La lacra del alcohol y la posibilidad de elegir

El alcohol es una droga adictiva. Entonces, ¿por qué se le pimageside a la gente que toma alcohol que decida voluntariamente no manejar cuando bebe? ¿Por qué es esa la estrategia de prevención y educación, cuando el problema ya existe y hay una masa de personas que consume una droga?

Reaccionamos a todo los problemas sociales en vez de anticiparlos. La ley Emilia fue la última de estas reacciones, pero el problema es anterior, es en la sala de clases de los colegios porque es ahí donde debe quedar claro qué es el alcohol y por qué se vende a mayores de 18 años en todo el mundo. Hay gente que cae en el absurdo de pretender que el consumidor de alcohol decida pasar las llaves una vez borracho. Incluso pretender que las pase antes de emborracharse es pedir demasiado, considerando que esa persona tendría que reconocer primero que es un borracho que pronto no estará en condiciones de manejar. Y reconocer algo así, dicen, no es cosa fácil.

Es cierto que hoy la ley prohíbe manejar con una cantidad de alcohol mínima que seguramente no emborracha a nadie, pero hay que saber de alcoholismo para entender, por ejemplo, que un adicto sólo necesita una pequeña dosis para emborracharse.

Elegir si beber o no beber, cuándo, cuánto o qué, es algo que puede ocurrir si se obtiene toda la información sobre el alcohol antes de que este entre a tu vida, es decir antes de la adolescencia o la edad en que los jóvenes son tentados a probar cosas nuevas y prohibidas para ellos. Se hace necesario recordar que Chile figura orgullosamente entre los países más alcoholizados del mundo, justamente en menores deimages (1) edad.

Cortémosla con la lesera, como diría nuestra Presidenta, que aquí todo es desinformación. Y es desinformación porque hay un negocio, y hay un negocio porque lo que se vende es adictivo. Podríamos decir exactamente lo mismo sobre el azúcar, ambas cosas son lacras sociales que destruyen personas; su autoestima, su salud y sus relaciones. No te puedes librar de ellas porque te criaron para que fueras un adicto a las mismas.

Ayer una amiga posteó en Facebook una gráfica sobre el atropello de un ciclista por parte de un conductor en estado de ebriedad. La imagen dice “Cuando atropellas a un ciclista, atropellas a toda su familia” -aunque debió decir que cuando atropellas a cualquier persona atropellas a su familia-, la idea es correr la voz sobre el caso y sensibilizar a la gente.

Pero cuando el daño ya está hecho, ¿cuánto se gana? ¿Por qué mejor no hacer un cartel que exija una educación preventiva y educativa con respecto al alcohol, que disminuya este tipo de casos atajándolos desde el principio? Hay que preguntarse cuántos más de estos accidentes tenemos que postear y compartir en redes sociales, para que exista un cambio en las leyes, por un lado, y se 13164449_1284810451547174_4485326953253683494_ndiga la verdad con respecto a esta droga legal, por otro.

No estamos para hacer un ataque al alcohol, las libertades individuales deben respetarse incluso si uno quisiera quitarse la vida, pero el deber ético del estado es velar por el bienestar de su pueblo. En ese sentido, debemos incluir el alcohol en el debate actual de los beneficios personales del empresariado, las políticas públicas y las leyes que permiten que ellos se enriquezcan a costa de destruir la vida de las personas desinformándolas y haciéndolas adictas.

La pregunta no es por qué ese conductor manejó ebrio, la pregunta es por qué está ebrio. Hay que comprender que si no hubiese sido manejar borracho, hubieses sido otra cosa, un femicidio (crimen en el que Chile también lleva la delantera), o una atrocidad de cualquier otro tipo.

Debemos enseñar a los niños qué es lo que el alcohol hace realmente con la gente y desde ahí dejar la opción de elegir libre e informadamente. Pero en vez, es del todo normal la publicidad que levanta figuras deseadas y deseables promocionando marcas de alcohol, como es el caso de Benjamín Vicuña, por ejemplo, con el pisco Alto del Carmen.

Más allá de la decisión del actor de tomar una publicidad así, con los altos índices de alcoholismo en jóvenes chilenos y la considerable influencia de su imagen, hay mucha ignoranalto2cia cuando se cae en seguir estos mensajes.

La teoría de la comunicación que se estudia en periodismo, detalla cada paso del comportamiento de masas donde un mensaje potente o también uno subliminal puede mover montañas. Es así cómo terminamos pensado que definitivamente “volaremos alto” si consumimos Alto del Carmen; estatus, estilo, poder.

Son 13 años de colegio, 13. Cómo puede ser que los jóvenes se conviertan en mayores de edad sin entender en lo que se meten cuando se trata del alcohol. El poder de la industria ha logrado, en todos los ámbitos, pasar por encima de lo que es mejor para sus consumidores y hoy tenemos una sociedad que no sabe tomar, no conoce el origen -tradicional y a veces hasta sagrado- del uso del alcohol y que cada vez más seguido debe lamentar casos perfectamente evitables.

Hoy en día son contadas con los dedos de la mano, las veces en que uno puede sentarse con alguien a disfrutar de una copa de vino, solo una. Pero nunca es una sola, porque tomar se ha convertido en una tomatera. Comer, en una comilona, hacer el amor, en pornografía.

Hemos matado todo. No sólo a este ciclista.

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Categorías:Columnas

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