Eutenasia: ¿una cuestión de dignidad?

descargaPara quienes creemos en las opciones y en la libertad de cada quien de elegir sobre su propia vida, es lógico creer a la vez en una alternativa como la eutenasia. Sin embargo, en temas complejos, que suelen ser delicados por su carga emocional o también valórica y ética, es relevante estar a favor de que exista la mayor transparencia de información posible para que las personas puedan tomar sus decisiones de forma consciente.

Tengo una amiga que, debido a un diagnóstico de salud mental recibido por su padre, teme terminar loca en su vejez y resolvió investigar sobre la posibilidad de la muerte asistida. Esa opción no existe en Chile, pero sí hay un modo de dejar un mandato y abogados pagados para que cuando la vejez se venga encima con sus achaques varios, ella pueda ser llevada a Europa a recibir una inyección letal, que la hará dejar su vida sin dolor. Quiero pensar que tiene todo el derecho.

Una de las organizaciones que ejecutan esa labor es “Dignitas, dignidad para vivir y dignidad para morir” (http://www.dignitas.ch/?lang=en), que ha sido tan cuestionada como alabada por su labor, realizada desde 1998.

Dignitas funciona como una suerte de clínica en Suiza y básicamente recibe a los clientes, de quienes graba un video obligatorio del momento de muerte -que ocurre con una dosis de 15 gramos de pentobarbital de sodio-, para comprobar que el procedimiento se ha realizado en forma voluntaria. El paciente se duerme, entra en coma y finalmente fallece, luego en ambulancia traslada el cuerpo a otro centro para ser cremado.

aborto-y-eutanasia-vidas-que-molestanEste servicio, vendría a suplir los vacíos de las opciones que ofrece el Gobierno ante la enfermedad y sus consecuencias, a veces intolerables. Cómo no querer comprender a quienes ya se cansaron de luchar día a día con diagnósticos imposibles. El problema es que cuando se trata de la vida, nos olvidamos de preguntarnos: ¿cómo la valoramos? ¿Vale menos la vida de un anciano enfermo, que la de una persona joven y sana? ¿Quién soy yo para meterme a decidir sobre la vida de otro?

Las polémicas abundan. En una oportunidad, la aparición de restos óseos en el lago de Zurich, produjo preocupación en la comunidad cercana a Dignitas, y aunque no se encontraron evidencias que apuntaran directamente a la organización, la autoridad advirtió que el exceso de desechos de cadáveres humanos podía contravenir la normativa ambiental. Se cree que los cuerpos que nadie reclama son los que luego simplemente se tiran, en vez de ser cremados.

Hay que decir que un alto porcentaje de los ciudadanos suizos apoya el suicidio asistido para quienes sufren enfermedades terminales o incapacidades serias, pero como es de esperar desaprueban que el procedimiento se realice a pasos de sus hogares.

Lamentablemente, han salido a la superficie otras polémicas como supuestos videos de pacientes que en vez de recibir la fórmula esperada, son sometidos a inhalaciones de helio -sustancia más fácil de conseguir- que provocan agonía antes de morir.

Así, se ha hablado también de escenarios donde individuos no terminales optan por el suicidio asistido, tras quedar paralizados en un accidente, por ejemplo, siendo jóvenes y con posibilidades de continuar con sus vidas.

2020021412480471488Dignitas en una organización sin fines de lucro pero que se podría considerar a la vez un negocio. No se conocen cifras exactas de la cantidad de pacientes que optan por morir en Dignitas. Solo se sabe que se cobra una cuota anual. Su dueño, el periodista y abogado Ludwig Minelli, no informa detalles de ningún tipo, aduciendo al respeto a la privacidad de los clientes. Pero se ha filtrado un valor aproximado de 3.500 euros, cifra muy por sobre lo que cuesta la dosis que reciben las personas.

Además, Dignitas ha mantenido un lobby permanente por legalizar el suicidio asistido en otros países, donde hasta ahora ha encontrado diversas trabas políticas y religiosas. ¿Lo hace para ayudar o para lucrar? Solo Bélgica, Luxemburgo y Holanda ofrecen servicios similares.

Por cierto, al permitir la ley Suiza el suicidio asistido, existen otras organizaciones que también lo ejecutan y los extranjeros pueden viajar y usar el servicio del derecho a morir, lo que suma en costo para el paciente.

Si bien hay quienes lo consideran un movimiento, el tema de la eutenasia no es una realidad en el siglo 21; sigue siendo un tabú y se traduce en poca presencia mediática. La pregunta sigue en el aire sobre si se puede considerar la muerte asistida como un derecho humano universal.

Da para pensar. Me pregunto: ¿qué haría si tuviera más de 80 años y recibiera un diagnóstico fatal, torturador, doloroso que me dejara postrada? Ya viví mi vida y no quiero molestar a nadie ni sufrir el calvario de los exámenes, los efectos secundarios de los tratamientos, las deudas, etc. Me imagino tomando un avión, pagando el monto y enfrentando el instante previo a la inyección letal: ¿A quién le pediría que sostuviera mi mano? ¿Tengo derecho a pedir algo así? Si tuviera a quién pedirle que me calmara y me diera la mano en señal de apoyo y calma, ¿querría realmente morir?

Son preguntas que una se hace.



Categorías:Notas y Entrevistas

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