Navidad a tu manera

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Queda un mes para Navidad, Noche Buena, o como se le quiera llamar y ya que por todos los medios posibles se nos bombardea con el tema, aproveché para avisarle a mi familia que este año haré lo que por varios años me hubiera gustado hacer; no podré asistir a su comida de celebración porque estaré realizando Navidad en la calle con un grupo de amigos, entregando regalos y comida a los mendigos.

No es un desaire, no quiero ofender a mis familiares, pero yo nunca he creído en la Navidad como una reunión de comida y regalos. No soy religiosa y como ya se ve que no queda otra que convivir con estos días inventados por la publicidad, yo prefiero usarlos para algo acorde. Y para mi lo más acorde al cumpleaños de una persona como Jesús, es aportar en algo con un granito de arena. No hay que olvidar que está comprobado que esta fecha no es su cumpleaños, pero ese es otro tema.

Así, no haré ni aceptaré grandes regalos. La idea no es aplastar el concepto de Navidad que puedan tener las distintas personas, sino recordar que en estas fechas solemos perder el norte con la compradera desatada, la comilona y la tomatera exageradas y la celebración porque sí, sin un motivo en particular. El motivo obviamente debería ser la enseñanza de Jesús, pero rara vez se menciona por esos mismos medios que nos bombardean con la Navidad.

Jade_list-300x282No es que a mi no me gusten los regalos, obvio que me encantan, a quién no. Lógicamente yo uso el dinero para mantener mi vida como todo el mundo y compro todo lo que necesito. También me agrada (de vez en cuando) comer con mi familia, pero cuando ya ha sido así por tantos años, uno busca un cambio que brinde sentido. La monotonía no es lo mío y las tradiciones, aunque hay algunas muy bonitas, menos.

Quizás para mí la Navidad no tiene mayor sentido porque de pequeña nunca vi en mi familia el trasfondo del asunto, más bien me parecía genial poder hacer una lista de regalos y que un viejito fuera tan buena onda de traérmelos, o al menos de traer algunos de ellos. Pero sabía o sentía que era una puesta en escena de nada en absoluto, digamos que se notaba que no había nada más detrás de todo el show del árbol y la comida y nunca lo entendí bien hasta que me di cuenta que hay cosas que hacemos sólo porque hay empresas que quieren vender y punto.

En años anteriores no tuve demasiado éxito en la iniciativa de realizar una Navidad en la calle porque me costó encontrar un grupo de personas que quisiera lo mismo. Hay muchas organizaciones que preparan visitas a hospitales, hogares de ancianos, etc, pero en general un día antes o un día después de Navidad, ya que nadie quiere perderse esa noche con su familia, algo del todo comprensible. De este modo, mi idea fue siempre catalogada de loca, antisocial o derechamente ridícula.

542af9dabaef0_NavidadCalleA la mayoría no le hace sentido, pero yo creo que es mucho más significativo para una persona en situación de calle recibir un regalo o una rica comida la noche del 24, cuando todo el país celebra con sus seres queridos, porque eso los hará sentirse queridos también, y no como individuos de segunda categoría.

Mi familia fue la mayor detractora de mi horrorosa idea de dejarlos, como si algo les fuera a pasar sin mí por una noche, y me dijeron de todo en vez de preguntarme por qué yo creo que la típica Navidad es aburrida, repetitiva y absurda. Quizás lo más decepcionante es que ningún miembro familiar fuera capaz de felicitarme por querer salir a compartir con gente desconocida que podría necesitar un poco de compañía. La actitud fue siempre de rechazo y yo entiendo que no podemos pensar todos igual, pero es triste que no se reconozca al menos que hay una persona tratando de hacer algo positivo. Siempre he pensado que lo que hace feliz a otro no tiene por qué hacerme feliz a mi, pero de todas formas puedo apoyarlo.

Hay otros factores que se suman para que uno se vaya hastiando de hacer siempre lo mismo. Si bien agradezco el tener una familia que me invite a comer rico en noche de Navidad, en la práctica eso casi siempre se traduce en que yo tengo que hacer todo, desde la comida hasta poner la mesa, mientras otros no mueven un dedo o incluso alegan si el resultado no es de su gusto. Mi madre se lleva la carga más pesada en trabajo porque todos -y ella misma incluso- asumen que ese es su rol. Ella dice que le encanta hacerlo, pero está siempre pidiéndome asistencia. Es decir, le encanta siempre y cuando yo le de una mano y si no lo hago soy una mala persona, una sin corazón, sin alma.

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El mall en Navidad es una aberración del mensaje de Jesús.

Creo que caemos demasiado en la rabia y el odio cuando alguien no hace lo que queremos, lo que esperamos de él. Para mi la Navidad no es lo que vengo haciendo hace tantos años y tal vez si eso me pareciera bien, lo seguiría repitiendo, pero todos buscamos en nuestras vidas un sentido profundo que nos mueva y nos haga sentir vivos y felices. Creo que debemos respetar el deseo de otros de caminar en su propia dirección.

Si pudiéramos soñar, yo haría una Navidad nada que ver con la que se vive hoy en casi todas partes del mundo; organizaría un día de la solidaridad y camaradería a nivel de barrio, con acciones comunes que fueran en ayuda de los más necesitados. Elegiría la calle como lugar de encuentro, donde puede haber niños compartiendo sus juguetes y personas bailando y celebrando. Quizás podría haber un show para niños y otro para lo más grandes, ¿por qué no?

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La comilona y la tomatera exageradas, como si el mundo se fuera a acabar.

Para ser justa, sí recuerdo una preciosa Navidad en mis años de infancia, cuando salimos a caminar al parque de al frente con mi familia y a la vuelta mis padres nos regalaron unos patines a los tres hermanos. Eran patines ajustables, para que los tres pudiéramos usarlos y fue una sorpresa que no me esperaba. Uno de mis hermanos comenzó a probarlos en la calle mientras yo corría por el pasaje con una estrellita de fuego artificial en mis manos. Había un calor exquisito de verano y más niños estaban afuera jugando y compartiendo. Yo tenía un poco de miedo de mi estrellita porque nunca había visto una, pero me fascinó su luminosidad y prendí otra y otra hasta que se hizo tarde. Gracias a esa luz, en mi imaginación inventé que volaba y otras cosas que guardo en mi memoria y que hicieron de esa noche la Navidad más feliz. Recuerdo como si fuera ayer cuando me fui a dormir y dije: que feliz que soy, gracias.

¿Por qué no puedo salir yo en Noche Buena a regalarle una estrellita a niños que nunca han visto una? ¿Por qué debería sentarme a comer como si el mundo se fuera a acabar, viendo como las mismas caras de siempre se hacen regalos que en nada cambiarán sus vidas? Insisto, no tengo nada contra esas caras, pero habemos algunos que a veces buscamos algo distinto y que tenemos la seguridad de saber que no estamos obligados a nada.

Espero que este año todos tengan una feliz Navidad a su manera y que cada día tengamos más tolerancia y aceptación de aquellos que no ven las cosas del mismo modo que nosotros. Cómo aún queda un mes, a los que todavía no saben qué hacer este Navidad, los invito a escribirme a Revista Humana para sumarse a la organización de la Navidad en la calle 2015.

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Categorías:Columnas

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