La ética del poliamor

El término poliamor quiere decir mantener relaciones amorosas de forma simultánea y consentida con más de una persona a la vez, estando todos los involucrados al tanto de lo que ocurre. Puede sonar una propuesta demasiado atrevida y poco realista, pero es una tendencia que se impone últimamente por el grado de honestidad y respeto que promueve.

Los poliamantes se sienten cuidados y al mismo tiempo cuidan al resto, evitando conflictos, dramas o engaños. Para entender un poco mejor, hay que decir que el poliamor requiere pasar por encima de los viejos paradigmas -de amor romántico o para siempre- y suele ser más fácil de practicar para las generaciones jóvenes. Al ser más inexpertos, se podría pensar que inevitablemente saldrán dañados de una idea tan arriesgada como esta, pero parece ser una tendencia que avanza.

Si vas a vivir una relación múltiple y no quieres sufrir, la regla clave es la comunicación veraz y oportuna. No se trata de tener amantes secretos o ser infiel para sentir la adrenalina. De hecho, el poliamor podría bajar la tentación de caer en una infidelidad, ya que si realmente hay interés, puedes comunicar a tu “enamorado” que has estado deseando experimentar con alguien más.

La conversación iría algo así; una mujer le dice a su marido o novio: conocí a alguien, ¿te parece si lo invito a salir? La contraparte podría realizar algunas preguntas, para establecer ciertos límites que lo hagan sentir cómodo -por ejemplo con respecto a evitar enfermedades o embarazos no deseados-, y sin juicios ni resentimientos daría su visto bueno al asunto. Las personas confían en que todo lo acordado será cumplido y que no interfiere en su relación.

¿Utopía? ¿Cosificación? ¿Promiscuidad? Miles de preguntas se vienen a la mente. Esta práctica claramente no cree en el amor de Disney World, más bien plantea que el campo es libre para jugar. La parte ética está en que nadie hace sentir culpa, nadie miente y todos quieren satisfacer sus necesidades y las de los involucrados, por amor. O poliamor.

Sí, el deseo es visto como amor y no se castiga. Amor por uno mismo, al permitirse las experiencias diversas para crecer y aprender, y por los demás al dejarlos libres a su vez para lo mismo. Por supuesto, esto no es para todo el mundo. Un prototipo de persona celosa lo pasaría bastante mal, aunque al menos ya no tendría que revisar el celular de su pareja a escondidas, porque sabe todo lo que hay ahí.

Además, los poliamantes no cuestionan ni juzgan la monogamia, simplemente no es su opción y prefieren una dinámica menos rígida donde no existan caminos trazados, confiando en la honestidad y la transparencia del poliamor. Pero esa honestidad demanda cierto nivel de madurez que no permite la herida del ego, priorizando y respetando los sentimientos de las personas siempre por medio de la comunicación.

En cierto modo, el poliamor quiere plantear que se humanicen cada vez más las relaciones. Nos han enseñado que la exclusividad es solo relativo a lo sexual, pero hay que preguntarse por los otros ámbitos de un compromiso amoroso. Ámbitos como lo familiar o monetario, por nombrar algunos más prácticos, y ámbitos como la confianza y la generosidad, donde las personas cuentan con el espacio para reconocer quiénes son y poder decir lo que necesitan. Son ámbitos que sí se mantienen al ejercer poliamor.

Existe una especie de poliamor de todas maneras cuando hay parejas que, viviendo el ideal romántico y a veces con contrato legal de por vida, hacen vista gorda a infidelidades, sufriendo por no conocer bien las razones o sentirse poco valoradas. El problema es que es un poliamor sin normas éticas.

No se trata de liberalismo o sexo desenfrenado, nadie está diciendo que deben haber orgías o drogas de ningún tipo involucradas, el poliamor se trata de acuerdos previos que son respetados y pueden reinventarse constantemente.

Nunca como en estos tiempos, el amor ha sido tan detalladamente discutido. Da igual si es un trío, cambio de parejas (swingers) o una relación abierta, en el poliamor la relación sexual sigue siendo íntima y una parte sensible y vulnerable de las personas, que como tal es cuidada.

El amor puede tener formas de vinculación que no se desentienden necesariamente de la idea del sexo ligado al amor profundo. Mientras los poliamantes tienen diversas experiencias, no se dan un tiempo o un paréntesis con sus parejas, sino que siguen creciendo juntos mientras a la vez se convierten en maestros debido a la práctica con otros.

Para poder empatizar con este modo de ver el amor, es necesario salirse de la caja de la monogamia y quizás preguntarse por qué estuvimos creyendo en ella tanto tiempo. Si se concluye que la monogamia es el lugar más cómodo, interesante, de crecimiento y de amor real, entonces lo mejor es quedarse ahí. Ahí donde cada uno pueda ser quién es, expresarse y seguir creciendo.



Categorías:Notas y Entrevistas

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