Agobio laboral: la realidad de un profesor antes y durante la pandemia

descargaNadie nació sabiendo. Los profesores son indispensables para el desarrollo de una persona. Sin embargo, en países como Chile la docencia es la profesión más subvalorada del mercado y de la sociedad. Los sueldos indignos, las condiciones laborales paupérrimas, las largas horas de trabajo, las sobrexigencias y la explotación tocan fondo hoy, en plena pandemia.
Pero el profesor ama educar. El problema es que cuando el profesor está mal, el alumno está mal.  Igual como cuando la madre está mal, el hijo está mal. Este año terminará con la deserción laboral docente y la deserción escolar de alumnos más altas de la historia. Están matando la educación. ¿Eso es bueno, quizás? Veamos. Porque tampoco íbamos por buen camino.
Hay un virus contagioso y comenzamos quedándonos en casa para cuidarnos un par de semanas, bien hasta ahí. El profesor, como siempre, se adaptó (es un sobreadaptado de por sí), aprendió a digitalizar su clase y se subió como pudo a la educación a distancia de un día para otro, cuando las primeras semanas se transformaron en meses.
Pero si un docente ya vivía una realidad esclavizante, la pandemia lo aniquiló. Ya no tiene una instancia de atención de apoderados demandantes e ignorantes de la labor educativa; tiene todo el día de mensajes, correos y llamadas de ellos. Ya no aclara dudas de alumnos una vez en la clases; ahora llegan las dudas por todos lados, de forma individual por cada uno y a toda hora. Si antes apenas alcanzaba a ir al baño en un recreo o a tragar su almuerzo para alcanzar a preparar la clase que viene justo después del horario de almuerzo, ahora simplemente no come. Debe cocinarse él mismo y no puede, está en clases.
educación-a-distancia-o-en-LíneaAntes, hacía horas extra (jamás pagadas) atendiendo casos puntuales: alumnos con dificultades de aprendizaje (hay por montones), alumnos enfermos, alumnos que no ponen atención en clases, etc. Ahora se despierta trabajando y se acuesta trabajando, para resolver cada caso. El colegio le dirá que es su responsabilidad que los alumnos se conecten a la clases, atiendan la clase, participen de la clases, tomen apuntes de la clase, hagan la tarea de la clase y luego la corrijan. Eso dice el Ministerio. Los ministerios no entienden a los colegios, los colegios no entienden a los profesores.
He visto tantos profesores llorar en mi vida, pero nunca como este año. El llanto del 2020 es más seco, como si no quedaran lágrimas de tanta frustración. El colegio demanda documentos de planificación de cada clase, con cada paso que se dará en ellas, con justificación técnica de cada objetivo (pueden ser varios por clase) y con el detalle de cada contenido (conceptual, procedimental, actitudinal). El profesor debe planificarla, prepararla junto con el material necesario (guías, ejercicios, actividades, etc.), hacer la clase, corregir errores, retroalimentar a cada alumno y mantenerlo interesado.
En cursos de a veces 45 alumnos, es lógico pensar que la tarea es titánica. Un profesor puede tener hasta 6 cursos diarios, o más. Hará 6 o más clases diarias, donde se verán nuevos contenidos todo el tiempo. Si a esto se suma la labor del profesor jefe y el contacto que debe tener con las familias -que dejan la educación de sus hijos enteramente a los colegios-, tenemos el sistema fracasado de hoy.
Solo que hoy, con la famosa educación a distancia, muchos más alumnos se sentirán pasados a llevar, muchos más dejarán de aprender, muchos de ellos sentirán que no son vistos, que no son reconocidos en sus capacidades o talentos. Muchos más alumnos este 2020 pensarán, con justa razón, que el colegio no les brinda nada significativo. Porque por medio de una pantalla -si es que cuentan con una, que eso también es un gran problema en Chile hoy- no sentirán el cariño y afecto verdadero de un profesor que los empuja a ser mejores. Es imposible igualar una conexión presencial a una digital, se sabe. Y también se sabe, que aprender es algo que ocurre necesariamente cuando yo siento que mi maestro se preocupa por mí, que yo le importo y que él quiere mi bien.
Antes, un profesor terminaba la clase y le pedía a este o aquel alumno: “puedes acercarte por favor”. El alumno iba donde el Profe y este le decía:  “hoy estuviste desconcentrado, noté que te costó un poco más la actividad, ¿ocurre alguna cosa? ¿Hay algo en lo que te pueda ayudar?”. El alumno, que respeta y conoce a su profesor, seguramente le contará alguna infidencia, le responderá alguna cosa que lo ha estado molestando y solo eso, solo esos preciosos 3 minutos de contacto cercano, harán toda la diferencia. El alumno se esforzará más mañana, porque sabe que su maestro cree en él. Hoy, ese alumno no tendrá la misma confianza para hacer eso por una pantalla. No es lo mismo. Es así como los más afectados cuando un profesor se ve agobiado, son los alumnos. Si el profesor no tiene tiempo para llamarlo y escucharlo, ese estudiante se quedará sin guía.
Profesores sin fin de semana, profesores sin suficientes horas para dormir, profesores sin tiempo para sí mismos, para atender a sus propias familias. Profesores que, por duro que suene, dedican más tiempo a sus alumnos que a sus propios hijos.
Con esta pandemia, ya hay más personas valorando esta labor docente tan sacrificada, pero ¿es bueno que el sistema colapse así? Quizás sí. Porque es el siglo 21 y llegó al hora de darle a los maestros el lugar que les corresponde, dado su valor en una sociedad. El problema serán los heridos en el camino; tanto alumnos como profesores.
Mucha gente no sabe que por 45 minutos de clases, la mayoría de los docentes en Chile gana entre $2.000 y $4.000 pesos. Sí, usted debe saberlo. A veces una clase de 1 hora y media, es pagada con $3 mil pesos. ¿Qué le parece? Un profesor que estuvo preparando el contenido de esa clases con sumo detalle y dedicación, que elaboró o eligió de algún libro la mejor actividad, y la adaptó a su grupo curso, porque cada maestro conoce a sus alumnos, que se preocupó de mantenerlos activos y motivados, que los retroalimentó, los alentó y aportó algo a sus vidas, sin mencionar que resolvió asertivamente cualquier imprevisto dado en clases, que nunca faltan (alumnos que no se comportan, alumnos atrasados, alumnos que se enferman, etc.). No resiste análisis.
Alguien no quiere que demos al Profesor su lugar. Ojalá no sea tarde, porque los mejores maestros están cansados, y su hermosa vocación del alma se está apagando. ¡Ayudemos a mantener su luz!


Categorías:Columnas

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