El sentido de la marcha #NiUnaMenos

14702297_10210610087504493_9109558299171550289_nLa marcha #NiUnaMenos en Chile fue tremendamente emocionante. Como mujer, no me fijé solamente en la masiva convocatoria -que además ocurrió en Argentina, país cuyas mujeres hicieron el llamado-, en la inédita bulla mediática, ni en la cantidad de personajes públicos y políticos que se colgaron de la causa para beneficio propio, sino en que esta vez el tema fuera realmente encarado con acciones, aunque esas acciones sean apenas asistir a una marcha o poner una foto en las redes sociales.

Celebro la cantidad de mujeres y hombres, la mayoría jóvenes, que reconocen hoy la aberrante violencia de géneros en todo ámbito; familiar, laboral, callejero, etc. Esta era una masa de seres humanos cansados, agotados de un maltrato tan largo y brutal, como silencioso.

Los horrendos crímenes ya son sabidos, cuesta mencionarlos pero parece que hiciera falta. Tanta falta. Violaciones, agresiones físicas y psicológicas, sueldos menores, acoso sexual, hostigamiento y un largo etcétera. Pero además, los pequeños actos cotidianos que disminuyen a las mujeres suelen ser obviados y espero que ahora comiencen a ser cuestionados. No asumamos que ellas pondrán la mesa, cuidarán a los niños, tendrán las uñas pintadas o dirán sólo cosas políticamente correctas.

Le pedí a un hombre que me acompañó a la marcha que escribiera esta nota, pero después de conversar un poco nos dimos cuenta que él no sabía realmente qué decir; cómo abordar el tema, qué aspectos destacar. Ambos nos sorprendimos de que no pudiera conmoverse con todo lo que estaba sucediendo, como si se tratara de un evento más y lo peor de todo es que él no podía evitar pensar que quizás era una convocatoria un tanto injustificada. ¿Cómo culparlo? Él no vive lo que vivimos nosotras, nadie se lo cuenta y no se entera de las consecuencias.

Si yo le digo a un hombre -uno promedio- que desde menstruar cada mes hasta conseguir un buen trabajo para subsistir, son desafíos tan altos como una montaña, y que caminar por la calle, encontrar amistades que no practiquen el machismo y amar a un hombre y ser amada son retos tan difíciles que muchas veces se dejan de lado para conservar la paz mental, ese hombre sin duda alguna dirá que soy una exagerada. Es real que las familias en Estados Unidos están hoy compuestas por una sola persona, nadie más; pocas mujeres quieren lo que significa tener familia hoy. Es real que las mujeres dejan de caminar por donde quieren o deberían para evitar ser atacadas y es real que muchas veces son las mismas mujeres, y esas de tu círculo más cercano, quienes pueden ser tus peores agresoras.

file_20161019221517Somos distintos hombres y mujeres, y hoy muchas de nosotras ya entendemos que no es bueno buscar ser iguales, sino ser conocidas y respetadas. Por siglos todo lo que hemos hecho es conocerlos a ellos, saber de qué son capaces, cómo actúan, qué quieren, cuál es el mundo que han creado. Ninguna mujer fallaría en querer dar a un hombre las cosas que pudiera disfrutar, sólo que ahora casi todas ya no quieren hacerlo, porque esas cosas nos denigran.

¿Saben los hombres qué se siente introducirse un tampón dentro del cuerpo constantemente? ¿Saben las consecuencias de tomar hormonas como anticonceptivos? ¿Saben lo que es llevar un feto dentro del cuerpo? ¿Lo que es salir de casa y no estar segura de si regresarás? ¿Lo que se siente ser valoradas y evaluadas permanentemente por cuánto nos arreglamos, depilamos, pintamos y cómo nos comportamos, qué decimos o cómo nos sentamos?

Esto no se trata de comparar o equiparar, porque todos los géneros estamos expuestos y además presionados por estándares publicitarios o sociales; esto es sobre tomarnos un momento para hablar sobre las mujeres y nada más. Sobre quiénes somos y por qué nos han estado matando. Salir de una vez de la ignorancia cultural sobre el rol femenino, interiorizar la idea de que la existencia de las mujeres no es para satisfacer a los hombres. También hay mujeres que han agredido y matado hombres, sí, pero la mayoría de los casos en defensa propia. Eso es lo que sucederá si nos obligan a defendernos con la misma moneda, arremeteremos y será feo, una mezcla entre brujas enfurecidas y leonas provocadas. Lo único que nadie podrá decir es que la provocación fue poca.

Ha llegado nuestra hora; ya no me siento sola. Entre todas esas miles de personas que se manifestaron hoy, puedo oler un futuro más amable. Y no es un matriarcado, una dictadura, una guerra o una revolución. Es lo que siempre debió ser; la búsqueda real y concreta por un equilibrio amoroso entre los géneros, donde podamos coexistir con información, educación, respeto y moral. Esa palabra manoseada que nos carga, la moral que nadie nos enseña en los colegios y que es lo único que nos salvará de matarnos como monstruos sin conciencia.

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Categorías:Notas y Entrevistas

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