Visita al Museo de la Memoria

A veces es complicado meterse en política en Chile. La división y el odio siguen latentes y opinar aun significa exponerse a una condena pública. Polémicas aparte, visitar el Museo de la Memoria puede resultar una experiencia interesante, para todo tipo de posturas y creencias. Se trata, sin duda, de un espacio bien pensado, ordenado, con una cantidad relevante de información, en un recorrido que se logra apreciar por las muestras y testimonios de diversa índole.

Datos de prensa, fotografías familiares, cartas íntimas o restos de las pertenencias de algunos desaparecidos, entre otras cosas, conforman un museo que exhibe historias respetuosamente, sin demasiados adornos. Debido a la polémica con el renunciado Ministro de Cultura, Mauricio Rojas, que declaró el 2015 que este museo es un montaje, pensé que era mucho más lógico visitar el lugar y formarme una opinión.

Claro está; no hay nada ahí demasiado nuevo o que la mayoría de las personas no haya escuchado a estas alturas, pero nunca es lo mismo leerlo o escucharlo de lejos, que estar en un lugar que existe exclusivamente por y para esos testimonios que transmiten una dimensión íntima. La experiencia permite vivir el ambiente que se generó aquel 11 de septiembre de 1973 en Chile, lo que cobra especial relevancia para las generaciones más jóvenes o quienes no nacíamos aun. Hay, así, un afán informativo, pero también de componente emocional, apelando a las sensaciones confusas y surreales, como si el tiempo se detuviera.

Para entender el presente, siempre aporta echar una mirada al pasado. En lo personal, más que conmoverme, el espacio consiguió invitarme a una mirada más aguda con respecto a lo que se pudo sentir para todo un país, vivir sucesos tan violentos y marcadores. La fragilidad, la desunión, la persecución, las mentiras de lado y lado, la incertidumbre, la ideología, las vidas que quedaron destrozadas, todo roza el límite del ser humano.

Yo no fui criada con posturas políticas. Me enteré de la dictadura cuando entre a la universidad. Fue la manera que eligieron mis padres de protegerme y lo agradezco, porque me permitió ser libre pensadora. Supongo que muchas veces en la historia de la humanidad, han existido países y culturas que sufren por ideologías políticas y quienes justifican sus actos extremos.

Todo tipo de horror y todo tipo de guerra, tiene detrás aun grupo de enfermos psicópatas. Guerras con tanques y sin tanques. Guerras psicológicas, guerras donde tu enemigo está oculto y no le ves la cara. Micro guerra del día a día, mediática, religiosa, racial, de género, etc.

Me fui del museo sintiendo que es relevante respetar a quienes puedan encontrar en él medias verdades. ¿Quién es dueño de la verdad? ¿Dueño de juzgar que la historia de otra persona, pueda ser más cercana o lejana a la realidad?

La experiencia de una víctima debe ser respetada, en su relato íntimamente subjetivo, para que todos en una sociedad tengan espacio. El tema de los falsos detenidos desaparecidos, seguirá en discusión, pero cada vez es más liviano tratar de resolverlo. El tiempo no pasa en vano.

Que cada uno crea o no en el otro, quizás quede como secundario en una sociedad donde lo que falta es bajar las barreras que nos separan. Si alguien miente, se miente a sí mismo, pero mientras estemos en sociedad y debamos coexistir se hace urgente construir un ambiente de armonía, donde todos puedan ser lo que son. A veces la verdad va después de la paz.

Verdad o mentira, visitar el Museo de la Memoria me brindó la opción de escuchar de cerca sin prejuicios, no para formar parte de algún polo extremo, sino para aprender más sobre lo que somos, lo que podemos ser y lo que merece ser cuidado en el día a día. La historia nos nutre y forma, pero no si la vemos por su verdad o falsedad, sino por lo que hay tras su premisa; quedará claro lo que está pasando. En el fondo, dice mucho de nuestro país que alguien quisiera mentir sobre algo tan delicado como la tortura o la desaparición en dictadura; querría decir que está loco. Y ese daño -esa locura- tuvo que venir de algún lugar. De aquí.

Las distintas caras de lo que pasó, sus ángulos, verdaderos o falsos, son enseñanzas. En el fondo, son un eco en nuestra vida actual. La pregunta es; hoy ¿qué eco estamos construyendo para que siga resonando en las generaciones venideras?

Este puede ser un panorama familiar (con excepción de ciertos pasillos, donde se advierte del calibre de las muestra), es gratuito, bien organizado en cuatro pisos, de fácil llegada en metro, y cuenta con estacionamientos pagados.



Categorías:Notas y Entrevistas

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