Carta a mano para ti

imagesNo había nada más lindo que recibir una carta hecha a mano. El detalle, la dedicación, la emoción de abrilra y ser dueña de un mensaje secreto e íntimo entre dos personas. Crecí con la costumbre de escribirnos cartas entre amigas y pololos, cartas también para cumpelaños, navidades, eventos especiales, en fin, mensajes dirigidos especialmente con el puño y letra de la otra persona, y se hacía tan especial identificar esa caligrafía familiar, esa forma de expresión que hoy con los mensajes de texto por celular o por redes sociales está tan perdida.

Recuerdo cómo en la época escolar yo hacía cartas para mis amigas cercanas. Me fascina usar las manos para crear lo que sea, lamentablemente no nací con demasiado talento para pintar o dibujar pero seré siempre una artesana frustrada y mis creaciones decoran mi casa y algunos rincones olvidados de amigos y familiares. En algunos casos decoran las muñecas y cuellos de personas; siempre soñé con tener mi propia línea de pulseras, o sacian su hambre; últimamente estoy avocada al arte de cocinar. Creo que es algo que saqué de mi tia abuela materna, quien hasta el día de hoy, con más de 80 años, hace preciosas tarjetas navideñas y las envía por correo a toda la familia.

Nunca voy a olvidar la primera vez que no estuve en mi país para Navidad y unos días antes de Noche Buena me llegó una carta de mi abuela paterna, de sólo ver el remitente me emocioné hasta las lágrimas. Que maravilla abrirla, ver su letra y sentir que ese minuto que ella se tomó para saludarme en una fecha donde tradicionalmente estábamos siempre juntas entregándonos un regalo, valía mucho más que cualquier regalo o gesto. Su tarjeta rompió toda distancia y me dio una linda alegría.

Es cierto que hoy puede suceder lo mismo con un email pero para mi es complmatrimonio-cartas-de-amor2etamente diferente. Mi relación con la tecnología es buena y la aprecio mientras nos ayude a vivir mejor, pero esa insistencia de querer usarla para reemplazar el contacto humano me resulta absurda. La letra de mi abuela no la puede imitar ningún computador del planeta, cuando cierro los ojos y la visualizo me parece algo único e inmortal.

Guardo en una vieja caja de zapatos muchas de las cartas y mensajes más significativos que me han regalado amigas, parientes y pololos, y de vez en cuando, al meter algo nuevo dentro, reviso algunas de esas palabras escritas que en su momento me hicieron feliz. Todas esas cartas esconden una magia particular que quizás ya se haya perdido para siempre. Hace 15 años los distintos tipos de lápices, los recursos como el Stick Fix para agregar dibujos o flores secas, los lápices mina a colores que hoy casi nadie ocupa más que los niños en el colegio, todo eso para mi tiene tiempo, olor y sentimiento. Me río sola cuando veo lo querendonas que éramos con mis amigas, lo mucho que nos preocupábamos de decirnos cuánto nos valorábamos. Era sin duda la época de la tarjetas Hallmark, pero se sentía maravilloso caer en esa tradición de decir algo lindo porque sí.

Hoy las fotografías corrieron la misma suerte y todas se guardan en el computador luego de ser compartidas a diestra y siniestra por Facebook e Instagram. Se ha perdido un poco el valor de esa foto vieja espontánea que tu mamá guarda en un álbum cubierto de polvo. Yo uso todas mis paredes para poner fotos viejas, alguien podría hacerse una idea de mi vida entera con sólo estar en mi casa. Ver esas imágenes colgadas y recordar quién las tomó o qué estábamos haciendo, son recuerdos y amores que me acompañan y que me dejan esa sensación de que el pasado siempre fue un lugar mejor.

Sin embargo mucho más que una fotografía, una carta escrita a mano es el mejor regalo que puedo recibir; vale un millón de soles porque ilumina mi vida. Cuando abres una carta, alguien quiso comunicarse contigo con tanto afecto que no pudo más que escribirte con sus propias manos para decir todo eso que tenía en su corazón y que de otro modo no hubiera podido sacar completamente.

Es como si esos mensajes no pudieran vivir en otro lugar que no fuera el papel. !Que nunca mueran las cartas!

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Categorías:Columnas

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