Mi marido cree en los duendes

fotoduendeabMi marido es de esos hombres creyentes, con harta fe. Cuando la mesa de Navidad está servida, no dice gracias, asume que los platos se pusieron solos cada uno en su lugar, que la ensalada se preparó sola y el pavo está exquisito porque simplemente así son los pavos. De esta forma, únicamente puedo asumir que cree en esos duendes que sin que nadie los vea hacen todas las cosas, porque jamás ha manifestado comprensión de saber que todo eso lo hago yo.

Cree que yo me veo arreglada en Noche Buena porque me gusta andar así, maquillada, con pedicure, manicure y peluquería, la verdad es que sí me gusta, pero no imagina el tiempo y dedicación que ponemos las mujeres en vernos lindas, menos que en parte lo hacemos para ellos, porque si bien queremos vernos bonitas, muchas estaríamos felices de no depilarnos o no hacer las cosas que ellos disfrutan y asumen que tenemos que hacer. Gran porcentaje de nuestro empeño es por su goce visual, por decirlo de alguna manera, pero no lo agradecen porque siempre lo hemos hecho y sería una falta nuestra dejarlo de un día para otro.

Mi marido tampoco agradece que yo encuentre una nana, que me preocupe de lo que falta, haga una lista y vaya al supermercado, que compre lindas flores para el jardín, consiga un jardinero, piense cada semana en el menú familiar, etc, nada de eso le llama la atención como algo que cuesta trabajo y que debe ser planificado.

Así y todo yo quiero a mi marido, no sé por qué. Tiene sus cosas buenas, es tierno y romántico, es muy buen papá y le fascinan los animales. Quizás eso sería suficiente para una relación bien avenida, pero creo que de un tiempo a esta parte ya no lo es para mí. Estoy llegando a esa estrofa de la canción donde el amor ya no basta y quisiera recibir un poco más de apoyo, no necesariamente con su participación pero sí con su valoración de las cosas que hago por ambos.

Debo reconocer que me casé con un hombre un tanto infantil en el ámbito de la labores domésticas, acostumbrado a recibir todo de su mamá, un tipo que no alcanzó a vivir sólo y enfrentar la capa de polvo en los muebles o el baño, la ropa sin planchar o el refrigerador vacío, y si lo hizo fue por apenas un par de años durante la edad más entretenida donde ese tipo de cosas no llaman la atención. Hoy, con alta demanda en el trabajo, niños pequeños y muchas responsabilidades, yo hago malabares para que la casa funcione y él simplemente la usa, la habita, la vive.descarga (1)

De vez en cuando me gustaría que valorara las cosas pequeñas, los detalles; una alfombra limpia donde sentarse a jugar con nuestra guagua, un masetero de rosas que regalan rico olor en el living mientras lee o derechamente una mujer que no se deja estar y siempre cultiva su mundo propio, algo que permite que la relación mantenga el misterio y el interés.

Mi temor es que mis ganas de mantener demasiado mi propia vida aumenten, en desmedro de atender la casa, y por añadidura a él, debido al poco interés que muestra por todo mi esfuerzo. Si eso ocurre, no habrá duende que nos salve y de a poco el castillo se convertirá en un basural, donde dicho sea de paso, no estoy dispuesta a vivir.

Los hombres separados se apoyan mucho en las nanas, las dejan a ellas hacer y deshacer en sus casas (como si fueran expertas…) mientras ellos ni se meten en esa parte de sus propias vidas. Si bien puede haber nanas que con mucho cariño hagan todas las tareas del hogar, el resultado nunca será el mismo que gracias al amor de su mujer, el hombre disfruta. Todo este machismo -porque hay mucho de eso- se está acabando y yo misma, que tanto he dado por mi familia, me estoy preguntando hasta cuándo estoy dispuesta a seguir sin que nadie lo valore.

A mi también me  gustaría pedir una pizza y estar en silencio sin que me molesten con ruidos, preguntas o pendientes, pero qué ejemplo le estaría dando a mis hijos si nadie se ocupara de un entorno hogareño cálido, limpio y lindo, de hacer del hogar un espacio acogedor o donde las cosas funcionen, porque si no se echa a perder la llave, es el enchufe, el horno o la puerta. Todo requiere permanente mantención y a veces me siento como la única que lo nota.

Sé de muchas mujeres que acabaron con la tiranía de sus casas y que cada vez que se van de vacaciones son atendidas como reinas en vez de hacer pega doble sirviendo a su familia y a veces a invitados. Mujeres que dejan a sus maridos flojos y cómodos, infantiles e irresponsables, y se dedican a cultivar sus intereses en ambientes que las hacen sentir bien. Mujeres que han dedicado adescargaños a conversar con sus maridos sobre los famosos duendes invisibles que todo lo hacen como magia, sin que ellos logren comprender el asunto, y han terminado en divorcios dolorosos e injustos.

Es loco pensar que yo jamás veo duendes por ningún lado y que para mi marido sea todo tan obvio. Cuando siento que me falta agradecer algo que él haya hecho, trato de demostrarle mi aprecio pero cada vez tengo menos ganas de hacerlo. La rutina nos come a todos y la convivencia nos obliga a nunca variarla para no desequilibrar el delicado estado de nuestra relación, donde nos gritamos cada día más y cada vez nos miramos menos a los ojos.

Quizás, todo eso que amo de mi marido no sea más que una visión maternalista que hago de él, tratando de justificar su indiferencia frente a las tareas domesticas, pero sé que nuestro problema va más allá de sólo la casa, y que él está convencido de que cada atuendo mio, cada panorama que hago con él o cada noche que voy a dormir a nuestra cama lo hago porque simplemente no tengo otra opción más que hacerlo.

Lo que quiero decir es que todo acto tiene un significado y que nada debe darse por ganado, que si algo nos gusta debemos decirlo tanto como lo hacemos cuando algo nos desagrada y que la vida debe volver a ser un mundo de detalles y gestos para que las relaciones vuelvan a tener significado. Un acto de consideración por el otro debe volver a tener el gran valor del amor en cualquiera de sus formas, para que así todos podamos sentir que el esfuerzo vale la pena.

Las casas con duendes no existen, las relaciones sin actos de sacrificio tampoco, y si los hombres no abren los ojos ahora comenzarán a vivir, literalmente, en un mundo distinto al de las mujeres. Que lástima sería, pero no puedo dejar de pensar que se sentiría como algo merecido.

 

Por: Una mujer que está pesando su empeño.

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Categorías:Columnas

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