¿Te ves o no te ves?

descargaCada vez más personas hacen un análisis crítico de los contenidos de los medios de masas como la TV y el resultado está al aire; canales en crisis con cifras de poco rating históricas y una desesperación por ofrecer una parrilla que satisfaga a las audiencias.

Yo no tengo TV en mi casa. Fue una decisión natural cuando comencé a sentir que se convirtió en una distracción inútil. A todos nos gusta entretenernos e informarnos para ni los programas me resultaban interesantes ni los noticieros me daban la idea de estar informándome realmente. Muy por el contrario, cada vez la cosa era peor; noticieros largos innecesariamente, temas poco relevantes, políticos con micrófonos peleándose entre ellos y canales de cable que si bien salvan con noticieros como la BBC por ejemplo, no son imprescindibles en un hogar con Wifi.

Las redes sociales hoy por hoy también sirven para informar y enfrentémoslo, no vamos a dejarlas de lado. Sin embargo prendo el televisor a veces cuando estoy en el gimnasio y me doy vueltas por los canales para terminar confirmando mi decisión de no tener esa basura en mi casa. Programas idiotizantes que crean un sentido de realidad falso con temáticas opuestas a todo lo que importa, dejando un ínfimo espacio a escasas excepciones.

Cada día hay menos periodismo en los medios, y cuando hay algo, es malo. Educación, qué hablar. Programas como La Jueza de cero utilidad y completo morbo, pretenden atacar un problema cívico cuando Carmen Gloria Arrollo grita sentencias a los enjuiciados en un perfecto castellano que para ellos no es otra cosa que chino. Porque su contraparte jamás comprende lo que dice y sólo quiere vomitar un problema de convivencia que se tornó legal. Arrollo finge enojarse para explicar al acusado que debe trabajar para pagar lo que debe a su amigo que lo ha denunciado, pero esto no surte ningún efecto. Su acusado vive en un lugar parecido a la luna que nuestro sistema educativo a propósito le ha presentado, por lo que la jueza apela a principios que la otra persona nunca ha visto o practicado; honradez, trabajo, lealtad, etc.

wall-tv-stands-vario-whiteTengo un programa de TV abierta favorito que no es un placer culpable, sino casi un lujo asiático; el espacio de Cristián Contreras Radovic en La Red. Periodista y Doctor en Ciencias de la Filosofía, conocido como Doctor File, ha viajado por el mundo investigando las diversas culturas y civilizaciones y cada programa suyo es una cátedra magistral de contingencia, historia, política, sociedad, sociología, ecología, religión, en fin. Mientras expone los hechos dice verdades peligrosas y valientes, del tipo que hace 10 años hasta hubieran puesto en riesgo su vida. Incluso hoy a veces temo por él cuando explica el capitalismo, el calentamiento global o expone los secreto del Vaticano, pero agradezco que tenga una fiel audiencia que le permita estar en TV para brindar un poco de educación.

Cuando visito a mi abuela, postrada en su cama con la televisión encendida casi permanentemente, me doy cuenta que su ventana al mundo es esa pantalla. Ese negocio cuyo objetivo es mantenerse como tal y en ningún caso informar o educar. Me costó aceptar que no es así sólo para mi abuela de 94 años, sino para la mayoría de la gente que consume teleseries de poca monta (que fueron criticadas duramente hace unos días por la actriz nacional Catalina Saavedra), matinales que parecen productos infantiles y noticieros sesgados y editados en favor de empresarios y poderosos.

En CNN Daniel Matamala y Mónica Rincón están siendo la excepción, pero Chilevisión es básicamente un thriller mientras el resto se pasea en complacer a la señora esforzada sin educación que consume historias pequeñas de bajo calibre. El espacio que ocupa el fútbol es escandaloso pero todo el mundo parece apreciarlo; después nos preguntamos por qué hay estadios inseguros cuando nos dedicamos a fanatizar a las personas por un equipo u otro.

Es imposible que una persona medianamente educada se vea reflejada en la TV de himagesoy. Quizás por entretención se quedan en Netflix, pero en serio, ¿qué tanto hay en Netflix? ¿House of Cards? Pero porfavor si con el congreso nacional basta y sobra, solamente que recién se está conociendo su real funcionamiento. Se cuecen más habas aquí entre MEO, Piñera, Bachelet y Longueria que en ninguna serie gringa que pretenda pintar los lazos del poder. Quizás habría que preguntarse por qué estamos más interesados en una serie gringa de Netflix que en saber qué diablos es lo que ocurre con la gente que decide sobre nuestras vidas. Esa pregunta los sociólogos que se engrandecen con sus encuestas cada dos meses, la dejan para la cola.

La gente verdaderamente disfruta sentada frente a sus home theatres -porque ahora sin importar cuán endeudado estés, tienes uno- para ver sin chistar lo que otros quieran mostrarle. Cómo no, si están agotados con horas laborales inhumanas y un transporte público hecho a la medida de las marcas de automóviles que han subido sus ventas gracias a la ineficacia del sistema (como si no hubieran ya suficientes autos en las calles). En sus mundos televisivos se arman su realidad. Quieren parecerse a cualquiera que aparezca en TV y de sólo pensarlo me acuerdo de las clases de teoría de la comunicación en la universidad que me dieron tantos dolores de cabeza; es que no me mataba ver lo crédulos que somos más que lo malignos. La teoría de masas nunca cobró tanto efecto como hoy con el desarrollo de las tecnologías. Una sociedad manipulada por una imagen construida con el fin de lucrar y dominar.

Mi mayor espanto es cuando veo cómo los padres dejan a sus hijos frente al televisor por horas de horas. Qué más van a hacer; de pequeños es lo único que los mantiene quietos mientras ellos hacen otra tareas y ya dentro de la escuela no pueden ser los únicos niños que desconozcan qué figura animada está de moda. Me pregunto cuántos de esos niños podrán vivir sin TV en unos años más, considerando que hay chicos que hoy no aprenden ni a andar en bicicleta por estar frente a la pantalla.

Y pensar que mi abuela vivió sin TV por tanto tiempo. Le dije eso a mi sobrino de 9 años el otro día y me abrió los ojos a toda su capacidad. “No te creo”, me dijo. A veces ni yo me lo creo.

 

Anuncios


Categorías:Columnas

Etiquetas:, , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: