¿Sabes qué es el trabajo doméstico no remunerado?

Si eres mujer, seguramente sabes de qué se trata. Aunque no lo conozcas por su nombre, todo ese trabajo que haces en casa; cuidando de ella, abasteciéndola, manteniéndola, limpiándola, cuidando a sus habitantes -sean hijos, padres, pareja-, cocinando, lavando, planchando, jardineando y mejorando el hogar en todo sentido, es considerado un trabajo doméstico no remunerado.

El concepto, incluye el trabajo del cuidador, siendo entonces su nombre completo: Trabajo Doméstico y de Cuidado No Remunerado, TDCNR. Según estudios, este aportaría un 21,8% al PIB del país (estudio de Comunidad Mujer), de ser contabilizado. Pero no lo es, es invisible a la economía.

En estos tiempos, con discusiones político sociales sobre equidad de género, igualdad de sueldo, de pensiones, de costos en planes de isapre, etc., es extraño que no se hable más de este concepto relativo al ámbito doméstico.

El machismo o el paternalismo no ha permitido que sean los hombres quienes se hagan cargo de este trabajo de forma integrada o bien equitativa. Aunque las nuevas generaciones tienen una mentalidad renovada, de aporte igual entre géneros cuando se trata de las tareas del hogar, continuamos viendo mayor agobio y menos reconocimiento en la parte ejecutada por la mujer.

Al no existir directamente un precio por el trabajo que realizan, se asume que no es tal. Sin embargo las horas y energía gastadas están ahí, innegables. Reconocer y visibilizar esto es el primer paso para que dicho trabajo obtenga su verdadero valor en los roles sociales.

Existen países desarrollados que sí miden este trabajo. Hay dos puntos relevantes; primero que son labores esenciales, como comer o tener ropa limpia, sin las cuales no se puede funcionar. Segundo, es un trabajo que incluye el cuidado de niños y ancianos, que por sus características no pueden cuidarse a sí mismos. Uno se pregunta, el valor de este oficio ¿podría en realidad ser invaluable? ¿Cómo podría funcionar una sociedad sin esta labor?

Es un trabajo que no tiene espacio de conversación, que no es valorado como merece, que nadie premia o destaca de forma oficial, solo se hace porque alguien debe hacerlo. Porque no se hace solo. Culturalmente no es usual agradecerlo o enaltecerlo, está oculto, silencioso, y quejarse por él es de mala persona.

Como en el tema del aborto, es lógico pensar que si fuera el hombre el directo involucrado, este habría sido legal y de calidad bajo todas las causales, desde hace muchos siglos. Si fuera un hombre el que debe realizar todas las labores domésticas y de cuidado, ¿cómo se vería el panorama? ¿Cuáles serían las políticas públicas?

A veces se ven políticas públicas para incentivar el nacimiento de niños, pero cabe preguntarse ¿y quién va a cuidarlos? ¿El Estado? ¿El Sename? Bueno…Con solo mencionar al Sename, al menos queda claro quién no los cuidará.

El aporte de la mujer a la economía, a la sociedad, a la familia y a la comunidad ha sido obviado violentamente, pero ya no hay excusas. Esto es el siglo 21, el feminismo se asoma lentamente y deberá dar este paso. Las mujeres, mayormente informadas y educadas que antes, están postergando el proyecto familiar e incluso descartándolo de plano para dar prioridad a sí mismas. Hoy luchan por equidad, paridad y justicia, y luchan también por hombres a la altura de estos tiempos.

 



Categorías:Notas y Entrevistas

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