No sé qué quiero: el síntoma silencioso

imagesEs el 2016 y el abanico de posibilidades es significativamente más amplio que hace 15 años, tanto para jóvenes (18-25), adulto-jóvenes (25-45) e incluso para adultos hechos y derechos (45-65). El cielo es el límite, no sólo vivimos más -algo que nos permite reinventarnos muchas veces- sino que además los caminos son múltiples, desde tomarse un avión hasta cambiar en 180 grados el estilo de vida.

Así, se ha convertido en un síntoma socio cultural el sentirnos completamente perdidos, preguntándonos qué debemos hacer con nuestras vidas para aprovecharlas al máximo. Por mientras damos con la respuesta correcta, existimos en un total sin sentido. La culpa por no estrujar nuestra vida, por no alcanzar nuestro máximo potencial, por creer todo lo que nuestra educación -de tipo laboral, ojo- nos inculcó y pensar que debemos esforzarnos al 100% para llegar a alguna parte, nos quema por dentro.

Mujeres y hombres estamos llamados y exigidos para “ser” alguien en esta vida, como si no fuéramos nada por el hecho de existir y sólo producir algo nos hiciera estar aquí realmente. Si eso suena absurdo para Usted tanto como para mí, pasemos al siguiente punto; la dificultad para elegir.

Si incluso para ir de compras la variedad es tan amplia que usamos nuestro valioso tiempo en comparar y estudiar las posibilidades, casa vez más innovadoras y todos los días cambiantes y sorprendentes. Siempre hay que tener la siguiente cosa y siempre aparece algún factor más que tomar en consideración. El tiempo es vida, no es oro (o dinero), y si no lo tenemos es porque no lo cuidamos.

A la hora de elegir a qué dedicar la vida, el panorama actual no ayuda demasiado. descargaHay que optar por la cosa y perseverar en ella hasta llegar a una especie de cumbre. Y, ¿cómo hacerlo si una misma persona puede tener múltiples intereses, inquietudes, pasiones o habilidades incluso? Ser multipasional, por así decirlo, se convierte entonces en un problema.

El desarrollo humano de la persona en sus dimensiones espirituales intrínsecas, generalmente no está contemplado cuando decidimos estudiar o trabajar en cierto rubro, uno donde probablemente lleguemos un día a sentirnos ajenos, mirando por la ventana y diciendo: es allá afuera donde quiero estar. Donde hay diversas opciones y yo me sienta libre de probar cada una.

Como si fuera poco, no nos atrevemos a decir que somos infelices por miedo a ser apuntados como bichos raros y vivimos en silencio la condena de nuestra propia rutina. En países como Chile, generalmente somos reacios a los cambios de camino o los nuevos comienzos, sin reconocer que a veces es necesario salir a mirar qué hay en la esquina, aunque eso implique perder lo que se tenía como seguro, nuestro pájaro en mano en vez de los cien volando (¿qué clase de dicho posesivo y negador es ese?). No nos damos el permiso para hacerlo porque estaríamos dejando atrás algo que implica una proyección, un futuro que siempre debe verse brillante. Las responsabilidades que todos tenemos, de una u otra manera, nos amarran a los deberes, pero el equilibrio entre deber y placer parece ser más difícil de lograr ahora que en ambos aspectos abundan las opciones.

Al mismo tiempo la competencia nunca ha sido más brava que en estos tiempos. Tener un postgrado, un MBA, un magíster y algún viaje en el currículum son un must, sin el cual no pueddescarga (1)es optar al puesto que te corresponde. Para qué decir el inglés. En Europa las carreras no duran 5 años como en Chile -aunque ese es otro tema-, pero finalmente el dinero y el tiempo invertido para recién entrar a competir comienza a parecer demasiado para tan poco. El sueldo puede bastarnos, pero queremos algo más.

Así es como se empieza a pensar en otras posibilidades y a considerar el desarrollo personal antes que el profesional. Hay abogados que el fin de semana son pilotos, o psicólogas que después del trabajo son artesanas, en fin. Tal parece ser que la única opción es tratar de equilibrar el deber con el placer de la mejor forma posible para sentirnos completos, porque no sólo de pan vive el hombre.

Pero la duda persiste; si ha quedado atrás la época en que se trabajaba sólo por necesidad, ¿por qué nos cuesta tanto ser felices a través del trabajo? Habría que comenzar por mirar el desequilibrio con que vivimos. Si trabajamos todo el día luego no tenemos espacio para nada más, salir al parque o mirar el techo, lo que sea que nos haga sentir bien. En países desarrollados, donde es mal visto trabajar hasta más allá de las 6 de la tarde o donde ya no es es imperativo asistir a una oficina para cumplir con tu responsabilidad, cada día se divide en deber y placer más equitativamente.

Juntarse con amigos, hacer vida en comunidad, brindar algún aporte social, desarrollar un talento, estudiar o practicar un deporte; en ese contexto, valdría la pena preguntarse si aún necesitamos saber eso que queremos. Muchas veces nos hemos sentido felices sin tener idea de cuál era nuestro objetivo o sin habernos planteado una meta. Quizás, no sea importante buscar la cosa que deseamos, sino volver al no-deseo y abrirnos a todo en general. Equilibrar la búsqueda con el azar, mientras nos asomamos a cada experiencia para probar y experimentar con libertad.

Muchos miembros de las generaciones más viejas condenan este tipo de visión porque consideran que no involucra un compromiso o profundización. El “casarse” con cualquier cosa, pareja, trabajo, religión, moral, es una corriente obsoleta que trae cosas buenas y malas, como cualquier otra forma de vida.

No saber lo que se quiere no es un crimen, puedes querer muchas cosas, pasar por momentos donde no quieras nada o puede venir esa meta única que siempre te ha llamado y que un día te lanzas a perseguir. Debemos dejar de leer biografías de personajes como Steve Jobs -sólo por nombrar un caso de alguien exitoso en lo laboral pero un desastre en lo personal- y aceptar y abrazar la idea de que somos seres con inquietudes múltiples, seres cambiantes, contradictorios y creer que cada día es una nueva oportunidad para seguir descubriéndonos ya sea dentro del trabajo o fuera de él.

Por: Revista Humana.

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Categorías:Notas y Entrevistas

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