Caos educacional: preuniversitarios, PSU y universidad

descargaUn consejo que obtuve tardíamente a la hora de estudiar,  fue el de intentar postular a una beca o bien pagar para estudiar fuera de Chile. Tuve la experiencia de la educación superior nacional -en una sobrevalorada y marketera universidad privada- y la de un postgrado afuera. Las carreras duran menos en otros países, pueden permitir mayor campo laboral y en muchos casos son más baratas.

Segundo consejo: salir menos a marchar por la mejoría de la educación en Chile y su calidad – que nadie sabe bien explicar qué es eso- y autoeducarse. Buscar las propias maneras y medios, como un afán personal.

Desde que estaba en el jardín infantil me preguntaba por qué la educación formal es como es. En el colegio nunca entendí por qué era normal que algunas veces los profesores nos pidieran que aprendiéramos de memoria, por ejemplo. En primero medio el maestro de química nos obligó a aprender la tabla periódica; ni siquiera la miré. Es más, la quise olvidar por completo y para siempre, a pesar de que algo ya había aprendido sobre los elementos en clases y hasta me parecían interesantes, nunca más quise saber sobre el tema. Me saqué un uno y me sentí orgullosa de obligar al profesor a cuestionarse su método; se notaba la rabia que le daba que yo no hubiera movido un dedo para su prueba.

No estaba orgullosa de no estudiar, pero tenía catorce años y fue la mejor forma que encontré de decir: hay otras maneras. Si te da flojera enseñarme, educarme, guiarme, no me tomaré en serio tu clase. No volvió a ocurrir, pero aun recuerdo la frustración; yo quería más, tenía hambre de conocimiento, pero no parecía ser fácil que fuera guiada.

psu-2.jpgEn cuarto medio me pregunté por qué es normal (y legal) que existan los preuniversitarios. ¿Es necesario que los padres paguen por ellos cuando se supone que sus hijos están siendo educados en un colegio con el fin de dar una buena prueba de acceso a la universidad? Los preuniversitarios son un negociado, porque de todos los alumnos que asisten a ellos, ni la mitad va a quedar en aquellas carreras de esas universidades que todo el mundo en Chile considera lo mejor. Simplemente no hay tal cantidad de cupos.

Y, ¿por qué sólo dos o tres universidades son consideradas lo mejor en educación y el resto pasa a ser una especie de formación de segunda categoría? Misterio total. Además es chistoso, porque son los mismos profesores los que se dan vueltas por las salas que estén dispuestas a pagarles, sean de la universidad que sean. Por otra parte, es absurdo que se asuma, por ejemplo, una universidad de corte religioso como la mejor de un estado que es laico, considerando además que por definición esa enseñanza estará teñida de cierta visión parcial, digamos sesgada por ciertos dogmas que a estas alturas están añejos y lejos de representar al mundo actual.

La Universidad Católica, esa de donde salen profesionales que se creen superiores, puede ser buena si sus contenidos, profesores y objetivos lo son. Toda universidad debería ser de excelencia, sacando un alto nivel de profesionales y posibilitando buenas opciones laborales. Pero aquí hay una especie de acuerdo tácito nacional para acordar que la educación católica es buena y punto, porque sí, y de por sí efectivamente a la hora de encontrar un puesto puede dar facilidades. ¿Es eso justo? Si tu educación está bañada de una sola idea en particular, por lógica es incompletcatalogoarquitectura-sos-mesasclases-04.jpga. Puede que eso no lo haga mala, pero en ningún caso la hace la mejor.

¿Qué mide la PSU? ¿El Simce? ¿La PISA y las pruebas en general? ¿Es necesario medir, cuando en realidad se está preparando a los jóvenes para que puedan desarrollarse, aprender, aportar a la sociedad y ganarse la vida? ¿No está claro acaso a estas alturas que la diversidad es la regla -no hay nada que podamos hacer para cambiarla- y que cada alumno aprende de distintas maneras? Cada quien, con sus talentos e intereses, aprende a su ritmo y con inteligencias múltiples.

En Argentina la universidad es gratuita, la deserción es alta y las tasas de graduación son bajas. Y todo eso lo pagan las personas. Mis padres estudiaron prácticamente gratis en universidades estatales chilenas, pero pagaron dinerales por mi educación. ¿Cuál debería ser la fórmula? En Chile se pidió alto y claro: gratuidad, calidad y laicismo. Y basta de vueltas, ¿qué es calidad? No es otra cosa que educación ética.

La asignatura es una excusa, lo relevante es desarrollar las habilidades humanas de forma ética. Y eso no se aborda en colegios, preuniversitarios o universidades hoy. Aquí las autoridades se preocupan de cosas como la acreditación, por ejemplo, pero, ¿no es acaso obvio pensar que si una institución tiene permiso para impartir educación, debería como primerísima cosa estar avalada por el organismo competente, en este caso el ministerio de Eddescarga-1ucación?

¿Cómo es posible que existan quienes educan, y lucran haciéndolo, sin contar con lo mínimo que es una base formal revisada y certificada en su calidad? Hoy en Chile cualquiera puede poner un instituto no acreditado, cobrar 300 mil pesos mensuales y enseñar lo que se le venga en gana. Hay libertad de educación, y eso está bien, pero al nivel de que puedo hacer una malla curricular eterna, con espacios gigantes entre medio de una clase y otra, y si un joven no pasa un ramo, hacerlo pagar el año entero de nuevo. Existe una institución privada en Chile, conocida por estirar las carreras exigiendo imposibles a sus alumnos; pueden ser plazos ridículos, pruebas como para superdotados o derechamente reglas impuestas en el momento, o que nunca se discutieron oportunamente. Los abusos y las malas prácticas abundan.

En medio de todo este caos educacional, los jóvenes de 18 años se preguntan por su futuro y muchos empatizamos con ellos, porque el mundo cambió. La competencia es dura, exige permanente actualización, el costo de la vida actual es alto y el ritmo posmoderno pasa la cuenta en salud mental. De pronto, la vida ya no es tan amable, a pesar de haber obtenido educación. Ni mencionar la deuda educacional.

A veces es desagradable aceptar que hay países mejores que otros, pero los hay. Salí hace años de la universidad y me frustra ver que todo sigue igual o peor en Chile. Saber que hay mejores maneras y no imitarlas, es de algún modo violento.

Pronto, no quedará opción más que cambiar el acceso a la universidad, aclarar que estudiar no es para cualquiera, aceptar que sin calidad perdemos todos y reconocer que nos toca buscar nuestra propia educación en lugares diversos, mucho más allá de los oficiales.

Solo así, la confusión puede pasar a ser una oportunidad de descubrir el camino propio y crecer para finalmente florecer. Educar, que quiere decir sacar lo mejor de adentro, es algo que solo puede ocurrir en nuestra especie, la humana. Merecemos la mejor calidad posible para que aprender sea una pasión, una constante y un placer de la vida.



Categorías:Columnas

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