Niños en la web: más allá de la exposición

imagesA veces, me gana la chochera y subo alguna foto de mi sobrino a internet. Luego me baja la culpa, me lleno de dudas y la bajo. Es cierto que me muero de ganas de compartir algunos lindos momentos junto a él, mostrar su carita que por supuesto para mí es lo mismo que la de un ángel, pero como tia y periodista me pregunto ¿qué tiene que estar haciendo él en la web?

No tengo demasiados contactos en mis redes sociales, pero más allá de los posibles peligros de la exposición que se han dicho hasta el cansancio; siendo la pedofilia el ejemplo más grave, hoy vivimos una mediatización de la imagen nunca antes vista en la historia del mundo. Recién estamos analizando los efectos que esto tiene para los adultos debido a su vida virtual -dejando en claro que hoy se habla de dos vidas, la real y la virtual-, y pretendemos saber qué significará para quienes hoy son apenas niños y en quince años se enterarán de todas las fotografías y videos de ellos que andan dando vueltas por la web.

Puede que ni siquiera les agrade gran parte de ese material y no aprueben que prácticamente todos los adultos de sus vidas los hayan expuesto al escrutinio de su círculo virtual de amistades. Es extraño, por otra parte, verlos asumir eso como lo normal y aprender desde pequeños que sus momentos íntimos, con la familia o los amigos, son de incumbencia de todo el mundo y dignos de ser conocidos y celebrados por gran número de personas, incluso gente que no los conoce.

¿Qué le estamos diciendo a un niño cuando le enseñamos que su imagen le pertenece a todos y no a él en particular, y que somos dueños de hacer con ella lo que queramos? Parece un punto rebuscado, pero es tan básico como la libertad de poder elegir nuestra religión o nuestras creencias sin que nadie haya antes decidido todo por nosotros.

La imagen propia es un concepto ligado a la identidad, al ego y a las emociones. Resguardamos nuestra imagen cuando sabemos las implicancias de usarla para una cosa u otra, pero los niños no tienen claras aún esas implicancias de aparecer en internet, porque de hecho apenas las tienen claras los adultos. Internet está en nuestras vidas hace pocos años y las voces de los expertos ya alarman sobre los cambios culturales drásticos que las sociedades tendrán que vivir.

Hay que ir más allá, un niño aún no sabe quién es, sería irresponsable, por ejemplo, ben__jerryssometerlo a una entrevista de un medio de comunicación porque seguramente dirá cosas de las que se arrepentirá. Hemos conocido cientos de casos de niños artistas que han trabajado desde pequeños con consecuencias graves en su adultez debido a la exposición temprana de su imagen. ¿Cuánta presión ponemos en un menor al enseñarle que su imagen debe ser compartida? ¿Sentirá acaso que debe impresionar, entretener o inventar algo interesante que hacer o decir? ¿Estamos criando payasos, bufones que ya sabemos terminan con profundas depresiones al darse cuenta que realmente no hay nada en ellos que sea digno de celebrar? Quizás lo haya, pero entiéndase bien, para su círculo cercano.

Si ni siquiera todo adulto tiene algo que decir que deba ser compartido por las razones básicas informativas-periodísticas (como necesidad, cercanía, relevancia y otras), la pregunta es, ¿será que un niño debería estar del todo invitado a espacios donde ocurren conversaciones, corren opiniones y se generan juicios?

Está comprobado que hoy consumimos una cantidad de información imposible de digerir por nuestro sistema, debido a que los medios de comunicación y las personas entrenadas para informar (periodistas) ya no son los únicos produciendo, sino que cada una de las personas del mundo es un creador de contenidos. Pero la metodología para crearlos se aprende en una profesión con resguardo ético, no se trata de ser un parlante de chimuchina idiotizante y sin sentido. Hoy, tanto el contenido como la imagen, están en manos de personas que no comprenden el valor de informar o compartir información y nos estamos llenando de basura creando un panorama donde los más afectados, como siempre, son los más débiles, en este caso los niños.

Al publicar la cara de un niño, naturalmente después tendrían que venir sus datos personales, que seguramente a un menor le parece normal compartir con cualquier extraño. Por estos días, mi sobrino que se fascina con los videos de Youtube sobre juegos electrónicos, quiso tener su propio canal en esa red social y se las arregló para poner una foto suya como perfil de la cuenta. Como no me pareció que su cara estuviera en internet, le expliqué por qué no es bueno que un menor de edad se exponga así y pareció entenderlo, aunque en realidad nunca es tan simple explicar o entender por qué no puede haber libertad ni siquiera para mostrar la propia cara. Finalmente se le ocurrió que en vez de su foto, podíamos poner un logo con sus iniciales y con eso le dimos un look simpático a su perfil. No pude evitar sentir que el esfuerzo no será suficiente, porque de todas maneras llegará el día en que interactúe en internet con otros usuarios desconocidodescargas.

Por razones que aún se estudian, que tienen que ver con el ego y las emociones principalmente, las redes sociales son usadas por las personas en gran medida para exhibir a sus seres queridos en general. No es que se compartan algunas fotos de momentos especiales, sino que hay imágenes por doquier por ningún motivo aparente; momentos del día cualquiera que por maravillosos que sean, no aportan un nuevo elemento. Imágenes completamente innecesarias al alcance de toda una red de contactos que, encima, en internet es de tres a cinco veces más amplia que la verdadera red social de contactos de una persona promedio. Es decir, tenemos más amigos virtuales de los que tenemos en la vida real y todo indica que las relaciones virtuales están siendo mayormente alimentadas y buscadas incluso.

Los niños de hoy están aprendiendo a comunicarse con las nuevas tecnologías como parte natural de la vida y las proyecciones indican que su vida adulta estará completamente tecnologizada, algo que por un lado es fascinante pero que por otro es incierto; psicológicamente no sabemos qué sucederá con ellos.

En un contexto así, puede que aún no entendamos bien qué tienen que hacer los niños en internet, pero más que nunca es evidente que los adultos estamos para protegerlos. La vida virtual es una realidad que puede brindarnos diversas satisfacciones y quizás el acento no debe ponerse en alejar a los más pequeños de ese mundo, sino en educarlos para que sepan cómo sacar el mejor provecho evitando daños colaterales.

 

Por: Loli.

 

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Categorías:Notas y Entrevistas

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