¿Dónde están las sabias?

Leyendo un pequeño cuento de sabiduría, recordé que no he visto demasiadas mujeres en el papel de sabias o gurúes iluminadas, tipo Maharishi, Krishna, Buda, en fin, tantos hombres que han aparecido en la historia y que citamos y estudiamos hasta hoy. En rigor, este tipo de personas con un nivel de conciencia más alto que vienen al mundo a enseñarnos, reúnen la dualidad mujer-hombre en un mismo ser, entonces el género del cuerpo en que se manifiesten pasa a ser irrelevante. Sin embargo la pregunto es legítima, ¿acaso no han existido mujeres comparables a Jesús, Confucio o Lao Tsé?

Mi primera respuesta es no, porque seguramente estaban muy ocupadas criando niños y no tenían tiempo para desarrollar su conciencia. Pero bromas aparte, claro que sí han existido mujeres iluminadas que han sido relegadas, escondidas, humilladas, apartadas y matadas. Pero existieron. Algunas más conocidas, como Cleopatra, y otras menos, como Madame Blavatsky, muchas mujeres de espíritu sabio han encarnado a lo largo de la historia para cumplir la misión de guiar a la especie con el eco de sus enseñanzas.

María, la madre de Jesús, podría ser el ejemplo más típico de la mujer que fue aplastada y puesta en segundo o tercer lugar con respecto a su importancia. Lo mismo con María Magdalena. Ambas quedaron como figuras prácticamente decorativas; mujeres puras pero llenas de pasividad. Sin embargo hoy podemos saber, gracias a la revelación de escritos antiguos, que Jesús consideraba a Magdalena como su relación humana más importante, por sobre cualquier discípulo.

A veces me pregunto por qué no son las Machis, las chamanas y las sabias las que están en primera plana en este mundo, mejorando las cosas, aconsejando y gobernando. Cómo puede ser que las líderes femeninas sean del tipo como Ángela Merkel o las ya caídas Cristina Fernández, Michelle Bachelet y Dilma Rousseff. Bueno, quizás decir caídas sea apresurado, pero de que van en picada, van.

Probablemente, es porque las verdaderas sabias -que en Latinoamérica había muchas antes de la colonización-, están escondidas y protegidas luchando contra la corriente en silencio para no ser perseguidas como sus antepasadas. Como la bondad y la sabiduría son energías que fluyen, a veces no es necesario que den la cara y basta con que se mantengan conectadas a la fuerza divina para pedir por este mundo.

El problema es que su presencia hace falta últimamente en el mundo. Hay escasez de mujeres sabias, se siente el déficit de su poder en la sociedad y hay una sensación en el aire de espera para que por fin aparezcan públicamente en todo su esplendor, en los cargos que les corresponde para ejercer su conocimiento y amor.

Sólo ellas saben cómo podemos vivir en armonía entre mujeres y hombres, cómo tener un medioambiente sano, cómo eliminar la pobreza y la hambruna. Ellas conocen el secreto de la felicidad humana porque nacieron para ser nuestras madres. ¿Cuándo llegará el día?

Llamémoslas para que salgan de su escondite y nos asistan. Digámosles que ha llegado la hora, que no podemos seguir sin ellas. Pidamos a los árboles, al cielo, al viento por otra Gabriela Mistral, otra Frida Kahlo, otra Marilyn Monroe, otra Madre Teresa. Y si obtenemos respuesta, por una vez en la historia seamos lo que ellas esperan de nosotros.

 

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