Mi primer temazcal: renacer

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Apu Wechuraba, Cerro Blanco, es parte del Parque Metropolitano de Santiago.

Comiendo con una amiga que no veía hace tiempo, me comentó que una amiga de ella le habló de un temazcal que ocurriría al siguiente día. Me explicó que se trata de un ritual antiguo en las culturas mesoamericanas, donde a través del calor de piedras volcánicas hirviendo, las personas reunidas dejan atrás lo que no sirve y renacen desde el útero materno a una nueva vida. Necesito purificarme, me dijo, ¿vamos? Vamos, le dije.

Entrada: $5.000, lugar: Cerro Blanco, conocido como Apu Wechurabaen en la comuna Recoleta; forma parte del Parque Metropolitano de Santiago y la historia lo marca como un lugar de importancia para incas y mapuches a la llegada de Pedro de Valdivia. Luego supe que hay más temazcales que se organizan en otras comunas y cuentan con diversas características. Para bien o para mal, este era conocido como uno de los más potentes.

Me enteraría apenas comenzara la primera ronda. Ingresamos a una construcción de piedra similar a un iglú, pidiendo permiso de rodillas a la tierra para ingresar “por mí y por todas mis relaciones” y ubicándonos uno al lado del otro, alrededor de un hoyo donde se depositarían las piedras preparadas y calentadas con treinta y un hiervas medicinales. Una vez que las más de cuarenta personas asistentes (un número demasiado alto, según averigué después), nos sentamos en el suelo, algo incómodas, se dio inicio a la primera puerta o fase (son cuatro), que parte por el este y que me sorprendió con una total y absoluta oscuridad.

La guía a cargo cerró la puerta y de a poco arrojó agua con hierbas en las piedras, ocasionando temazcal-de-luna-llenaun poderoso efecto de sauna para que los cuerpos se desintoxiquen por medio de la sudoración. Los presentes piden permiso para cantar rezos en conjunto a la madre tierra y al creador, algo que jamás logré hacer, ya que el calor apenas me permitía respirar. La idea es asistir en traje de baño o ropa muy ligera, aunque hay países donde se practica al desnudo. Dependiendo del temazcal, las personas estarán sentadas o acostadas sobre la tierra y una serie de detalles puede variar -esencias, olores, etc.-, puesto que se trata de una tradición muy antigua y popular. En esta oportunidad, recibimos pedazos de aloe vera para frotar en nuestros cuerpos y refrescarnos y también cada cierto tiempo nos rociaban agua fría.

De todas las cosas que imaginé, jamás pensé que aquella oscuridad invadiría todo mi ser, primero porque no sabía que estaríamos a oscuras y de golpe me pareció violento, pero segundo porque lo percibí como debió ser el útero materno; un espacio limitado, cerrado y sin luz. Soy de disfrutar y agradecer cada rayo de sol y nunca había deseado tanto ver uno. No importaba abrir los ojos, todo era negrura. No puedes saber qué está sucediendo, ni quién sigue presente. Como si fuéramos un ser solo esperando por algo, el temazcal “obliga” a un espacio contigo mismo que puede ser insoportable, pero no por eso descartable. Probablemente un claustrofóbico pasaría un mal rato, pero de superar los primeros minutos, tengo la sensación que probablemente dejaría de serlo para siempre.

Efectivamente me pareció estar dejando atrás todo lo vivido hasta ahora. El anuncio en Facebook que leí la noche anterior, decía así: levantaremos una ceremonia de sudor mixto, con el propósito de agradecer este nuevo tiempo. El Apu Wechuraba es un espacio de encuentro, un lugar único en el corazón de Santiago para dar gracias por todos los movimientos que marcan una nueva etapa, un nuevo giro. Se recomienda prepararse al menos con un día de anticipación, hidratarse bien y comer sano. Traer ropa adecuada para sudar, alimentos y agua para compartir. Fuego Sagrado de la Serptemazcal001iente Andina.

Es decir, aviso de oscuridad, por ninguna parte. La pregunta es por qué me molestó tanto la oscuridad -algo que me sucede en la vida cotidiana- y creo que si efectivamente hubiese sido un feto en ese momento, mi deseo habría sido nacer inmediatamente, poder admirar el cielo y respirar el aire fresco. Probablemente, algo que tuvo que ver con el embarazo de mi madre se hizo latente ahí; cada gestación es diferente y los fetos comienzan desde temprano a plasmar experiencias. Al término de la ronda, se abre la puerta y tienes la posibilidad de salir sin ningún problema. Éramos siete primerizas y dos pedimos permiso para retirarnos. Justo estábamos sentadas junto a la otra; ella no hablaba español y claramente no sabía a lo que venía, pero a medida que el aire y la luz ingresaban y las personas nos animaban a seguir hasta la segunda etapa, ambas nos calmamos.

“Si te quedas, te servirá para convertirte en una guerrera”, me dijo una señora de al menos setenta años. Me entró una risa nerviosa acompañada de lucidez; ¿dónde, si no ahí, podría superar mis propios miedos a riesgo de salir dañada? Pensé que si la segunda fase era como la primera, ya sabía de qué se trataba: un sauna oscuro con personas cantando, un tambor y muchos pensamientos en mi mente. Las primerizas nos quedamos. La piel mojada de sudor brinda un estado de limpieza inevitable y la energía positiva de cuarenta personas queriendo superarse en esta vida me dio ánimo.

Mi lado racional me decía que ni siquiera había una ambulancia cerca y estábamos solos en la punta de un cerro, pero me obligué a no sentir miedo, a respirar conscientemente y hacer caso del consejo que un chico me dio justo antes de entrar; poner las manos alrededor de mi nariz y respirar dentro de ese espacio para no sentir quemazón. Sin embargo, la segunda puerta -del norte-, fue demasiado intensa. Justo antes de acabar, la guía arrojó un balde de agua sobre las piedras y un humo hirviendo quemó toda mi piel. No literalmente, pero un segundo más y le hubiera echado a perder la experiencia a todo el mundo.

La puerta se abrió y el alivió vino rápido, sin embargo pedí permiso para salir antes de comenzar la tercera fase, asumiendo que la intensidad subiría y no sería capaz de soportarla. A esas alturas, los demás no me parecían ni valientes, ni desesperados, ni locos. Lo temazcalcierto es que algo había ocurrido en mí; ya no sentía miedo de la oscuridad, porque sabía que no sería eterna, podía respirar en medio del calor y me uní con la mente a los cantos y a los deseos de renacer, dando gracias por todo lo que ya había experimentado.

Puedo decir que al salir, me di cuenta de lo feliz que me hace estar viva, poder estar aquí, ver la luz y sentir el aire. Parece que el cielo es más celeste en Cerro Blanco, pensé, mientras una mariposa voló a mi alrededor. Quizás muchas experiencias fuertes nos hagan sentir lo mismo, pero mientras estuve adentro, la guía dijo que no se trata de sufrir y vi como efectivamente había quienes parecían estar pasándolo bien. Supe en ese instante que mi decisión de salir fue correcta, porque me sentía bien conmigo y estaba orgullosa de haber aceptado el desafío.

De la cultura mapuche sé tan poco, pero justo estos días tenía intención de ir a ver a una machi que finalmente no pude visitar. Quería tratar con ella algunos problemas de salud y otras cosas, pero algo me dice ahora que el efecto del temazcal seguirá retumbando dentro de mí por varios días. Es importante subrayar que no todos los temazcales son iguales, muchos no son a oscuras y cuidan el espacio para que las personas puedan recostarse, ya que el suelo se mantiene frío, permitiendo que las cuatro fases se hagan más cómodas.

Como dato práctico, decir que hay un baño común (no totalmente en buen estado) y es muy necesario llevar ropa y agua. Se puede subir el cerro en auto sin costo, pero la distancia a pie es corta. Este mes de septiembre une sucesos que lo hacen especial; un eclipse solar, un portal (9-del 9-del 9), un eclipse lunar y un equinoccio, por lo que se avisará en el siguiente grupo de Facebook si habrá otro temazcal: Temascal Fuego Sagrado Serpiente Andina.

Cuando llegué a mi casa, me duché, almorcé y como soy una recién nacida, me dormí una tranquila siesta. Ahora me duele un poco la cabeza, nunca me ocurre, pero estoy tranquila. Es un tremendo viaje el de venir a este mundo. No sé si volveré a un próximo temazcal, pero doy gracias de sentirme renacida, espero que sea una estupenda segunda oportunidad para vivir esta existencia. Feliz cumpleaños para mí.

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Categorías:Notas y Entrevistas

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