Padecer Disbiosis

descarga¿Qué es la disbiosis? Pues un problema de salud cada vez más frecuente, que consiste en un desequilibrio de la flora intestinal. Este puede ser causado por diferentes razones, como haber nacido por cesárea, no haber recibido leche materna, mala alimentación, tomar antibióticos o sentir demasiado estrés.

Por años, este concepto ni siquiera fue usado por médicos especialistas o gastroenterólogos. Pero los diferentes síntomas obligaron a la ciencia a estudiar las bacterias del intestino y hoy este grupo de organismos es incluso considerado un órgano más, pero uno diferente ya que está compuesto por agentes externos, bacterias que no son nuestras propiamente tal.

Existen ciertas bacterias que son buenas para salud, porque ayudan a los procesos digestivos, otras son patógenas y se considera normal tenerlas hasta cierta cantidad, y por último las hay que no son ni buenas ni malas, y lo importante es que todas tienden a funcionar en sinergia.

Cuando se pierde la diversidad de todas ellas, se crea la disbiosis, que en palabras simples es una microbiota (mezcla de tipos de bacterias en el intestinto) disfuncional.

Helicobacter - 3d Render

Yo he sufrido disbiosis por seis años. Todo empezó con un viaje al norte de África, donde me enfermé violentamente del estómago apenas comí fuera del hotel. Tomé unos antibióticos que me salvaron el viaje, aunque seguí con malestares. A mi regreso, tuve que tomar otros antibióticos, ya que el cambio de temperatura del viaje me dejó una tos fulminante. Ahí fue cuando comenzó una diarrea intensa por largos dieciocho meses. Una vez descartadas las enfermedades más graves, ningún doctor supo qué más hacer y yo apenas podía ir a trabajar. La mayoría insistió en la bacteria difficile, que casi siempre se adquiere en viajes y trae la “diarrea del viajero”. Pero yo podía darme cuenta de que pasaba otra cosa.

Durante ese periodo de total incertidumbre, el primero en hablarme de los probióticos fue mi padre, después de un largo paseo por doctores, al que le pedí que me acompañara. Él podía ver que las soluciones de los expertos no aliviaban mis síntomas: fátiga, mala memoria, sobrepeso (haciendo deporte y comiendo bien) alergias cutáneas, desánimo, frío y una lista no despreciable de enfermedades autoinmunes que me perseguían desde pequeña (desde vitiligo, hasta anemia, hipotiroidimo y artritis, entre otras).

Me di cuenta que quizás, en mi caso, las cosas habían comenzado mucho antes de aquel viaje, al no haber podido recibir leche materna. Las dos tandas seguidas de antibióticos, solo habían empeorado el escenario, ya que estos medicamentos destruyen toda la flora intestital, buena o mala.

Mi padre había leído un reportaje sobre los beneficios de los probióticos en la revista Scientific American, a la cual estaba suscrito. De no haber sido por eso, le habría hecho caso al último experto en digestión de una rimbombante clínica, cuya solución final fue darme un ansiolítico, de esos que en la caja traen una estrellita verde. Para su modo de ver, mi problema era tensional.

Si bien es cierto que el estrés afecta la salud en todo sentido, yo no tenía más estrés que el común de las personas. A la larga, probando los distintos probióticos del mercado, que en esos años no eran muchos, pude contener la diarrea, pero el resto de los síntomas siguió. Era muy difícil explicarle a otros por lo que estaba pasando y prácticamente me senté sola a estudiar cuáles eran mis posibilidades. Supe así, que todos tenemos distintas microbiotas. Se han hecho estudios de las microbiotas de diferentes países, pero lo cierto es que puede variar de una persona a otra en un mismo lugar.

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El intestino grueso es 90% bacterias, y estas son al menos 2 kilos de nuestro peso corporal. Si uno no alimenta las bacterias malas o patógenas (que yo seguramente adquirí en mi viaje al norte de África), estas desaparecen. Una buena microbiota cuida la pared intestintal y una mala la agrede, con sus toxinas y gases.

Si uno tiene suerte, puede sanar de forma relativamente rápida su intestino, ya que sus células se renuevan aproximadamente una vez por semana. Pero yo estoy recién partiendo.

Después de mucho investigar, perder la paciencia, olvidarme de todo y tener que obligatoriamente partir de nuevo leyendo y estudiando, encontré por magia a Bonnie Leclerc (www.restablecer.cl), quien para mí es la experta en nutrición más inteligente hoy en el mercado. Ella pasó por décadas de diversas enfermedades, que finalmente sanó en un proceso de tres pasos: limpiar, sembrar y cultivar. Todo el detalle está en su reciente libro, “Restablecer”.

Yo había leído títulos interesantes anteriormente, pero ninguno muy aterrizado dentro de lo que es la vida diaria. Si la principal medida para sanar era la alimentación, yo intentaba alejarme de lácteos y azúcares (que son adictivos y además alimentan a las bacterias malas), pero no sabía que debía temer a otros ingredientes, como el gluten. Así, muchas veces me equivocaba en diferentes detalles. Me había hecho un examen de alergias, que arrojó malos resultados para pastos, la caseína de la leche (una de sus proteínas) y las almendras. Pero había que ir más allá y la verdad, ya estaba agotada.

microbiota_desequilibrio.jpgBonnie -esta parisina radicada en Chile- propone sacar el azúcar, los alimentos procesados, todo lo refinado, el alcohol y los lácteos. Y como segunda etapa, partir introduciendo alimentos sanos como el chucrut,  siguiendo con otros como el kéfir o la kombucha. Solo ahí, puedes recién sembrar con nuevos y buenos probióticos. Pero existen hoy muchas más ofertas en el mercado que antes, y hay que tener cuidado, porque no es lo mismo una cepa que otra, la cantidad que trae la pastilla o la hora del día en que se toma.

Uno de los puntos interesantes que toca Leclerc, es que un típico error en el problema de la disbiosis es creer que mientras mas bacterias tenga la pastilla, mejor. Es cierto que debe traer idealmente más de diez cepas de probióticos, pero no todas serán para lo mismo. Por ejemplo, una de las mejores bacterias para partir el tratamiento son los lactobacilos. Yo los recordaba de la época en que salió al mercado el “Chamito”, pero hay que ver que el producto sea puro y venga con otras cepas beneficiosas.

Otro factor relevante a considerar, es que el reciente mercado -millonario- de los probióticos, no educa sobre su funcionamiento, explicando que actúan dentro de un contexto, siendo la alimentación lo más urgente.

Este es el paso en el que me encuentro ahora y aunque no puedo aun cantar victoria, tengo fe en que mi calidad de vida pueda mejorar si lo intento, una vez más.

Como ven, la disbiosis es una enfermedad muy dura que afecta cada día a más personas y que en estos momentos es estudiada para relacionarla con situaciones tan graves como el cáncer o el autismo. La buena noticia, es que los laboratorios han tenido que acercar sus soluciones a la raíz del problema, y no a los síntomas, como suelen hacerlo. Es lógico pensar que no es algo que les guste hacer, ya que ganan millones de dólares vendiendo antibióticos que, en este caso, dañan la flora intestinal.

En varios países ya se habla de salud intestinal, pero lamentablemente en Chile la mejor ayuda todavía no está en los médicos, sino en la educación de las personas que como yo, han tenido que buscar la información más apropiada para sanarse.

 

 

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Categorías:Notas y Entrevistas

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