Cómo retumban en Chile las palabras de Claudio Bravo

bravo-450x300La selección chilena de fútbol salió bicampeona de América y el capitán del equipo dijo lo que pensaba sin pudores: “Debes creer siempre en ti, pase lo que pase. En Chile existe mucha envidia, si a alguien le está yendo bien tratan de bajarlo lo antes posible”.

Además de buen arquero y buen deportista -esto dicho por expertos en el tema-, Bravo es un buen líder que apunta lo que está mal y lo hace desde la gloria del primer lugar, porque ahí sus palabras cobran validez. Muy obvio es decir algo así desde la derrota, como excusa.

A veces pareciera que el deporte predilecto en Chile no es el fútbol, sino la envidia. Cualquiera que tenga ganas de salir del rincón que es Chile, hacer las cosas de forma diferente, dejar de lado las estructuras y jugársela por un sueño propio, es inmediatamente apuntado y descalificado. Pero eso no sería nada; también es aislado con el objetivo de desmoralizarlo y hacer que desista. Por eso las palabras de Bravo, porque la presión es tan fuerte y viene de tan cerca que lo más probable es que desistas.

foto_0000001420150325151818Si en tu propio país se ríen de ti, te juzgan violentamente y te destruyen, primero sientes temor de que todo el resto del mundo también lo pueda hacer, pero además quedas en ridículo porque se supone que tus compatriotas debieran apoyarte. La envidia no permite un acto generoso como ese y nadie es de fierro. Es fácil llegar a deprimirse si dejas de confiar en tus ideas y capacidad para cumplir tus metas. De llegar a caer en ese hoyo profundo, sabemos que pocos salen.

Siempre la persona que ha logrado algo, tiene un lado malo que es criticable, como lo tenemos todos. En el caso de los futbolistas, es más fácil identificar características útiles a la hora de apuntar con el dedo; muchos de ellos hablan mal debido a sus orígenes socioeconómicos, son egocéntricos debido a los puestos que han conseguido o se equivocan dentro de la cancha más veces de las que aciertan.

En Chile damos donde más duele, nos comportamos con una violencia insólita que en gran parte es legado del colonialismo español. Claudio Bravo tenía a su hija gravemente enferma pero jugó por su país como cualquier chileno que debe levantarse para trabajar cuando tiene un dolor en el corazón. Estamos hablando de un tipo que podría no trabajar nunca más si quisiera, podría capitalizar lo que ha sido su carrera hasta ahora y punto, pero Bravo no está en el fútbol por dinero. Lo que sucede es que profundizamos poco a la hora de criticar. Lo que hacemos más bien es dar combos y patadas al aire, cero reflexión y cero análisis. Somos como niños que han sido maltratados y que al crecer sólo sabemos hacer lo mismo.

seleccion_bravo_sonrie_conferencia_2014_psLos que han vivido fuera de Chile, saben lo que es ser valorados por su trabajo, sus capacidades y su forma natural de ser. Es como un aire nuevo y no exagero si digo que es casi de no poder creer, porque lo comparas con tu país donde todo cuesta el triple; ganarse una oportunidad, ganarse a la gente, su confianza, su respeto. Es un problema cultural, porque no hemos llegado al punto en que aceptamos a todos por igual y seguimos atrapados en el clasismo que nos quita el sueño y el cinismo que nos define en el día a día.

Hay que cambiar el  switch y la paranoia de que alguien me está ganando todo el tiempo; uno más bello que yo, más exitoso que yo, y adoptar el arte de la imitación. Mis padres siempre me dijeron: “copia lo bueno”. Pero hay que saber copiar, porque imitar a rajatabla es simplemente absurdo. Lo que da mejores y mayores frutos es observar al exitoso, a ese modelo que quiero ser y apoyarlo con toda la intención de su beneficio, para así reproducir el modelo en mi mente y luego en mi realidad, ahora bajo mis propias apreciaciones.

Tenemos el ejemplo de personajes como Bravo que comprueban el valor del esfuerzo, la concentración, la pasión, el compromiso y la responsabilidad. Ahí está la guía, ¿por que la despreciamos en vez de seguirla?

Las palabras de Bravo vienen desde el dolor de no ser apreciado por los sacrificios que ha hecho y los lugares que ha conquistado. El meollo del asunto es que cuando estás feliz y cumpliste un sueño, por consecuencia natural lo único que quieres es compartirlo, en este caso con todo un país, pero la ola de críticas negativas aplastó esas ganas dejando una herida.

Claudio Bravo no nos necesita, hay que dejarlo claro. Tiene una familia, amigos, el mejor trabajo y vive en un país más desarrollado que el nuestro. Sin embargo el ser más profundo que habita en nosotros, siempre tira hacia ese lugar donde crecimos y lo más probable es que las críticas injustas y “excesivas” como él mismo dijo, le duelan no en el ego, sino en el alma.

Los chilenos sabemos hacer daño. Lamentablemente, es de las pocas cosas que sabemos.

 

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