Grecia es soñada

Cuando se trata de viajar, elijo el destino con pinzas. Me pegunto qué lugar de este fantástico mundo me está llamando en este particular momento de mi vida, dónde puedo encontrar respuesta a mis actuales preguntas y qué energías necesito para seguir adelante, avanzar y ser un poco mejor.

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Acropolis iluminada

Después de pensar, planificar, y por qué no decirlo, contar con mucha ayuda divina que no pensé se fuera a manifestar tan armónicamente, aterricé en Atenas, Grecia. Venía de meses de encierro, trabajo, estudio, ojos hinchados de tanto mirar la pantalla y que ahora podían descansar con vista a la Acrópolis. Así fue y lo primero que hice fue lanzarme con 40 grados de calor -gracias cambio climático- a recorrer La Plaka, el precioso barrio típico de Atenas, con tienditas, restoranes y demases. Desde donde por supuesto también se goza una espectacular vista de la Acrópolis.

Grecia fue un acierto total, no solo porque algunos precios han bajado debido al octavo año que llevan de crisis, ni porque la menor cantidad de personas (muchos han salido del país para buscar mejores oportunidades) permitan un turismo menos atiborrado, sino porque la historia cultural del país es tan nutrida y vasta que es imposible pensar en otra cosa. El país te atrapa y te sumerge en su estilo de vida, su pasado y sus razones para ser uno de los destinos más bellos del planeta.

Si a eso sumamos la amabilidad de la gente, la simpleza total con que se relacionan, el trato directo, gentil, el ambiente veraniego y los relajantes colores blanco y azul por todas partes, tenemos un destino soñado.

Pero no estoy aquí para agrandar las cosas, la verdad sea dicha; Grecia ha visto tiempos mejores. La crisis la conocemos todos, pero se traduce en mayor basura en las calles, descuido de ciertos sitios arqueológicos y algo así como demasiado relajo, incluso llegando a percibirse una exagerada tranquilidad, como si una bomba estuviese a punto de estallar, o como lo dijo muy bien mi guía: “un estado automático de ser”, donde el día sigue pero nadie tiene ya fuerzas para vivirlo.

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Meteora quiere decir tocando el cielo.

Sí, noté cansancio. Agrabado por el sol, pero cansancio al fin y al cabo. Sentí que si no fuese por el turismo, el país estaría en el suelo. Sin embargo, si hay algo que no puede morir en Grecia es el turismo, y las visitas de personas de todos los rincones del mundo son parte de la escena permanente de un país que abraza el multiculturalismo.

No hubo en dos semanas una persona que intentara pasarse de lista con un vuelto, con una información o con un precio y al revés, me encontraron un par de anteojos perdidos y me ayudaron cuando tomé el ferry equivocado. Cada hotel, restorán o playa es un lugar grato que se sentía como un bálsamo para una periodista y estudiante de pedagogía cansada como yo.

Pero vamos a la Grecia que más preocupa al viajero: qué hacer en el país. Luego de la espectacular Acrópolis, un par de comidas en La Plaka y un paseo por el centro de la ciudad, partí a Kalambaka, a conocer la increíble Meteora y el Tempo de Apolo, donde se encontraba el Oráculo de Delfos. Las coincidencias no existen, y ambos lugares trajeron un profundo significado para el momento actual de mi vida. No sólo cumplí el sueño de conocer dicho oráculo, visitado y reconocido por todo el mundo hace miles de años atrás gracias a la acertada guía que la pitonisa daba como mensaje de los dioses, y donde se grabó la monumental frase “conócete  ti mismo”; sino que me encumbré en aquellos monasterios en el aire de Meteora (palabra griega que quiere decir tocando el cielo), sintiendo, como quizás lo pueda sentir un águila, que refugiada en aquella altura todo cobra su real importancia. En perspectiva, nada es como parece. Mi corazón se abrió y encontré paz en las paredes de esas antiguas construcciones pintadas con frescos religiosos, que tantos problemas trajeron a los monjes antiguos.

¿Por qué nos perseguimos? ¿Por qué nos apuntamos por nuestras diferencias? Meteora es un lugar sin igual que remueve los cimientos. Por fortuna me asesoró Soltar Cabos Comunicación y no fue un destino que salté, para pasar directamente a los lugares más conocidos. Los seres humanos escapamos a las alturas cuando en la tierra no podemos encontrarnos a salvo. Salí de ahí reconociendo que había que volver a tocar el piso, pero ahora con mayor fuerza y quizás hasta dejando crecer una raíz.

El paso por Olympia, si bien impacta y no se puede dejar de ver su museo, vale la pena pero no en cuanto a lo que el estadio mismo se refiere; ya no queda nada más que un espacio donde se habrían realizado los juegos. Epidauro, por el contrario, es otra cosa. Un estadio insuperable, emocionante por sus dimensiones y por su historia, donde se solían realizar sanaciones con risoterapia. Tanta sabiduría que tanto ha costado cruzar los siglos hasta hoy.

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Oia, Santorini

Finalmente lo mejor para el final: las islas griegas. Mykonos y Santorini son emblemáticas por su belleza en paisaje y arquitectura, aunque Grecia tiene decenas de islas para ofrecer. Santorini o Santa Irene te renueva con sus callecitas, sus casitas y las maravillosas bugambilias por todos lados. El turismo parece funcionar mecánicamente cuando todos hacemos una perfecta cola para fotografiarnos junto a las famosas cúpulas azules y nos reunimos por centenas para mirar la puesta de sol.

El mejor dato que puedo dar para Santorini es dejar la billetera en el hotel. O asumir las consecuencias, ya que todo es bello y todo es caro. También saber que al tratarse de una isla volcánica, casi todas las playas tienen arena oscura y no se sobrevive sin sandalias. Pero cuando llego a Mykonos, con su viento que roza la piel durante todo el día, sus arenas blancas, aguas turquesas y esa pequeña Venecia que hace sacar chispas a la cámara fotográfica, quiero quedarme a vivir ahí y que no pase el tiempo.

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Psarou beach, Mykonos.

Con cuanta razón diseñadores, actores y tantas personalidades famosas se han enamorado de este lugar, se han inspirado en su estilo de vida artístico al borde del mar Egeo, como si las Cícladas fueran el paraíso y Mykonos su musa.

No se puede exagerar en Grecia, es así. No se puede poner filtros de Instagram ni se requiere tanta explicación. Es, en realidad, un viaje por el tiempo, desde Atenea -diosa de la sabiduría y patrona de Atenas- hasta los sobrevalorados resorts a la orilla de la playa en Mykonos, un recorrido por la historia del ser humano que nos lleva hasta hoy, hasta la crisis.

Que de esta crisis nazca una nueva y mejor Grecia. Si es que es del todo posible.

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Categorías:Notas y Entrevistas

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