Ese chat de la generación del colegio

descargaComo si no tuviéramos suficientes chats de WhatsApp -familia, trabajo, amigos, la nana, el conserje incluso, las empresas nos mandan mensajes, etc-, ahora estoy en uno de mi generación escolar. Amable y entusiastamente, un grupo de compañeros de colegio quiso organizar una junta en unos meses más -o sea que me esperan meses de mensajes en mi celular, con fotos y videos incluidos- al cumplirse más de 15 años desde que salimos de esa cárcel, perdón colegio.

En principio es algo simpático, es decir podría hasta ser divertido ver las caras de personas con las que estuviste durante 13 años pasando todo tipo de situaciones, sin embargo tener a 60 individuos en un chat, cada uno con su tema, puede llegar a ser un desafío a la paz interior. Independiente de si uno decide asistir o no a esas reuniones de colegio, algo me pasa con el chat que siento que basta y sobra. O más sobra que basta, porque a través de ese medio me he enterado más o menos de la vida de todos y en la mayoría de los casos es mucho más de lo que me gustaría saber.

Hay una fórmula clave para vivir que se aprende con el tiempo; vivir de acuerdo a lo que a uno le interesa, mezclándose con quienes le provocan a uno afinidad. No es posible que entre 60 tipos todos se hayan caído bien durante el colegio y tampoco lo es que todos se caigan bien después, menos si es por chat. Entonces ahora, en WhatsApp, todos se hacen los amigos cuando nosotros mismos sabemos que nunca fue así mientras fuimos compañeros. Es cierto que las cosas cambian, la gente cambia, pero ¿cambia de verdad?

Normalmente, siempre se arman grupos de amigos que lograron mayor cercanía y cuya relación supera la prueba del tiempo, por eso no veo por qué se pretende a estas alturas que todos quieran participar de un grupo que durante 13 años no fue el que realmente se tuvo. Si por ejemplo, al salir del colegio te seguiste viendo con 5 personas, eso indica que el resto se filtró de forma natural. Si te sentiste feliz de no ver más a algunas personas -y hay quienes incluso celebraron poder dejar a cierta gente fuera de su vida- ¿por qué vas a querer saber de ellas todos los días, 15 años después?10-Reasons-Why-We-Hate-WhatsApp-e1454514283188-615x341

Ahora, lo cortés no quita lo valiente, y por ejemplo me he visto obligada a saludar gente para su cumpleaños o cosas de ese tipo que uno hace sin problemas, pero digo “obligada” porque en principio no me hubiera interesado estar en ese chat, si no fuera porque alguien preguntó por mi y se ejerció esa “presión” subterránea de aparecer en vez de generar ruido por ser la única que no está.

Una amiga finalmente me incluyó y no hay vuelta atrás; me puedo salir, pero sólo lograría mala onda innecesaria. Si hay gente que no quiero ver ni en Facebook, ¿por qué ahora las tengo en mi celular? No sé, son los misterios de la vida. Así es la tecnología. Gente que manda fotos de sus hijos, gente que manda videos de ellos mismos colapsando la memoria de mi celular, etc., gente cuya vida no me atrae, pero no porque exista una mala onda entre nosotros, sino por el simple hecho de que decidimos no formar parte del círculo del otro y yo me siento bien con esa decisión.

Uno hace muy buenos amigos en el colegio, los más cercanos son amigos de por vida, pero con el tiempo se transforma en una etapa que queda atrás y a veces no hace sentido revivirla. De no existir este chat, no me habría acordado jamás que había una chica en el colegio que era mitómana y no hacía más que involucrar a todo el mundo en sus chismes, o que había un chico que no paraba de hablar todo el día, como si estuviera en una competencia de loros, nos dejaba a todos hartos.

rejected-snapchatAfortunadamente, en mi caso la experiencia del colegio fue buena, pero a la vez me parece una etapa cerrada y lejana, como de otra existencia. En otro sentido, yo siempre quise salir al mundo y me aburría de estar ahí viendo las mismas caras. Creo que sin mentir podría decir que estuve los 13 años añorando el momento de algo más, donde la vida fuera más grande que el colegio mismo, los profesores, los compañeros, todo eso se me hacía muy pequeño y el día que me gradué sentí felicidad de por fin entrar en algo nuevo y emocionante.

Una de las cosas más curiosas de este nuevo chat al que pertenezco, es que todas las personalidades siguen iguales; por ejemplo el que era el egocéntrico del curso sigue egocéntrico, la loca sigue loca, la florero sigue florero, el amigo de todos sigue siendo amigo de absolutamente todo el curso y el insoportable…Bueno, está más insoportable. A veces lo veo y no lo creo, !es como una pesadilla! Así las cosas, se hace aburrido y obviamente silencié el chat, aunque veo las fotos y videos que llegan y sé que estoy condenada; me seguirán bombardeando con guaguas que no conozco, situaciones que no me incumben y videos tan extraños que prefiero borrarlos antes de sentirme tentada a analizarlos (snapchat, púdrete).

Al final la necesidad de compartir se ha convertido en eso; ventilar por ventilar; alguien comiendo, alguien tomando, alguien hablando todo tipo de cosas que no aportan. Esta gente se despierta en la mañana y dice: “voy a mandar mis fotos, videos, opiniones y pensamientos a todo el mundo para ver en cuánto tiempo logro colapsarlos”. En mi caso, en 30 segundos.

No me mensajeo así ni con mi pololo, ni con mi mamá, ni con mis amigas de colegio más cercanas y hasta en los trabajos se está entendiendo que los chats son para decir algo relevante y punto. Pero hay algo que es mucho peor que la constante pulga en la oreja hinchando las pelotas; el ego. Hay gente que adora estar en vitrina para decir lo bien que le ha ido, lo lindo que es su hijo, lo bueno que es su trabajo o su familia. Me imagino cuando se concrete la famosa reunión de colegio: un festival de egos tratando de acaparar atención del grupo, con un agravante; que ya no somos niños.

Que no se me malentienda, tengo amigas de colegio que voy a amar por el resto de mis días, pero hay una razón para que alguien no haya estado en tu espectro por los últimos 17 años y se llama vida. La vida hace que las personas tomen sus caminos y no vuelvan a toparse y eso me parece tan sano como sabio. ¿Qué haremos ahora que la tecnología desafía al pasado?

No sé. Por mientras veo difícil asistir a esa junta de colegio sin ganas de cachetear a alguien. Bienaventurados los compañeros que viven fuera del país.

Anuncios


Categorías:Columnas

Etiquetas:, , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: