No paso a la Kate Middleton

2015_11_10_18_10_40_1447172011-54bc11552e7f2_-_hbz-diana-kate-10-43937679Duquesa de Cambridge, ese es el título para Katherine Middleton, la historiadora de arte (33 años) que se casó con el hijo mayor de Diana de Gales, el príncipe William (32 años) el 2011.

Le copia todas las tenidas a la madre de William, tiene los dientes demasiado blancos, su figura es demasiado delgada y su aporte demasiado superficial. Sombreros con plumas y dos hijos es todo lo que que ha aportado a la mesa, además de una hermana fome y una sentimental historia de juventud donde, se supone, todo lo que sucedió en su vida iba derechito a conocer y enamorar a William.

Cree que puede tener la misma elegancia y buen gusto de Diana, pero su imitación no hace más que dejarla como un títere de asesores desesperados por aumentar la credibilidad de una alicaída corona británica.

Toda esa historia sobre que terminó con William justo antes de casarse con él es tan melodramática que huele a manipulación de zorra femenina; o te casas conmigo o terminamos. William, por su parte, no aporta demasiado, pero la actitud de sonrisa permanente de ella lo aleja a él de la gente, que tanto lo estima debido al innegable parentezco físico con su madre.

En estos cuatro años de casada no ha hecho más que cambiar de tenida y parir. Incluso trata de que su ropa se vea accesible usando marcas masivas en un ridículo intento de cercanía, como si realmente no se diera cuenta del rechazo que produce al querer parecer sólo una chica más. A eso hay que sumar lo chocante que se ve el anillo de Diana en su dedo, o sea por favor, es una aberraciónimages que lo exhiba a toda la prensa cuando aún el dolor por la muerte de Diana está vivo y seguirá por quizás cuánto tiempo más.

Kate se ha mostrado abierta a participar de obras benéficas con cero repercusión, como forma de obedecer a la corona y cumplir su rol de duquesa abnegada al reino. Una escena notable vimos el día de su matrimonio, cuando dio clases de perfecto protocolo al agachar la cabeza frente a cierto monumento que solo William podía mirar de frente. Estamos hablando de una chica dispuesta a humillarse públicamente por estar a la altura de su puesto, porque es obvio que sabía que sería usada para emular a Diana y hacer que reviviera su recuerdo en los corazones de las personas. Es más, la idea le encanta.

Hoy pasea a sus hijos, salta de evento en evento y trabaja su look, es así una perfecta nuera para la odiosa reina Isabel, un ogro cuya muerte celebraremos como bombo en fiesta.

Puede ser que mucha de la culpa la tenga William por elegir a semejante mujer (yo no la paso), pero qué vamos a hacer si es un representante más, cero influencia ni estilo propio. Hasta el pobre de su hermano chico -que hasta hoy no sabemos si es medio hermano o hermano entero- es más respetable porque por último se rebela ante ciertas situaciones aburridas y llenas de deberes y formas.

Cada vez que se entrevista a Kate dice la frase perfecta, con suave y brillante sonrisa. Jamás ha dicho ni una sola palabra que genere un eco, alguna frase que le brinde identidad a ella misma o cambie alguna situación negativa, no, ella simplemente realiza visitas, asiste a inauguraciones, etc, sin preguntarse si su rol sirve de algo. Lo más importante es determinar qué se pondrá mañana.

Tampoco vamos a pretender que podría ser de otra manera, sabemos que Kate simplemente hace lo que debe, pero el punto es el uso del cargo. Diana revolucionó la corona, Inglaterra y e18256-kate-middleton-y-diana-de-gales-200x200-1l mundo, si te vas a vestir como ella, mínimo que al menos actúes en la misma línea. No puede esta mujer, fría y calculadora, venir a hacer como que luchará por alcanzar los talones de su suegra fallecida y con eso pensar que todos caerán a sus pies. Si va a usar a Diana, que haga toda la pega de imitar su ejemplo.

Si sacamos a Diana del encuadre, resulta que Katherine no muestra sello propio, está completamente anulada y encima insulta la inteligencia de todo el mundo con humorísticas copias de tenidas que no hacen más que confirmar lo estúpida que es. O bien la obligan y ella hace caso, o bien ella misma pretende un imposible; ser una mujer común y parecer una extraordinaria.

Es cierto que su background, si bien plebeyo, es de buena cuna, ¿pero qué importa eso si no le permite desarrollarse en el cargo que ostenta? Le da igual, qué más da, total logró lo que más anhelaba: el mundo a sus pies. Un pueblo que no le pide más y no la cuestiona por ensuciar la imagen de la persona más querida de la historia de su país, sin embargo el riesgo es alto. Veremos cuánto le dura.

Por: Alice.

 

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Categorías:Columnas

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2 respuestas

  1. Wao ese comentario esta fenomenal siempre lo pense asi. La veo como que le gusta que todo gire a su alrededor porque no se caso con sus novios anteriores y con este si soporto. Ella lo calculo todo . Para no es emblematica para mi vida

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