La terapia de cantar

orquesta-y-coro

La música siempre ha sido una de esas cosas que me arreglan la vida. Suena exagerado, pero es que al estar presente, de un modo u otro, me ayuda a sentirme con dicha en vez de andar sin energía, un tanto triste y apagada, como muchas de las personas que uno se topa.

Atribuyo gran parte de esa felicidad que me da la música a mis padres, porque era algo que estaba presente en mi casa, en los viajes en auto o en visitas al Teatro Municipal de Santiago. Recuerdo que ambos eran fanáticos de Elton John, las óperas y de Pavarotti, aunque por separado tenían gustos bastante variados; mi papá prefería R.EM. y mi mamá adoraba el folclor. Otro factor determinante de mi amor por la música fue el coro de mi colegio, en el cual participé por cuatro años esquivando clases para asistir a ensayos, lo que me ponía de gigantesco buen humor.

Éramos un grupo pequeño, pero dábamos la pelea en la mayoría de las competencias escolares y yo me sentía como una niña cantora de Viena (coro favorito de mi mamá, que por supuesto fuimos a ver la primera vez que se presentó en Santiago). Era la época cuando estábamos pasando del cassette al cd, y en mi casa había un equipo de música que rindió fielmente por décadas, donde todos nos turnábamos para tocar algo. De un viaje me traje mi primera mini colección de cds y les di como tambor, escuchándolos una y otra vez a todo volumen.

214

Los Niños Cantores de Viena.

No lo pensé en ese momento, pero era tremendamente terapéutico llegar del colegio en las tardes y poner mi música para cantar con todo el pulmón. El coro del colegio se había disuelto, yo estaba pasando a quinto básico y la verdad sentí un aburrimiento fatal de tener que ir a clases. Los cds venían con las letras de los temas (no era llegar y buscar en internet como ahora) y el mundo se detenía para que yo jugara a ser rockstar, en desmedro del oído de mis familiares y, supongo, vecinos.

Pero lo cierto es que no tengo tan mala voz, y este año, después de muchas primaveras, volveré a formar parte de un coro. Si antes cantar era una forma de sobrevivir a la etapa escolar, ahora sin duda es una manera de canalizar las emociones y expresar los sentimientos.

Hace poco leí la entrevista a un destacado dermatólogo, al que le preguntaron cómo lidiar con el estrés. Él contó que formaba parte de un grupo de canto que se reúne todas las semanas y lo pasan fantástico. Recomendó altamente probarlo, ya que tener un espacio -más allá de la ducha- donde compartir el canto con otros, libera una cantidad de hormonas beneficiosas para la salud, que bien podrían significar un ahorro en gastos médicos.

Por otro lado, es interesante aprender técnicas de canto que cuiden las cuerdas vocales y nos permitan seguir cantando por mucho tiempo. Éstas ayudan a manejar el aire que respiramos de modo que lo utilicemos de la mejor forma para el bien de nuestro cuerpo.

Ningún estrés puede existir mientras se está cantando. No es compatible cantar con sentirse bajoneado; descargade hecho, no tendemos a cantar cuando estamos tristes, sino que lo hacemos cuando experimentamos un estado de bienestar. Ya lo decía la institutriz de la película “La Novicia Rebelde”, cuando invitaba a cantar para olvidarnos de lo negativo.

Eso es el canto para mí, un combustible que te hace invencible y necesariamente te ayuda a tomar todo de una manera más armoniosa. La música influye directamente en nuestro modo de vivir, y puede modificar nuestro comportamiento haciéndolo más “melódico”. Está comprobado que la música cambia el funcionamiento de las personas y los sonidos gratos influyen en el desarrollo del cerebro de los niños, haciéndolos más inteligentes y creativos. No por nada se hizo famoso el efecto Mozart.

No se trata de andar con audífonos todo el día, aislados del ruido ambiente, pero sí de darle un espacio a la música en la cotidianidad y ojalá educar con música desde el comienzo. Es una vergüenza que la malla escolar de nuestro país no obligue a determinadas horas del ramo de música para los alumnos. Este déficit de una disciplina que es intrínseca al ser humano, es una de las causas de una juventud depresiva, violenta y en su mayoría con malas proyecciones en calidad de vida.

En ciertos países europeos las plazas se llenan de coros gratuitos que la gente admira mientras va pasando por la calle. Caminar por Austria o por Viena invita a fundirse con la buena onda, compartir y sonreír. Nada en el mundo reúne más a las personas que la música. Si el corazón siente deseos de cantar, mejor no reprimirlo; quizás anda buscando a su nuevo grupo de amigos.

 

Anuncios


Categorías:Columnas

Etiquetas:, , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: