Chicureo: Como el chiste de Coco Legrand

16765-03Irse a vivir a Chicureo sigue siendo la última moda, pero la pregunta es hasta cuándo. Una amiga que se fue hace casi dos años se quedará sin nana y su vida tambalea. La nana está cansada de irse de Santiago a Chicureo todos los días y le pregunté por qué no busca a alguien de Colina que se ahorre el viaje diario desde Escuela Militar, pero no encontró ninguna que entendiera sus necesidades (capitalinas) ni aceptara un sueldo razonable por ellas. “Se aprovechan”, me dijo, “saben que uno las necesita”.

Cuando se embarazó tenía varias razones para irse de Santiago a Colina; que tendría una casa con jardín por menor precio, que la vida de campo era buena para los niños y que allá hay de todo, desde buenos colegios hasta grandes supermercados. A mi no me parecía suficiente porque sé que ella trabaja en el barrio El Golf al igual que su marido y que los tacos y los piques a la larga desaniman, pero todo estaba enfocado en el tiempo durante el fin de semana; ahí aprovecharían de hacer valer su vida en Chicureo.

Lamentablemente sólo sus familiares los visitan desde Santiago -y cada vez menos- porque el resto prefiere descansar y rara vez se toma el tiempo para ir a verla. Pronto se dio cuenta que tanto jardines infantiles como colegios están con valores tan altos o más que en la ciudad y que el supermercado va por el mismo camino. A su vecina le han entrado a robar dos veces una pandilla de jóvenes de Colina -bueno, la cárcel no queda tan lejos, lo que debiera indicar algo- y últimamente el servicio de transporte desde Escuela Militar ha estado fallando, desordenando todos los horarios de la casa porque si la nana no llega a tiempo ella no puede irse. Eso sucede en todos los hogares, pero en Colina si falla eso falla todo, porque simplemente no hay taxis o un metro para suplir los buses.

Mi amiga, como muchas otras personas que con esfuerzo han tomado la decisión de irse a vivir a esta arinconada comuna, se ha comenzado a quedar cada vez más en su casa y olvidó lo que significa la vida de ciudad. Cuando viene a Santiago se impacta de todo lo que pueelclubde hacer -como Carmela en la capital- y a veces hasta se violenta. El campo entró ya en su piel, eso es bueno, pero extraña demasiado su vida anterior. Logra desconectarse en Colina pero sus tareas se duplicaron, los viajes en auto para cosas como las idas al doctor con su guagua son un cacho, porque en el sector de Chicureo hay clínicas pero no le gustan esos doctores. Tendrá que acostumbrarse no más, no queda otra.

Conversando con otra persona que también vive en el sector, me dijo que se imaginó cuando su hijo entre a la universidad el próximo año: “mejor que se vaya a vivir a Santiago y me venga a ver los fines de semana o se va a volver loco con los piques y el estudio”. Puede ser que en adelante haya universidades de prestigio instaladas en Colina, pero por ahora es un gran pueblo en crecimiento que a veces anima y a veces deprime. ¿Acaso quienes emigran creen que se mantendrá como campo por mucho tiempo? Cero posibilidad; es una oportunidad de negocio demasiado concreta para inmobiliarias y marcas. Ocurrirá lo mismo que ocurre siempre y pasará a ser una gran ciudad más, llena de luces y bombas de bencina sin las cuales, al menos hasta hoy, nadie puede moverse.

Quizás lo más curioso es que las personas que se van a Chicureo se quejan y se jactan al mismo tiempo, entonces uno nunca entiende bien. ¿Cuándo van a disfrutar su decisión? Expelen una sensación de “lo logré, vivo aquí”, pero parecen agotadas por el sacrificio. Es inevitable acordarse del chiste de Coco Legrand sobre la clase alta y su afán de salir arrancando cada vez que sus barrios se “democratizan” (ver final del video). Pasaron del centro de la capital a Providencia, de Providencia a Apoquindo y Las Condes, luego a La Dehesa, después hicieron un intento fallido de instalarse en Huechuraba y ahora Colina. Farmacias, malls, iglesias y un largo etcétera se movieron junto a ellos haciendo añicos el campo bello que alguna vez fueron esos barrios.images

Ahora, hay que aclarar que la calidad de vida depende tajantemente de en qué parte de Colina quede tu casa, porque no es lo mismo vivir en la Hacienda, que en Piedra Roja o a campo abierto. La infraestructura, las casa y el kilometraje varía enormemente y por ejemplo irse a vivir a la casa que hoy venden Benjamín Vicuña y Pampita con vista a un lago (aunque dicen que está lleno de bichos) o a una cancha de golf, no es lo mismo que hacer un hoyo en el campo y ponerse a levantar muros. La seguridad es superior, el diseño del paisaje y los espacios, etc. Si los trayectos son igualmente agotadores, por último valen más la pena.

En todo caso, no deja de tener un toque de humor el arribismo de la decisión; una que sacrifica calidad de vida a cambio de estatus. Basta con observar cómo últimamente a todo el sector se le llama Chicureo, cuando ese es apenas el nombre de una calle. Chamisero, por ejemplo, queda en otra parte pero si vives ahí no dices Chamisero, dices Chicureo. Para qué hablar de la cantidad de condominios que se están construyendo, que como callampas salen de todos lados acosando las mentes de los habitantes con preguntas como: ¿qué ocurrirá con las calles? ¿Cuánto falta para que colapsen? Al final terminarán igual que Santiago: llenas.

¿Dónde va a quedar un último pedazo de cerro que respetemos como tal y que permanezca así? Quién sabe. La migración del campo a la ciudad mutó a una extraña migración de la ciudad al campo para convertirlo en una incómoda e intolerable urbe.

*Coco Legrand:

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