La rareza de un funeral

descarga (1)La situación más dolorosa de la vida podría ser un funeral de un ser querido. Pero cuando no eres tú quien sufre, y estás ahí para apoyar a otro, puedes observar distintas cosas que ocurren en ceremonias y funerales que los convierten casi siempre en algo un tanto incómodo, lleno de pasos rituales y sobreactuados que no resultan agradables.

Decenas de caras familiares, algunas más otras menos, una tristeza indescriptible y una ceremonia tipo. Son los factores que generalmente engloban todo lo demás; desde las ropas hasta las palabras que se dicen unos a otros, todo está fríamente calculado mientras que los familiares del desdichado están en primera fila sosteniendo la cara cuando lo mejor que podría pasarles es irse a dormir una siesta. En vez, deben ponerse de pie y atender colas de personas que quieren saludarlos, darles el pésame y sobretodo mirarlos, observarlos mucho en sus gestos y movimientos. Es el morbo del dolor.

descarga (2)Puedes estar seguro que al funeral de una persona que amaste, llegará al menos uno de tus enemigos íntimos. Ese tipo que quiere verte sufriendo, pero que hará lo imposible por hacerte creer que está acompañando tus sentimientos. Pero antes de que pueda darse eso, están los pagos; precios inflados que seguirán así mientras haya viudas en estado vulnerable capaces de abrir la billetera a instituciones que se dicen religiosas y que cobran cifras que las debieran enviar directo al infierno.

Siempre hay algo de tensión en los funerales y podría jurar que es relativo al tema de las herencias. Los familiares oportunistas se pasean frente a los deudos, mientras ellos sólo pueden pensar en todo eso que les quedó pendiente con la persona que ya no está en este mundo.

También pueden darse toques tragicómicos, como que el ataúd se quede atascado en el auto que lo lleva al cementerio y de tanto tironearlo los familiares queden a punto de caer con él al suelo. O que el coro religioso se equivoque de canción y el cura confunda el nombre del fallecido. Después de imprevistos, abrazos demasiado apretados y frases religiosas que retumban en el techo de una iglesia sin calefacción ni ventilación, viene el silencio y ese tocará enfrentarlo en soledad.

IMG_7909-640Las personas que asisten a un funeral, no sabrán nunca lo que se siente hurgar entre las cosas de quien se ha ido; sus cajones, sus recuerdos y sus secretos por ahí guardados. No al menos hasta que ellas mismas lo vivan. Para los familiares, el sin fin de trámites legales será el único tema por los siguientes días y el cuerpo demostrará que tiene un límite de lágrimas diarias y un tope para el desgano de comer.

Sensaciones físicas, emocionales y mentales que no se abarcan en un funeral, donde muchos prefieren comprar un ramo de flores y no abrir la boca para no caer en algo desubicado o insensible. Y mientras el sacerdote habla, estarán mirando cómo ha envejecido aquella compañera de colegio o cuán triste se muestra ese pariente que estaba peleado hace años con el muerto.

Todo esto me lleva a pensar cuál es la mejor manera de despedir de esta vida a alguien que amamos y no lo tengo claro, pero en ningún caso es un funeral. A lo mejor tanto ruido no nos deja escuchar qué es lo que nos gustaría, pero no tiene por qué ser una gran cosa, quizás solo un rezo y un deseo: que las almas sigan al cielo.

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