de la mente y el alma, se podría incluso decir que el cuerpo es un resultado de ambas pero para no complicarnos, diremos que si aparece una enfermedad crónica es porque tu cuerpo -un sistema altamente complejo que hará todo por protegerte- no está de acuerdo con el ambiente o tu mal manejo frente a ese ambiente. Se genera así una deuda, y ya sabemos lo que ocurre con las deudas: no hay plazo que no venza. Si no haces algo, empeorará.

El médico occidental servirá para controlar niveles y dosis. Hacer un examen, determsaaaaaaaaaaainar un diagnóstico y sugerir medicamentos, pero de tu sanación no sabe demasiado. Pongamos el ejemplo de una persona que convivió quince años con una enfermedad crónica y que a medio camino decidió dejar los doctores y sus recetas -de la forma en que corresponde (no de golpe)- y mirar cómo se comportaba su cuerpo. La llamaremos Sara.

Sara no había estado sin drogas en años, apenas sintió los primeros dolores la taparon de pastillas y de ahí en adelante todo fueron palos de ciegos para buscar una vida normal. Por fortuna, podía decir que en todo ese tiempo no dejó nada de lado, si bien algunas actividades le complicaban más que otras, luchó por un día a día lo más parecido al que hubiera tenido de no estar enferma. Pero ahora que el cuerpo podía hablar sin tapones, se dio cuenta de lo que decía.

Identificó, por ejemplo, a qué tipo de sucesos reaccionaba y con qué intensidad. Vio claramente cuándo aparecían dolores por algo que ocurría fuera de ella y cuándo aparecían por algo que pasaba dentro de sí misma. La enfermedad, para su sorpresa, no era agresiva, como en un comienzo, si no más bien pareja y tolerable, lo que le hizo pensar que apareció de forma violenta para llamar la atención necesaria, para después obedecer al manejo que ella misma haciera de las causas y síntomas.

Hasta ahí, es complejo dar crédito al hecho de que ella misma pudiera controlar en algún nivel el comportamiento de su cuerpo que gritaba a través de la enfermedad, sin embargo era intentarlo o volver a los fármacos. No había opción. Los primeros años fueron duros, sentía dolores, tenía dificultad para pararse de la cama y hacer cosas normales, pero haciendo un esfuerzo podía seguir el día sin perder el buen ánimo. La primera lección fue que debía hacer caso a ciertas señales y una de ellas fue la necesidad del desarrollo de su lado artístico, que con el tiempo había dejado de lado. Como todos sabemos, el arte nos eleva a todos. El resultado de los cursos que tomó, los libros que leyó, las personas que conoció era abismante. No necesariamente duraderos, pero si efectivos, lo que indicaba claramente que debía realizar actividades artísticas de forma constante.

Lo segundo fue abrir el abanico de opciones, averiguar sobre la medicina natural e ir probando alternativas en caso que existiera eso justo que ella necesitaba. Así fue y una marca de medicina bioreguladora le eliminó por completo y en el segundo cualquier dolor. En ese punto se arrepintió de todo el dinero y tiempo gastado en otras opciones tóxicas que le habían destrozado el estómago y la voluntad. Agradecía que el camino le hubiera ido mostrando estos pequeños descansos donde llenarse de energía. Eran pequeños porque no siempre podía acceder a ellos y porque al mismo tiempo quería seguir averiguando sobre las reacciones de su cuerpo.images

Aprendió muchas lecciones más, como el efecto la mala alimentación, los malos hábitos y la interesante posibilidad de aprender a manejar sus emociones y pensamientos negativos. Quizás la lección más valiosa fue reconocer que el mundo en que vivimos podía ser a ratos un ambiente demasiado hostil para la sensibilidad de su persona. Como a pesar de aquello, su deseo de vivirlo y experimentarlo era tan grande, aceptó que sólo a ella y a nadie más le importa su bienestar y asumió para siempre la tremenda responsabilidad de velar por él contra viento y marea. Esto tendría costos, a veces más altos de lo que hubiera estado dispuesta a pagar antes, pero sintiéndose cada día mejor y mirando la capacidad asombrosa de su cuerpo de adecuarse y poner todo de su parte para funcionar, no podía retroceder.

Había veces en que lograba hacer con la mano izquierda cosas impensadas que con la derecha le producían incomodidad debido al dolor, o que incluso dormida se daba cuenta de lo bien que había aprendido a moverse en la cama durante la noche para no causar ninguna molestia a su cuerpo. La ayuda que su propio cuerpo ofrecía para que su vida siguiera adelante la conmovió y ella se debía a ese milagro que es la máquina humana. Quería agradecerle por tanto apoyo, paciencia y sabiduría.

Ahora sabía que quizás ella misma le había fallado a su cuerpo muchas veces y éste había aguantado estoico, brindando lo mejor de sí. Hubiera querido tener un cuerpo menos delicado, por así decirlo, pero conoció la dualidad de las cosas a través de él, al comprobar que al mismo tiempo tenía incansable fortaleza. Es porque el cuerpo puede sanar de cualquier cosa pero no conocemos nada sobre él, apenas las lecciones escolares que no lo unen con la mente y el alma. Hoy existen pruebas científicas de sobra para decir que sin espíritu sano no hay cuerpo sano. Realmente es una pena que no seamos todos médicos, o mejor dicho es lamentable que nuestra educación sea tan deficiente para conveniencia de quienes sacan provecho de eso.

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Patch Adams

Sanar es mirarse, escucharse y actuar en consecuencia. No lo va a decir un laboratorio que vende remedios, pero es así de simple. Esta pequeña verdad lamentablemente no se enseña en la escuelas de medicina, pero hay doctores como Patch Adams que lo saben muy bien y quieren despertar a los enfermos con la alegría de vivir y la responsabilidad de hacernos cargo de nuestra vida. Si el enfermo toma un paso fuera de su círculo de la enfermedad y se da el trabajo de observarse, verá sin ninguna duda cuál es su problema y lo solucionará cueste lo que cueste, porque nadie sabe tanto como él el valor de la salud.

Nos falta mucho para tomar el total control de nuestros destinos en cuanto a la salud, hemos crecido en sistemas enfermos y que enferman y hemos vivido para esforzarnos en alimentar esos mismos sistemas. Pero a pesar de todo, de lo desafiante de vivir con un diagnóstico complejo o de lo agobiante que es no contar con recursos o la información necesaria para sobrellevarlo, hay algo que siempre puede estar de nuestro lado: nosotros mismos. Cuando sana tu cuerpo, es porque sanaste tú primero. Te atreviste, despertaste y ocurrió el milagro; sanaste.

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Categorías:Notas y Entrevistas

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