Teatro: Disfrutar Otelo

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En el marco del Festival Santiago a Mil, la obra Otelo de la compañía argentina de Gabriel Chamé, sorprende con su propuesta cómica sobre la tragedia de William Shakespeare, que llenó todas las butacas anoche en el Teatro Mori Parque Arauco.

Con apenas cuatro actores -Matías Bassi, Julieta Carrera, Hernán Franco y Martín López- quienes se entregan completamente a sus roles respetando la trama y hasta los parlamentos originales, el público puede olvidarse de la seriedad del engaño del que es víctima Otelo y ver el lado divertido de la psicología humana de los personajes. Desdémona, Rodrigo, Yago y Cassio como nunca antes los hemos visto, ahora nunca más se nos olvidarán porque después de esto no nos preguntaremos sobre la dificultad de enfrentar una obra escrita en el 1600.

Con escasos elementos escénicos que contribuyen al humor constantemente y una cámara en el escenario que muestra momentos y expresiones en primera plana, el director nos pasea por la envidia, los celos, la violencia, la intriga, la lealtad y la verdad de Otelo en 1 hora y 40 minutos que se pasan muy rápidos.

Este tipo de teatro, llamado clown o burlesque, no resulta para nada una distracción sobre la obra misma, como reconozco pensé que sería, y por el contrario aporta una ironía exquisita ante los acontecimientos. Quizás fue el talento de Gabriel Chamé, pero el resultado valida a todas las hqdefaultobras de este tipo que tantas veces fueron ninguneadas por su exagerada puesta en escena o la desvirtuación del sentido de la historia. Ahora pienso que es así como ocurre Otelo todos los días en nuestras vidas.

Sólo los argentinos se atreven a un intento como este, lleno de humor blanco, arrancando de la maldita manía de tomarnos todo tan en serio a la hora de hacer clásicos. Esta obra es una prueba de que se puede dar vida a ellos nuevamente, hacerlos inmortales más allá de su propio mérito, adaptándolos a la época actual con sus modismos y formas. Lograrlo sin matar la obra es toda la gracia y hasta me arrepiento de no haber llevado conmigo a un grupo de adolescentes que conozco, que necesitan acercaran a la profundidad de Shakespeare desde una muestra artística que capte su atención.

Con todo, los primeros veinte minutos son un tanto enredosos, pero necesarios para dar pie a la tragedia. El personaje de Yago incluso se lo dice al público al comienzo, con todo su encanto: “lindo el espectáculo ¿no? Como que al principio no se entiende, pero después ¡arranca, arranca, arranca!”

Por: R.

Si prefiere la sorpresa, no vea este trailer de la obra. En todo caso, no le hace justicia:

 

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