Nanas: ¿están capacitadas para serlo?

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Se toma con toda ligereza el contrato de una nana; la gente mete a una completa extraña (o) en su propia casa y desde ahí, sobre la marcha, se va tratando de llegar a un equilibrio entre lo que la empleadora quiere y lo que la empleada puede hacer, o entienda que debe hacer.

Muchas veces, las personas que optan a estos puestos no han terminado ni siquiera el colegio y necesitan desesperadamente un sustento. Las chilenas están cada vez menos interesadas en ser nanas y hoy en día son mayormente extranjeras -peruanas o dominicanas- las que toman dichos cargos.

Sin duda es positivo y relevante que desde hace un tiempo, por ley, las asesoras del hogar son reconocidas como trabajadoras formales, con contrato y todo lo que eso implica, reconociendo horarios y labores específicas, lo que les permite ejercer sus derechos. Sin embargo, me pregunto, ¿están todas las personas que trabajan como asesoras del hogar, capacitadas para serlo?

El puesto que ocupan requiere conocimientos, que pueden considerarse básicos, pero no por eso obvios, como puede ser por ejemplo la higiene y manipulación de alimentos, la seguridad y prevención de riesgos, en casos también primeros auxilios, nutrición o cosas que no se estipulan en ningún contrato como el resguardo de la privacidad del empleador. ¿Acaso tiene la nana de la casa derecho a divulgar información íntima sobre la familia para la cual trabaja? Pues no.

Es un desequilibrio muy grande que la ley obligue a contratar trabajadoras que no están formadas para el rol que desempeñan, porque toda la idea de tener una asesora del hogar es que te ayude a solucionar el día a día, y curiosamente muchas veces se da al revés; la nana puede llegar sin saber si quiera cómo usar una plancha, y la empleadora debe capacitarla en todo orden de cosas, perdiendo tiempo y dinero.

Los profesionales, cuando llegan a un puesto de trabajo, si bien aplicarán sus conocimientos académicos, deberán adaptarse al jefe de turno, a hacer las cosas como a él le gustan, muchas veces obviando y dejando de lado gran parte de lo aprendido en la universidad, que no quedará más que como teoría en l86525252a memoria. Para una persona, hombre o mujer, que llega a trabajar a una casa es lo mismo, sólo con la diferencia de no contar con ningún conocimiento previo teórico que brinde garantías sobre los resultados de su trabajo. A lo más, lo que se hace comúnmente es pedir las recomendaciones del trabajo anterior, algo que la ex empleadora brindará sólo si tiene ganas de hacerlo y pocas veces en forma acabada. Es una cosa que queda en el ámbito de la paleteada y que rara vez se condice con la verdad.

La empleada, si bien cuenta entonces con experiencia previa, aprendió a hacer las cosas como se hacían en la casa anterior ¡y si es que! (por algo ya no está ahí), y ahora deberá adaptarse a un nuevo hogar, con nuevas mañas y reglas. Esa adaptación natural puede tomar un tiempo y ayudaría si la persona trajera lo básico ya sabido, para avanzar sobre lo que ya tiene.

A veces, es bastante absurdo como se abren los ojos para establecer los deberes del empleador, pero se cierran para determinar los del empleado. Si el Gobierno quiere que toda trabajadora del hogar sea reconocida como tal, entonces debe capacitarla para serlo. A través del ministerio del Trabajo, muy de vez en cuando se dictan cursos básicos pero no es la norma y cada empleadora de casa particular asume los riesgos y consecuencias de contratar a una persona que no se sabe si incendiará el lugar o terminará envenenando sin querer a todos los miembros familiares con la comida.

Es cosa de preguntar a cualquier mujer trabajadora o mamá cuánto tiempo pierden en los malos ratos que pasan con sus nanas (sin mencionar los que pasan tratando de encontrar una buena nana), que están lejos de ser verdaderas housekeepers, pero deben ser contratadas como tales, con imposiciones, seguros, horarios, etc. Interesante es preguntarles también cuánto estarían dispuestas a pagar por una persona instruida en temas básicos, como los anteriormente mencionados, que solucione cosas mientras ellas trabajan, prevengan todo tipo de riesgos y avancen en las tareas del hogar para que ellas no tengan que llegar a trabajar cuando vuelven de la oficina. Hice el ejercicio con más de 20 mujeres y el 100% de mis encuestadas gustosa pagaría más del doble o el triple incluso del sueldo mínimo y por alguien puertas afuera (ya nadie quiere esclavizar ni esclavizarse en un trabajo puertas adentro).

Atrás deben quedar las nanas como personas ignorantes, analfabetas que optaron a ese cargo porque no tenían otra opción y que además de cocinar mal y ejercer el mínimo sentidimageso común, terminan odiando a sus jefas/es porque las gritonea más de la cuenta (¿Por qué será?). La nana debe convertirse en una asesora del hogar seria y preparada para dignificar el cargo y aspirar a más, debe ser eficiente y saber lo que los dueños de casa necesitan. Si hubiera que poner un ejemplo, debería ser como ocurre en un hotel pero sin el cartón de hotelería. Todos sabemos lo difícil que puede ser manejar una casa, que al igual que una empresa está llena de departamentos; departamento de finanzas, de gastronomía y nutrición, departamento de abastecimiento, infantil, de aseo y limpieza, de recursos humanos, jardinería, enfermería, puedo seguir: recreación, costurería, administración, etc.

Las mujeres ya ingresaron a la fuerza laboral hace rato y para siempre y no pueden hacerse cargo de todo en el hogar. Ya es hora de que se equilibren los deberes y las nanas se conviertan en lo que deben ser: ayudantes de la administración del hogar a cambio de un sueldo decente. Existen algunos lugares que dictan cursos básicos muy útiles por alrededor de $50.000, pero debería ser el ministerio el que se haga cargo, ya que quiso exigir a los empleadores, debe ahora hacer lo mismo con los empleados. Lo más bien que la Inspección del Trabajo exige y exige fechas, cifras, horas, cláusulas, etc, a los empleadores ¿pero quién equipara derechos y deberes en el caso de las asesoras del hogar?

Yo estoy cansada de contratar personas que no saben ni lavar una fruta, que no saben sacar la basura de forma higiénica y segura, que no se esfuerzan por mantener el higiene de sus manos -a veces tampoco se ocupan de su presencia personal- ni saben utilizar sustancias tóxicas como el cloro. Qué decir de saber enfrentar situaciones simples y cotidianas, como no abrirle la puerta a extraños que tocan el timbre o no caer en el famoso cuento del tío, tan repetido pero que sigue haciendo efecto. No digo que tengamos unas Mary Poppins -que sería lo ideal- pero una necesita un mínimo de descanso en alguien con quien se pueda contar a cambio de un contrato con todas las de la ley.

Muchas personas que se dedican a otros oficios ni siquiera trabajan con boletas y las platas que corren de mano en mano, a lo amigo, no les aseguran nada el día de mañana. Así, las asesoras del hogar tienen un terreno ganado gracias a la nueva ley, pero están al debe; es su turno de capacitarse y llegar a una casa a brindar soluciones y cumplir con su trabajo. He dicho.

 

Por: Sole.

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Categorías:Columnas

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