Fidel y el juego de ser muchos

imagesHay personas que logran crear múltiples facetas, como lados por los cuales pueden ser observados, y mantenerlos en el tiempo para diferentes públicos. Fidel Castro era muchas cosas, cumple con esta característica de poder jugar con nosotros usando el arte de la manipulación, en positivo o negativo, y encima hacernos creer que él es de una sóla línea.

Una persona común sabe de Castro lo que se dijo en los medios, pero con su reciente muerte se sabrá mucho más y su recuerdo será por siempre un caos de opiniones; amantes y odiantes cercanos y lejanos, jueces, víctimas y agradecidos. Pero pocos indiferentes. Esa pudo ser su principal meta y la vio rápidamente cumplida.

A un tipo como este le quedaba bien cualquier rol; el de actor, doctor, salvador; al final cuando lo puedes todo, eres Presidente. Pero con su partida queda la pregunta por los ideales…¿Qué sucederá con los que se supone eran sus ideales?

images-1Ha sido fascinante ver las reacciones; lo variados tweets de Yoani Sánchez, los testimonios de gente que lo conoció, los recuentos de su vida en la TV y aquellos momentos más tensos y por otro lado los más calculados. Pero todo amante de la historia sabe que esa no es la historia. La historia verdadera estaba detrás de todas las luces y micrófonos. Lo que dijo García Márquez en su momento, por ejemplo, dice mucho del Fidel en su personalidad más arraigada. La historia sobre estar pescando con unos amigos y no poder soportar que uno de ellos le estuviera ganando, razón por la cual los mantuvo hasta altas horas de la madrugada para poder vencerlo, finalmente es mediocridad pura (tuvieron que dejarlo ganar para poder irse a dormir). Cuando no puedes aceptar que otro sea mejor que tú y sin consideración por el grupo, insistes en ganar a toda costa, no eres más que un pobre mediocre con ansias de superioridad. En esa simple historia, contada por el Premio Nobel colombiano, probablemente con algún fin, vemos a un hombre adulto que no quiere aprender a reconocer la grandeza en otro, sólo en sí mismo.

Es una escena patética, que curiosamente se ha convertido en un festín estos días. Hay quienes admiran ese Castro que no se deja vencer por nadie, el testarudo, el que no escucha razones, el que va hacia adelante como un caballo y arrasa con todo a su paso. Esa es de hecho una de las definiciones de psicopatía, pero su fuerza, su garra, su lucha, puede ser vista también como un ejemplo. Una contradicción que pudo ser consciente para él.

Cuando personajes públicos le agradecen su ayuda en temasfidel-1 de salud (caso Allamand, por ejemplo), o cuando hay cubanos viviendo en el exterior que defienden el sistema y lo comparan con Batista, uno los comprende y los valida. Pero de todas formas, se dice que cuando hay un pueblo vulnerable, cualquiera puede ser líder.

El problema con quienes dicen tener la verdad es que pocas veces demuestran quiénes son ellos y qué les permite apuntar el camino correcto. ¿Qué supo Catro de pobreza en su niñez? Nada. Menos lo supo en su vejez, cuando hace unos días la Revista Forbes dio a conocer su aberrante fortuna personal.

¿Era idealista, charlatán, compasivo, hipócrita? Este multifacético Don Todo, con su buzo Adidas y su verborrea agotadora, propuso un camino pero obligó al resto a seguirlo por la fuerza. Debió quedar bajo el pedestal de inmediato, pero no. Eso no anestesió la simpatía que nacía gracias a las historias humanas que él dejaba correr por distintos rincones y no con falta de difusión.

¿Quién es al final Fidel Castro? ¿Qué quería? ¿Se lo hubiera podido responder él a sí mismo, a solas en su habitación? Lo que sabemos es que logró mucha confusión y división.

descargaCreo que todas las almas cubanas, a favor o en contra de Fidel, han sentido el dolor propio o ajeno con demasiada intensidad para una sola vida. Para todos ha sido difícil y desgastante. Todos alguna vez tuvieron que responder preguntas o dar explicaciones y seguramente todos han tenido que esconder en alguna oportunidad sus verdaderos sentimientos y pensamientos, para no meterse en un lío más. Lío grande o lío chico, el ser humano tiende a querer vivir en paz.

Esté donde esté, cada cubano vivió hasta ayer con una alegría que tapaba cierto cuidado. Finalmente se puede medir a un líder por el estado en que se encuentra su pueblo; y este es uno que lo alaba y se escapa por mar al mismo tiempo. Siempre quise ir a ver Cuba con mis propios ojos, pero descubrir cuán vivos están los ideales de Castro me intriga ahora más que nunca.

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Categorías:Columnas

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