Lo esencial no tiene imagen

También podría decirse como declaró El Principito: lo esencial es invisible a los ojos. En Chile el culto a la imagen sobrepasa la mera publicidad o preocupación por la apariencia que existe en otros países como una parte más de la vida. Aquí es particularmente importante, igual que los apellidos.

Hace poco, en una reunión, discutíamos una estrategia publicitaria donde el protagonista de la marca tenía un apellido extranjero, digamos ni mapuche ni español, y al describirlo, una de las presentes dijo que era un tipo que tendría una vida fácil gracias a su apellido. Y agregó: “yo soy Maldonado no más, tengo que trabajar”.

Si bien lo dijo como un chiste, nos quedamos pensando en lo aceptado que es por las pe4_tongues_91rsonas en general creer verdaderamente una afirmación como esa. Pocos discuten que efectivamente alguien con apellido extranjero podría tener mejores oportunidades, con lo que habría que concluir que no nos apreciamos a nosotros mismos. Cero autoestima debido a…la colonización? La dictadura? Encima, el personaje en cuestión, sería de piel blanca.

Aquí la conversación tomó otro giro, derechamente ligado al racismo, ese que en tantos lugares del mundo ya está erradicado pero que en tantos otros sigue existiendo subyacente a las formas de vida. Un ejemplo de ello es que en Chile aún es “normal” o socialmente aceptada la fotografía en el currículum para buscar trabajo, algo que en Europa sería condenado sin lugar a dudas.

Yo soy de piel substancialmente blanca y ahora que lo pienso, el único país del mundo donde me han hecho comentarios por el color de mi piel ha sido en Chile, y si la memoria no me falla he estado en Argentina, Perú, Brasil, Venezuela, Estados Unidos, Egipto, España, Inglaterra, Francia, Italia, Suiza, Alemania e India. Como una suerte de discriminación inversa, en el 2015 a las personas en Chile aún les llama mucho la atención que alguien no sea de piel morena.

En todo ámbito, laboral o social, se puede ver cómo algunas personas con una apariencia más trabajada pasan a ser un foco para el resto, ya sea para bien o para mal. No hemos desarrollado la habilidad de traspasar el nombre, la raza, el look, etc., para llegar a ver al otro. Esas capas resultan el único centro de interés y con ellas nos hacemos una idea incompleta del individuo, pesándolo o valorándolo por quien no es. Juzgar el libro por su portada, sigue siendo un dicho atingente.

instagramNo hemos aprendido que somos más que la imagen construida por una serie de factores manchados por innumerables prejuicios, por el contrario; nos han enseñado que lo que se ve del otro es quién es, y debemos tratarlo acorde. Es así como hemos llegado a la sociedad actual, donde el culto a la imagen es el día a día con actividades como Instagram.

Al pasar un rato en esta popular red social, la situación es clara; una vitrina de imágenes en su totalidad producidas, pensadas o creadas para ser aplaudidas. El narcisismo por fin encontró su anfiteatro mundial, en extremo exhibicionista y ególatra.

Habría que hacer hincapié aquí, en que adoptar una mirada crítica frente al presente es una necesidad humana sin la cual las sociedades se hunden. Es lo que ocurre con un gobierno sin oposición, donde las autoridades proceden a su gusto, el resto los sigue y nadie reflexiona sobre las implicancias y consecuencias. Estos gobiernos existen hoy en el mundo y la razón es que no hubo una masa crítica pensante que les hiciera contrapeso.

Hablar de cómo o por qué estamos de cabeza metidos en actividades como el mall, la peluquería o el Instagram, no es atacar la vital necesidad de compartir con otros eso que nos parece bello o atractivo-menos condenar las nuevas tecnologías-, sino reforzar que en el afán de experimentar la vida no podemos obviar que somos parte de sucesos y paradigmas que tenemos el deber moral de mirar. Podemos reparar en ellos o mejorarlos, y eso significa ser parte de una sociedad. La parte activa es la que se involucra sin anestesia, la parte pasiva de la población se deja llevar y no se pregunta jamás por nada.

descarga¿Cuánto nos preguntamos hoy por el valor humano de una persona versus el valor de su imagen? Si echáramos una mirada a nuestro círculo, ¿cuántas de las personas que existen en él están por quiénes son y cuántas por cómo se ven? No por cómo se ve su look, sino cómo se ve el conjunto de cosas que representa; llámese look, apellido, posición social, comuna donde reside, colegio al que fue, etc.

Si estuviéramos enfocándonos apenas en la parte superficial de los otros, ¿cuánta calidad y profundidad tendríamos en nuestras relaciones? Quizás la preguntas es, ¿tenemos hoy relaciones de calidad? Para poder responder esa pregunta seguramente habría que revisar una serie de detalles.

Quizás lo más preocupante es que están agonizando los espacios de encuentro donde la imagen no sea lo prioritario; la plaza pública de antaño, el barrio, el mercado, todo eso se ha cambiado por una especie de alfombra roja o pasarela, que todos disfrutamos a ratos pero que se ha vuelto un motivo en sí mismo.

Chile solía ser una esquina poco contaminada donde aún existía humanidad, pero se tomó demasiado en serio el post modernismo, las luces, las marcas, el lema gringo “to make money, to have fun”. No es misterio que nuestro país copió el modelo de vida estadounidense pero además lo profundizó, lo llevó a su máxima expresión si consideramos que los niveles de discriminación allá son escandalosos, cosa absurda siendo un país creado a partir de inmigrantes.

Aquí cargamos también con el estigma de los pueblos originarios, con la segregación socio económica y con la paupérrima calidad de la educación, una “educación laboral”, así se llama por si no lo sabía el objetivo de la malla escolar. Perdemos tiempo valioso para conocernos, para ser, y lo utiempotilizamos en conseguir y mostrar. Un interesante ejercicio sería sacarnos de encima todo lo que nos sobra, ¿qué quedaría?

Como dice el gran Pepe Mujica, todo lo que compramos y usamos, lo tenemos debido al tiempo que gastamos en obtener el dinero para adquirirlo. Y el tiempo no es oro, es vida, ¿en qué lo estamos empleando? Tal parece que nos estamos quedando en lo accesorio, en las formas en desmedro del fondo, pero las formas no son malas per sé, son necesarias mientras el fondo prevalezca.

Habrá que detenernos entonces, dejar los clichés y la autoayuda -que para mí no es necesariamente basura-, y sincerarnos con nosotros mismos para saber si estamos viviendo lo esencial de la vida, o nos hemos perdido en sus formas, modas y dogmas.

 

Por: Di.

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