Prefiero sin marihuana

MARIHUANA-EFE-644x362En mi época escolar, tuve un pololo que no podía estar sin fumar marihuana. Cuando nos veíamos estaba volado o a punto de volarse y mi posición fue siempre la misma: “si vas a fumar, no te juntes conmigo”. Duramos cinco meses. Mis razones no eran ni morales ni científicas, simplemente me era desagradable estar conversando con una persona que no estaba realmente ahí del modo en que estaba yo. Es parecido a lo que sucede cuando al salir con amigos, a uno se le pasan las copas y ya no se puede conversar con él porque comienza a repetir ideas, cometer desatinos o perder el equilibrio.

En mis escasos intentos de saber de qué se trataba todo el rollo de la marihuana (proyecto que finalizó hace muchos años atrás), hubo una oportunidad en que la amiga de una amiga quería fumar antes de entrar a una fiesta. La acompañamos y terminamos fumando un poco cada una. Al entrar al evento, lentamente me fui dando cuenta de los pensamientos de las personas que estaban más cerca mio. Primero me dio risa, pero inmediatamente me enojé cuando escuché a la amiga de mi amiga pensar en nosotras de no muy buena manera. Me defendí y le dije que sus pantalones eran horribles. Así pasaron algunos minutos donde descubrí por qué no nacemos con telepatía; adivinar el pensamiento de otras personas es algo difícil de manejar, por cuanto muchos de ellos son negativos y dolorosos.

Al poco rato me fui al baño y llamé a otra amiga para que me fuera a buscar. Juré nunca más ver a esa tipa que tenía una nube negra horrible en su mente. El episodio quedó atrás y en otra ocasión, mientras trabajaba en un bar, el administrador nos invitó al equipo entero a su casa después de un turno. Todos fumaron tanto que yo sin haberlo hecho todavía, me sentía mareada, hasta que decidí dar una bocanada. Me dio tanta risa que mi estómago se comenzó a retorcer. Si te ríes media hora de corrido ya no estás disfrutando. Me faltaba el aire dentro de ese departamento y me fui decepcionaMarihuana-4da. Finalmente, todos nos estábamos riendo pero nadie sabía de qué y ese sinsentido me hizo perder interés.

Así, hubo otros episodios donde no me ocurrió nada y otros más donde me dormí al instante. Nunca una experiencia con marihuana me dejó algo positivo, digno de ser repetido. Podía observar cómo las personas fumadoras a mi alrededor perdían su brillo, su naturalidad, y no podían estar demasiado tiempo sin la marihuana, como si esa dependencia les permitiera funcionar con normalidad.

La vida sin “anestesia” me parecía más bella, despampanante y emocionante que experimentada de cualquier otra manera. Conversar con otra persona, besarla, reírnos juntos, todo eso no requería de ningún prisma ajeno a la dicha misma de estar aquí, así tal cual. Estoy a favor de la despenalización y no estoy en contra de las decisiones ajenas, pero estas breves exploraciones personales fueron suficiente para preferir la vida sin marihuana y hasta hoy nadie me ha dado una buena razón que explique por qué la usa. Siempre son excusas del tipo “para pasarlo bien”, “para relajarse”, “para estar feliz”, que suenan bien para los 20 años, pero parecen infantiles para después.

Cuando voy caminando por la calle, a veces puedo distinguir a un fumador fácilmente, porque siempre lleva unas ojeras oscuras y una mirada ida y desenfocada, su piel se ve apagada y se podría decir que sin la marihuana estaría en una permanente crisis nerviosa. Sin embargo esta planta, tan adorada por multitudes, tiene diversos usos terapéuticos que pueden hacer la diferencia en la calidad de vida de un enfermo.

A lo largo de los años, he probado casi todas las opciones disponibles a la hora de sanar de cualquier dolencia de turno y creo que lo mejor es observar cómo reaccionamos individualmente y decidir por lo que nos brinde mayor bienestar. Pero mientras haya salud, mientras existan los días y las noches y las personas en el mundo, seguiré lejos de los pitos y los porros, vengan de donde vengan (y algunos vienen de lugares impensados). Es posible, dadas las condiciones de una sociedad hastiada, estresada y enferma, que en esta decisión me encuentre dentro de un grupo de pocos, pero al menos esos pocos buscan lo mismo que yo.

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Categorías:Columnas

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