¿Quién entiende a Obama? Hace la guerra pero lamenta tiroteos

maxresdefault (1)Haca poco, y nuevamente, Barack Obama tuvo que dar una conferencia de prensa con cara de tristeza lamentando otro tiroteo en su país con consecuencias fatales, esta vez en Orlando.

No se puede dejar de reparar en sus gestos, más allá de sus palabras. La mueca de pesar, la expresión de dolor a punto de hacerlo quebrar, algo que viniendo de un Premio Nobel de la Paz como él, debiera conmover hasta las lágrimas.

Pero ironías aparte, Obama paga por donde peca. No ha hecho más que promover la guerra desde que llegó y lleva dos períodos de violencia y destrucción alrededor del mundo excusados por nacionalismos baratos y defensas inventadas.

Hay que ponerse en la piel de un joven cualquiera viviendo en uno de los estados menos glamorosos de U.S.A., viendo por televisión series violentas y noticias fabricadas y viviendo en carne propia la tremenda discriminación y racismo que existen hasta estos días en su país. Una país que promueve la compra y uso de armas en defensa personal, las pone en sus películas hollywoodenses como un objeto común en hogares y las usa en el día a día de sus maxresdefaultrelaciones internacionales. Un país con bases militares en casi todo el resto del mundo y que mantiene sin que nadie pueda negárselo, una cárcel en Guantánamo, Cuba.

Ese es el ejemplo que Barack Obama da a sus ciudadanos, con un tiempo al mando que debiera ser suficiente para hacer los cambios necesarios. Él hace la guerra, pero prácticamente llora en televisión cuando un estadounidense mata a sus compatriotas a quema ropa.

Su excusa es que no cuenta con el apoyo parlamentario para cambiar la ley de armas y punto, fin del asunto. Las armas se siguen vendiendo y la gente se sigue disparando. Pero eso no es problema para sus relaciones políticas, ni para los negocios de sus poderosos secuaces.

Se ha dicho muchas veces y debe ser repetido: Obama declaró una guerra básicamente como acto seguido de recibir el Premio Nobel de la Paz, lo que primero le quita todo el piso a la organización que lo ofrece, y segundo dicta la pauta de lo que cada norteamericano debe entender por paz; defender mis ideas y matar las del resto. Eso es vivir en paz.

Otra palabra manoseada que Obama usa mucho es libertad. Dice defenderla en cada acto bélico -muy al estilo Bush-, pero lo cierto es que esa libertad jamás ha existido y hoy menos que nuncdescarga (1)a. Te pueden disparar en un supermercado, en el metro, en el colegio y no sería otra cosa que una réplica de las políticas militares del Presidente. Pero antes de que las balas corrieran como agua, no era posible obtener la famosa libertad insignia del país del norte, porque ellos mismos no han conocido nunca lo que es vivir sin amarres, sin dictámenes y sin obligaciones hacia un modelo capitalista que los estruja y los esclaviza para hacer dinero y pasarla bien. Eso no es libertad. Se parece más bien a un libertinaje decadente. Para no alargarnos en el análisis, hay que preguntarnos simplemente: ¿eres realmente libre si debes estar siempre con una pistola?

Obama olvida que los gobernantes son los guías de un pueblo y que su actuar no ha hecho más que desorientar a una masa que históricamente ha respaldado a sus presidentes. Barack Obama pagará sus culpas cuando tenga que hacerlo, pero ¿qué pasará con la sociedad norteamericana?

Habrá que dejar encendidas las noticias en la TV.

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Categorías:Columnas

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