Amor, pareja y relaciones

Las parejas no se buscan ni se encuentran, se construyen, como toda relación humana. No se trata de salir a buscar a alguien, se trata de vivir. Fluir. O simplemente mantenerse disponibles al amor, sin estar decidiendo algo como si el amor tuviera que ser reducido a una lista de deberes.

Uno puede decidir la responsabilidad, el compromiso, la lealtad y otras muchas cosas relativas a las relaciones interpersonales, pero ¿para qué decidir el acto de amar? Podemos dejar que nazca solo. En su sentido real o profundo el amor solo nace, no sabe morir. Solo brota para siempre, como fuente inagotable, como han enseñado algunos maestros espirituales a lo largo de la historia.

Uno ama a alguien cuando busca su bienestar independiente de uno mismo, cuando queremos impulsar las alas del otro, por decirlo así. Entonces no interesa buscar o encontrar, porque eso implicaría que algo se obtiene o se tiene y el amor no se puede tener, solo se puede sentir. Los afortunados que han podido amar profundamente en sus vidas, saben la maravilla de sentirse como en un sueño, como si realmente estuviera ahí la opción de vivir el amor que soñamos de pequeños; incondicional, libre, profundo, orgánico.

Vivir nuestros sueños de amor es posible. Significa que podemos o no estar en pareja -del modo en que todos entienden aquello- pero sintiendo el amor que necesitamos. Hoy, la sociedad entiende el amor como un mandato, con parejas que no construyen su día a día, más de lo que lo destruyen. Es muy común ver relaciones de maltrato, abuso, machismo, adicciones, mentira, engaño, conveniencia, utilitarismo, dependencia, carencia, y un largo etc., muy alejadas del verdadero amor.

Cuesta, por ejemplo, conocer un matrimonio armónico, estable, tranquilo, chispeante. Una pareja feliz de ser pareja, construyendo bienestar y donde los miembros sientan que florecen en compañía del otro.

Una de las trabas que podrían considerarse, son las firmas legales relativas al amor. Los contratos sobre relaciones humanas, suelen ser bastante poco cálidos, como si los sentimientos pudieran rigidizarse de modo tal de detenerlos en el tiempo. Somos seres sintientes, y esos sentimiento se mueven, están vivos. La ley -que es todo un mundo aparte- puede sin duda establecer relaciones de otro tipo, pero le queda chica al amor. Hay quienes firmando algo se sienten más seguros, pero no hay firma que pueda mantener los sentimientos donde queremos que estén; ese trabajo no existe. No podemos pedir al amor lo que no puede hacer.

En mi caso, siendo una mujer joven, buscar relaciones con hombres llegó a ser tan recurrente y repetitivo, que pasados los 30 años, ya casi sin energía, sentía que había agotado la fórmula. De pronto, no quedaba mas de mi para otros. Decidí que lo más conveniente era tomar lo que quedaba y cuidarlo. No tenía quejas, había sido afortunada en el amor, recibiendo aquello que pensaba que quería, pero resulta que nada de eso perdura. Estaba buscando, y buscar algo que está disponible en todas partes y a todo momento, es un tanto cansador.

Desde ahí lo que hice fue hacer crecer lo que me quedaba, regar mi propia planta por decirlo de algún modo, era lo único que me llamaba. Había un camino que hacer, un pasaje inexplorado por estar siempre pendiente de otros. Necesitaba cuidar más de mí y enamorarme de esa labor nueva.

Recorrido un tiempo y con mas experiencia, llega un momento en que te sabes llena, como si fueras esa fuente inagotable de la que hablamos al comienzo. Tu estado pasa a ser el de una persona siempre dispuesta al amor, que invita a amar y que simplemente ama, sin tanto desgaste.

En ese lugar, todo lo relativo al enamoramiento o las pasiones, todo el torbellino de emociones -necesario y hermoso a su manera en cierta edad-, queda en el recuerdo de lo que tuvo que ser antes, y luego no mas. No quiere un amante maduro vivir así la etapa más adulta, donde todo lo que se hacía insostenible e insustentable antes, ahora es derechamente incompatible. Incompatible con el verdadero bienestar, el agradecimiento de estar vivos y la celebración de compartir este viaje.

Llega una etapa de orden, que antes solo estaba buscando el cauce. Una etapa para aquellos que hicieron el camino y encontraron el punto de equilibrio, habiendo ya sanado algunas heridas y quedando renovados y serenos. Quedar listos o aptos para amar, cuando amar es lo único que interesa, es una dicha indescriptible.

No se vuelve a poner otra meta jamás, porque para eso se prefiere ya no vivir. Sentir que encarnamos para ese amor fácil y sano, es suficiente. A veces se logra compartir con otro y a veces no. Amar nunca es a la fuerza, y no se debe amar a quien no este listo.

Hay algo que nadie nos enseñó: el amor se busca a sí mismo. No es un trabajo dar con el verdadero amor; es en realidad trabajo del amor. Tú no buscas, tú no encuentras, se da lo que se da, o no. Porque amar también es aceptar. 



Categorías:Columnas

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